Yerma: análisis literario

Temas, símbolos, estilo y estructura de esta tragedia de Lorca

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Yerma, de Federico García Lorca.

La tragedia Yerma, de Federico García Lorca, se estrenó por primera vez el 29 de diciembre en 1934 en el Teatro Español de Madrid y tuvo un gran éxito público y crítico. Junto con Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba, pertenece a la trilogía rural de Lorca.

Temas

La mujer estéril: Es el tema central de la obra, ya que la protagonista, Yerma, no puede tener hijos y vive en una sociedad en la que hay escasas opciones para la mujer además de la maternidad.

Una de las pocas personas que no ponen tanto valor en crear una familia es su esposo Juan, quien le dice que está feliz sin hijos y que no le importa tenerlos.

La represión de la mujer: En su conversación con la Vieja, Yerma protesta el no tener acceso a información sobre la reproducción: "Las muchachas que se crían en el campo como yo tienen cerradas todas las puertas. Todo se vuelve medias palabras, gestos, porque todas estas cosas dicen que no se pueden saber". (Acto I,  Cuadro II)

Juan la quiere encerrar en la casa y no permitirle hablar con nadie, y Yerma acepta esta represión pero con una condición: "Justo. Las mujeres dentro de sus casas. Cuando las casas no son tumbas [...] En nada te ofendo. Vivo sumisa a ti, y lo que sufro lo guardo pegado a mis carnes". (Acto II, Cuadro II)

Pero no todas las mujeres están tan conformes con ese destino, como la muchacha en el campo que dice:

Yo tengo diecinueve años y no me gusta guisar, ni lavar. Bueno, pues todo el día he de estar haciendo lo que no me gusta. ¿Para qué? ¿Qué necesidad tiene mi marido? [...] Yo te puedo decir que lo único que he aprendido en la vida: toda la gente está metida dentro de sus casas haciendo lo que no les gusta. Cuánto mejor se está en medio de la calle. Ya voy al arroyo, ya subo a tocar las campanas, ya me tomo un refresco de anís.

(Acto I, Cuadro II)

El amor: En toda la obra se hace evidente que Yerma no ama a su esposo con pasión, sino que se entrega a él sólo para procrear. Le confiesa a la Vieja que fue un matrimonio arreglado por su padre. Surge el subtema de amor frustrado con Víctor, ya que él sí despierta en ella una atracción sexual.

Dios: Yerma asiste a una romería al final de la obra con otras mujeres estériles, pero no todos los personajes de la obra creen en su existencia. Al principio, la Vieja le dice a Yerma: "Dios, no. A mí no me ha gustado nunca Dios. ¿Cuándo os vais a dar cuenta de que no existe? Son los hombres los que te tienen que amparar". (Acto I, Cuadro II)

La honra: Juan basa la honra de su familia, hasta de sus hermanas, en la conducta de su esposa. Y aunque Yerma no le ha sido infiel, los rumores amenazan esa honra. Juan le dice a sus hermanas: "Una de vosotras debía salir con ella, porque para eso estáis aquí comiendo en mi mantel y bebiendo mi vino. Mi vida está en el campo, pero mi honra está aquí. Y mi honra es también la vuestra". (Acto II, Cuadro II)

Lo irónico es que es el sentimiento de la honra que le impide a Yerma a buscar hijos en otro hombre que no sea su marido, como queda evidente cuando la Vieja le propone amancebarse con su hijo y Yerma rechaza su oferta. Y aunque se siente atraída por Víctor, no expresa ese sentimiento y se mantiene fiel a su marido.

Estilo y estructura

Es importante subrayar que Yerma es una tragedia, un género de sumo interés para Lorca.  "Hay que vovler a la tragedia", dijo el dramaturgo en una entrevista publicada en el diario madrileño Luz, el 3 de julio de 1934.

"Nos obliga a ello la tradición de nuestro teatro dramático. Tiempo habrá de hacer comedias, farsas. Mientras tanto, yo quiero dar al teatro tragedias".

Yerma se divide en tres actos, y dos cuadros por cada acto. Lorca combina magistralmente el diálogo en prosa con el verso y la incorporación de un coro le permite emplear la lírica aún más. Aproximadamente una sexta parte de la obra está escrita en verso.

Simbolismo

Uno de los recursos literarios que más emplea Lorca es el simbolismo. Para empezar, es de gran valor simbólico el nombre de la protagonista y de la obra, ya que yermo significa "terreno inhabitado".

En las canciones de las lavanderas, que incorporan referencias a la mitología clásica, imágenes visionarias y asociaciones subconscientes, abundan los símbolos sexuales.

Pero la gran mayoría de los símbolos en esta obra se refieren la fecundidad y la esterilidad.

A lo largo de la obra, la fertilidad se expresa mediante el agua corriente, la leche y la sangre. Y la infertilidad aparece en el agua estancada, la sed, tierras secas y la arena.

Algunos ejemplos:

Yerma a Juan: "A mí me gustaría que fueras al río y nadaras y que te subieras al tejado cuando la lluvia cala nuestra vivienda". (Acto 1, Cuadro I)

Yerma a María: "Cada mujer tiene sangre para cuatro o cinco hijos y cuando no los tienen se les vuelve veneno, como me va a pasar a mí". (Acto 1, Cuadro I)

Lavandera 1: "¡Ay de la casada seca! / ¡Ay de la que tiene pecho de arena!". (Acto II, Cuadro I)

Yerma a María: "Las mujeres cuando tenéis hijos no podéis pensar en las que no lo tenemos. Os quedáis frescas, ignorantes, como el que nada en agua dulce y no tiene idea de la sed". (Acto II, Cuadro II)

Yerma a la Vieja: "Y soy como un campo seco donde caben arando mil pares de bueyes y lo que tú me das es un pequeño vaso de agua de pozo. Lo mío es dolor que ya no está en las carnes". (Acto III, Cuadro III)

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