Vida Milagrosa: No hay mal que por bien no venga

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Aunque "No hay mal que por bien no venga" es un refrán común, es difícil ver lo bueno que puede salir de lo malo. Al fin y al cabo, cuando alguien recita esas palabras casi siempre se trata de la persona que escucha el problema y no de quien lo vive. Cuando pasas por un mal momento, es muy duro recordar que los milagros existen y que es precisamente entonces cuando tu fe debe mantenerse más firme.

Hay varias maneras de sobrellevar las cosas malas hasta que la promesa de que algo bueno surgirá de ellas se cumpla. Si las practicas, serás testigo de tu propio milagro de fe:

La oración: Orar puede ser tu primer reacción en el momento en que algo malo ocurre. Pero si no lo es, haz un esfuerzo consiente por decir una oración tan pronto puedas. Escoge una oración corta u afirmación que te ayude a coartar los pensamientos malos antes de que se apoderen de tu mente. Si tienes pensamientos malos recurrentes, sustitúyelos con una oración cada vez que surjan. Esta técnica te ayudará a controlar la mente. No eliminará el sufrimiento de inmediato, pero te ayudará a sobrellevar los peores momentos. Además, pide a tu Ángel de la Guarda que te ayude. Pensar en tu ángel es tenerlo a tu lado y sentir su paz.

Abrazar el cambio: Si el problema que te hiere tiene que ver con la vida diaria o el amor, abrazar el cambio que está ocurriendo en tu vida puede ayudarte a convertir lo malo en algo bueno.

El ser humano se resiste al cambio por naturaleza, pero la mayoría de la gente que ha pasado por momentos difíciles en su vida son testigo de que después del trago amargo llega un periodo de paz, satisfacción y reconocimiento de los regalos de la situación que pareció negativa en el momento en que ocurría.

Utiliza la visualización para imaginar un proyecto, un nuevo entorno, o tu ideal de vida. 

Practicar el silencio: Cuando pasamos por momentos muy difíciles, nuestra primera reacción es el desahogo. Es una reacción sana y necesaria, pero si la dejamos extenderse por meses y meses (ya que a veces los problemas no se terminan inmediatamente) puede volverse una adicción.

La palabra es algo poderoso que puede transformar tu vida para bien o para mal. Mientras más repitas lo que piensas de un problema, más se agrandará en tu mente y en tu vida la situación que te agobia. Después de ese desahogo inicial, pon un sello a tus palabras al menos por un tiempo. Deja que tu mente y tu alma reposen y piensa en lo que quieres poner de tu energía en el mundo. Hablando de un problema continuamente solo logras envenenarte más y envenenar a los que lo escuchan. 

Como alternativa a las palabras habladas, intenta escribir en un diario tus pensamientos. Escribe sin detenerte a pensar, tal y como te llegan a la mente los pensamientos. Llora sobre esas páginas si lo necesitas. Cuando haya pasado el mal tiempo, puedes hacer un ritual para dejar ir esa situación de tu vida y quemar los papeles en los que plasmaste tu dolor.

 

Ten mucho cuidado con quien comentas tus problemas: Si piensas que tu mejor amiga nunca te traicionará o que puedes confiar plenamente en una persona cercana, vuelve a pensar. Es mejor que, si necesitas hablar, consigas ayuda profesional. Si tu problema es grave y lo pones en las manos y la mente de otras personas, corres el riesgo de que esas personas lo vean a través de sus propios prejuicios, enfermedades mentales y frustraciones. Sus consejos pueden ser más dañinos que la situación misma. Aunque sea la persona más fiel a ti, comentar tus problemas una y otra vez podría tener repercusiones negativas para la persona misma, no solo por la energía negativa que compartes, sino también por el peso de la confidencialidad. 

"Esto también pasará": Repite esta frase una y otra vez cuando la ansiedad te agobie.

Recuerda que nada dura para siempre y que los problemas están incluidos en esa declaración. Siente la energía de tu cuerpo para concentrarte y volver al momento presente. Date tiempo para procesar las cosas malas que te ocurren recordando que en el futuro "esto también se irá". 

Energías de perdón: Cuando logres pasar a la etapa del silencio y encuentres espacio en tu mente para la oración, comienza a utilizar el Ho’oponopono para enviar energías de amor y perdón a la persona o personas que te hayan herido. Todo lo que envíes te será multiplicado, especialmente el amor. 

Los milagros ocurren cuando tu mente y tu alma están en armonía con tu espíritu. Es importante que pongas tu energía en mirar al futuro, perdonar y crear una nueva realidad cuando la realidad presente se derrumba. Recuerda que mereces ser feliz y que los problemas de la vida pueden ser una oportunidad para acercarte a esa fuente de felicidad que nunca deja de fluir.