Una vela que se apaga sola

Un experimento para comprobar que el fuego depende del oxígeno

Un vela que se apaga sola
Foto del propio autor

Las llamas están producidas por una reacción química altamente energética que produce calor. El fuego es en verdad una reacción química de oxidación, y por tanto es dependiente del oxígeno. Si producimos un fuego y lo cubrimos con un campana de cristal podremos ver cómo, poco a poco, su llama se va extinguiendo hasta desaparecer. Sin oxígeno no hay fuego.

En este experimento vamos a jugar con fuego, por lo tanto hay que ser muy precavidos.

 

Grado de dificultad: Bajo

 

Necesidades:

  • Un vela pequeña
  • Un envase de cristal grande (mayor que la vela)
  • Algo para encender la vela (mechero, encendedor, cerillos, fósforos)

 

El experimento

  1. Ponemos la vela sobre una superficie lisa, de algún material ignífugo y alejada de materiales inflamables o que se puedan prender. Encendemos la vela con un fósforo (cerillos) o un encendedor. Esperamos a que la llama de la vela esté viva.
  2. Colocamos el envase encima de la vela, como si fuera una campana, tapándola por completo.
  3. Comprobaremos cómo poco a poco la vela se va haciendo más pequeña hasta apagarse del todo. El tiempo que tarde en hacerlo dependerá del tamaño del envase.

 

Conclusión

El fuego no es otra cosa que una oxidación, una reacción química que necesita del oxígeno para su producción. Si eliminamos el oxígeno, la reacción deja de producirse.

Qué aprendemos

Después de este experimento, ya sabremos por qué soplamos o agitamos aire cuando encendemos una barbacoa o una chimenea: con ello conseguimos avivar el fuego aportándole mayor cantidad de oxígeno.

La zona que rodea las brasas va perdiendo el oxígeno por la combustión y, al remover el aire a su alrededor, volvemos a aportárselo.

Podemos repetir el experimento con un envase más grande. Veremos cómo la vela tarda mucho más tiempo en apagarse porque a su realidad existe mayor cantidad de oxígeno.

Con este experimento comprobamos que el fuego necesita oxígeno y que, sin él, desaparece. Ese es el motivo por el que las ordenanzas de seguridad exigen la presencia de puertas cortafuegos. Si dejamos que el aire deje de entrar en una estancia donde hay un incendio podemos hacer que el fuego se apague solo o que al menos, al entrar muy poco aire, el fuego avance más lentamente.

Una manera de apagar un fuego consiste en sofocarlo. Un incendio, si es pequeño, puede apagarse simplemente al taparlo con un manta ignífuga. En la extinción de fuegos causados por combustibles como los hidrocarburos, los bomberos utilizan espuma, que realmente sofocan la llama.

Una vez que nos hayamos familiarizado con el experimento, también podemos interrumpirlo a la mitad, antes de que la llama se haya apagado totalmente. Si destapamos el envase, permitiremos la entrada de oxígeno y así veremos que el fuego vuelve a avivarse y la llama se mantiene.

Consejos especiales

Atención: Este experimento no lo pueden realizar los niños. Hágase con la supervisión de un adulto.

Es importante que el envase sea mayor que la vela, pero no tanto como para que su oxígeno tarde en consumirse. Es mejor que sea alto, para que la llama no roce con la base del cristal y así el envase no se caliente.

Pese a tomar las máximas precauciones para que nada alrededor pueda prenderse siempre es recomendable tener cerca un balde de agua.