Vivir con mindfulness

mindfulness3.jpg
Hiroshi Watanabe / Getty Images

Vivir con mindfulness implica vivir el presente en cada instante, día tras día, mediante el control de tu atención, que es a su vez el mejor modo de controlar tu mente y tus emociones, sin dejarte atrapar por obsesiones, autocríticas o emociones intensas y destructivas, estando plenamente en el momento presente.

El mindfulness ayuda a tomar las riendas de uno mismo, en vez de vernos arrastrados por torbellinos de emociones o pensamientos descontrolados que no nos aportan nada bueno.

Implica decidir libremente cuándo y durante cuánto tiempo te vas a preocupar por algo o pensar en algún problema, en vez de dejar que sea tu propia mente la que lo decida, llenándote la cabeza de ideas negativas en los momentos más inoportunos (como cuando estás trabajando o pasando un buen rato con tus amigos) o viéndote atrapado por el miedo, la ansiedad, la rabia o el desconsuelo sin poder hacer nada por evitarlo.

Tal vez te ha sucedido alguna vez que tenías un fuerte dolor de cabeza (o cualquier otra molestia física igual de desagradable) y has empezado a ver una película tan interesante que te has sumergido en ella hasta el punto de olvidarte del dolor. Por supuesto, el dolor no se ha ido, pero al centrar tu atención intensamente en otra cosa, ha pasado a segundo plano. Como ves, controlar tu atención es un arma muy poderosa.

Cuando no puedes dormir porque no paras de dar vueltas a preocupaciones; cuando comienza en tu mente una autocharla de desprecio hacia ti mismo; cuando aparece en tu cabeza una y otra vez un recuerdo relacionado con una humillación, una pérdida importante, una discusión de pareja o cualquier otra cosa igual de desagradable; cuando sucede todo eso y no sabes qué hacer para salir de esa espiral autodestructiva, recurrir al mindfulness puede ser tu respuesta.

Lo que no es el mindfulnes

Por desgracia, la mayoría de la gente está más habituada a no estar en estado de mindfulness, sino todo lo contrario. Por ejemplo, ¿has entrado alguna vez en alguna habitación para coger algo y has olvidado qué era? ¿Has estado hablando con alguien pero no has escuchado nada de lo que decía?

¿No recuerdas lo que comiste ayer? ¿Has ido en coche alguna vez y al llegar te das cuenta de que no recuerdas la mitad del viaje, como si hubieras ido en piloto automático? ¿Has aparcado el coche hace un instante y no recuerdas si lo has cerrado con llave? Si has respondido que sí a algunas de estas preguntas, entonces ya sabes qué es lo contrario al mindfulness. Todo esto que comento aquí arriba son ejemplos de falta total o casi total de atención al momento presente. Tu mente está en otra parte; tal vez en el pasado, recordando agravios o malos momentos, o en el futuro, tratando de resolver las cosas malas que pueden pasar… Tu mente no está donde tú quieres tenerla, sino que está descontrolada, yendo adónde ella quiere, de un lado a otro. Este divagar de la mente puede ser algo positivo, que ayuda a fomentar la creatividad, pero no cuando el lugar al que suele ir tu mente solo sirve para hacer que te sientas mal.

Por lo general, estamos tan atrapados por nuestros pensamientos acerca de lo que ha pasado o lo que va a pasar, que apenas estamos en el presente, que es donde se desarrollan realmente nuestras vidas.

Vivir con mindfulness

Vivir con mindfulness significa estar totalmente implicado en el presente, en todo lo que haces en cada momento.

No significa que no te des cuenta de las ideas, pensamientos o recuerdos que surgen en tu mente; por supuesto que te das cuenta, pero optas por dejarlo ir y centrar tu atención en el presente o bien optas por pensar en esa idea que ha surgido en tu mente, pero lo haces voluntariamente. Esta es la gran diferencia. Al practicar el mindfulness cada día, en cada pequeña cosa que hagas, ya sea comer, leer, darte una ducha o hablar por teléfono te metes de lleno en esa experiencia y la vives plenamente en cada instante, como si no hubiera nada más en el mundo. Si haces esto habitualmente, vas adquiriendo cada vez un mayor control de tu mente. Además, el mindfulness hace que tu experiencia del día a día sea más rica y amplia. Con mindfulness, los días que parecían todos iguales empiezan a dejar de serlo, porque todo es siempre diferente si lo observas con atención.

Incluso tú eres diferente cada día y cada momento que pasa.

Los beneficios del mindfulness

Las muchas investigaciones realizadas han mostrado que el mindfulness no solo tiene beneficios emocionales sino también físicos. Por ejemplo, ayuda a manejar el dolor, reduce la presión sanguínea, alivia la ansiedad y la depresión, hace mejorar ciertas enfermedades de la piel y ayuda a dormir mejor. Las personas que lo practican habitualmente muestran menos signos de estrés, ven las situaciones complicadas como menos estresantes y más manejables y tienen menos probabilidades de evitarlas. El mindfulness ayuda a que las personas estén más relajadas pero al mismo tiempo más alertas, aumenta el número de emociones positivas que siente una persona habitualmente, así como la sensación general de bienestar emocional y social.

Al fin y al cabo, la capacidad para disfrutar de las experiencias positivas del día a día es una parte importante de la felicidad. Saber vivir plenamente el momento presente ayuda a ser más consciente de esas experiencias, disfrutarlas más y sacar el máximo partido de cada día.