Vida en la cuarta dimensión

El estudio de dimensiones superiores especula con fantasmas

Teseracto
Concepción artística de un teseracto. Carlos Adampol Galindo

Imaginar cómo sería la vida en otras dimensiones es un continuado motivo de especulación filosófica o esotérica. Pero la existencia de otras dimensiones sí es una seria preocupación de la física y la matemática. Las teorías más avanzadas de la ciencia no serían posibles sin los conceptos de dimensiones superiores.

La existencia en otras dimensiones

Si los hubiera, los habitantes de la cuarta dimensión estarían a nuestro lado, pero en una dirección que no existe en nuestro universo.

Si pudiésemos acceder a su cosmos, veríamos al hiperser lector de cuatro dimensiones (4D), que se mueve en dos direcciones más que nosotros, por una magnitud superior. Estas dos direcciones fueron denominadas ana y kata por el matemático británico Charles Hinton (que diseñó un hipercubo, también llamado teseracto, para visualizar la cuarta dimensión), que es como decir arriba y abajo, pero en una dimensión superior.

Ladrones hiperdimensionales

Moviéndose en estas direcciones, el hiperser de un universo paralelo puede entrar en nuestras habitaciones aunque estén cerradas, vaciar una caja fuerte sin abrirla, e incluso operar nuestras vísceras sin hacer una incisión e nuestro cuerpo. Los habitantes de la cuarta dimensión estarían aquí mismo, a nuestro lado, pero en una dirección que no podemos señalar porque no existe en nuestro universo. Sin embargo, esa criatura cuatridimensional no sólo puede vernos por fuera, sino también por dentro.

Al igual que nosotros podemos ver por completo al lector 2D que se mueve por la página, cuando él sólo puede observar las líneas exteriores, un ser 4D puede vernos porque cada punto de nuestro cuerpo emite un rayo de luz en dirección ana, tanto de fuera como de dentro.

El cerebro de los delfines

Mírese el lector 3D la mano que sujeta el ratón o toca la pantalla.

Verá los contornos de la piel porque cada punto excita nuestra retina bidimensional. El cerebro con sus neuronas 2D crea una imagen 3D. Así, cada punto de nuestro cuerpo envía un rayo de luz ana a un determinado punto de la retina 3D del lector 4D, el cual es capaz de formar un modelo completo y detallado de su cuerpo, tanto por dentro como por fuera. En este sentido el proceso es semejante al sonar de los delfines, los cuales con su sentido superior pueden formar en su cerebro un modelo tridimensional, por fuera y por dentro, del ser que tienen enfrente.

Fantasmas en la cuarta dimensión

Del planteamiento teórico a la especulación creativa solo hay un paso. Que los fantasmas fueran seres de la cuarta dimensión ya fue una idea propuesta en el siglo XVII por Henry Moore en el Enchiridion Metaphysicum (enlace en inglés) donde especulaba sobre un reino hiperdimensional en el que pululaban las almas de los difuntos. Como consecuencia, para los teólogos del siglo XIX, el cielo se encontraban las dimensiones más altas de un espacio de dimensión infinita.

A lo largo de todo el siglo XIX y XX, la cuarta dimensión fue un concepto enormemente influyente en la cultura popular. Resulta muy recomendable el magnífico ensayo del físico y divulgador Michio Kaku, llamado Hiperespacio.

En él, Kaku repasa todas las grandes obras en música, literatura (Wilde, Wells, Dostoievski, Carroll) o el arte (cubismo, expresionismo, surrealismo) en que la influencia de la cuarta dimensión se hace patente.

La demostración de que existen dimensiones superiores

El soporte científico para esta popularidad comenzó con la teoría de la cuarta dimensión espacial propuesta por el matemático alemán Georg Friedrich Bernhard Riemann (1826-1866) cuando demostró frente a la geometría euclidiana tridimensional que existe un espacio multidimensional con propiedades fantásticas. La geometría de Riemann resultó fundamental para Einstein y para toda las modernas teorías de la física teórica.

La demostración de que existen crédulos

La idea de que los espíritus se mueven en dimensiones cercanas a nosotros, pero inaccesibles, es decir, en la cuarta dimensión fue sostenida con ahínco (y más pasión que ciencia) por el reputado astrónomo alemán Johann Karl Friedrich Zöllner (1834-1882), el cual escribió en 1846 el opúsculo titulado ¿Por qué el espacio tiene cuatro dimensiones?

tras una visita al inventor de los rayos catódicos, William Crookes, enormemente interesado por los fenómenos del espiritismo a través del médium americano Henry Slade.

Zöllner ideó sofisticados experimentos para demostrar la cuatridimensionalidad de los espíritus, pero éstos no respondieron como se esperaba. Al parecer los resultados tuvieron más que ver con el ilusionismo que con la extradimensionalidad.

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  • La ciencia estudia la quinta dimensión
  • El universo polidimensional
  • Hinton, el hombre que nos mostró la cuarta dimensión
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