Virgen del Pozo

La historia y milagros de la aparición de la Virgen del Pozo en Puerto Rico

Entrada al pozo de la Virgen en Sabana Grande Puerto Rico
Entrada al pozo de la Virgen en Sabana Grande, Puerto Rico. Dominio público

El 23 de abril de 1953, en Sabana Grande, Puerto Rico, el niño Juan Ángel Collado tuvo una experiencia que guiaría el resto de su vida. Fue el día en que vio a una hermosa joven flotando en una nube, sobre el lugar de donde brotaba un manantial.

La aparición de la joven, que en ese momento solo lo miró a los ojos sin decirle nada, se repetiría durante 33 días, culminando en un milagro presenciado por miles de personas que acudieron al lugar movidos por su fe.

 

Los tres niños

Tal vez porque los niños carecen de las inhibiciones de los adultos, o porque su inocencia les permite ver más allá de la realidad material, fueron tres niños los que vieron y escucharon a la hermosa joven aparecida. 

La historia de la Virgen del Pozo comienza de manera parecida a la de la Virgen de Fátima y cerca de un manantial como la aparición de la Virgen de Lourdes. Una hermosa mujer se le apareció a tres niños: Juan Ángel Collado, de 8 años, y las hermanas Ramonita e Isidra Belén, de 7 y 9 años respectivamente. 

Juan Ángel Collado fue el primero en ver a la joven. Antes de ver la aparición, Juan Ángel había estado con un compañero de clases sacando agua de uno de los tres manantiales cercanos a su escuela. Su maestra los había mandado a buscar agua para la escuela. Cuando su compañero comenzó a verter el agua que sacaba del pozo, el líquido comenzó a reflejar los colores del arcoiris.

El muchacho se asustó tanto que se fue corriendo. Pero Juan Ángel no pudo correr. Sus pies no le respondieron. 

Pronto notó un silencio profundo a su alrededor. Era tan raro que pensó que se había quedado sordo. Entonces vio a la joven mujer. En ese momento, dejó de sentir temor. Una paz profunda se apoderó de él.

 

Según su testimonio, cuando la vio por primera vez, la joven flotaba sobre una nube. Parecía una persona de carne y hueso, pero su piel era luminosa, como si una luz saliera desde dentro de su ser. Sobre su cabeza brillaban siete estrellas; una más grande en el centro, con tres más pequeñas a cada lado. Las estrellas parecían pequeños y brillantes soles. La joven llevaba además una túnica blanca, un manto azul, una correa, sandalias y un broche marrón. Llevaba un rosario entre las manos.

Cuando la aparición se fue, el niño regresó a la escuela. Quería compartir lo que había visto, pero no se atrevió a decírselo a su maestra. Se lo contó a sus compañero de clase.

Al otro día, a las 11 de la mañana, la misma hora del día anterior, regresó al pozo acompañado de las hermanas Ramonita e Isidra Belén. Ese día volvió a ocurrir lo mismo que el día anterior: la hermosa joven se apareció flotando en una nube. 

La tercera vez que la vieron era sábado y no había clases. Cada uno de los niños sintió un deseo muy fuerte de ir al pozo y se encontraron allá a las 11 de la mañana. Esta vez, la aparición les habló y les dijo: "No tengan miedo, soy la Virgen del Rosario".

En los días siguientes, cuenta Isidra, la Virgen los acompañó a la escuela y los educó en muchas cosas, como símbolos y otras cosas desconocidas para ellos.

 

Según Isidra: "Ella caminaba con nosotros en peregrinación y rezábamos el Rosario mientras íbamos hacia el pueblo de Sabana Grande. Así estuvo caminando por 33 días hasta el día 25 de mayo, que fue el día final que se apareció; y desde entonces no se ha aparecido más. Como en esa época éramos pequeños y no entendíamos  muchas cosas, nos enfatizaba siempre que ayudáramos a la humanidad por medio del rezo del Rosario."

​Ramonita, la más pequeña, cuenta que el cuarto día su papá las llevó al pozo a ella y a su hermana. Ese domingo había gente esperando en el lugar porque se habían enterado de la aparición de la Virgen.

Como tanta gente le hacía la misma pregunta, Ramonita le preguntó de nuevo a la joven: "¿Que quién es usted y qué desea?" La joven contestó: “Soy la Virgen del Rosario y lo que quiero es que recen por la paz del mundo y la conversión de los pecadores”.

  

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