'Un cuarto propio', el ensayo feminista de Virginia Woolf

Es una defensa de la libertad creativa y económica de la mujer

Retrato de Virginia Woolf, autora de 'Un cuarto propio', en 1902
Retrato de Virginia Woolf, autora de 'Un cuarto propio', en 1902. Autor: George Charles Beresford

El ensayo breve Un cuarto propio, de la escritora británica Virginia Woolf, es una de sus obras más importantes y una de las piedras angulares del pensamiento feminista. Escrito en 1929, en pleno periodo de entreguerras, está basado en dos conferencias impartidas por la autora de Mr. Dalloway en octubre de 1928, en la Sociedad Literaria de Newnham College y en la Odtaa de Girton College, en Cambridge.

Su público de entonces eran universitarias con ambiciones literarias. Woolf les explica con precisión la historia de la novela escrita por mujeres a través de los fondos de la biblioteca del Museo Británico, pero lo más reseñable son las recomendaciones que les hace, y que trascienden de la literatura para adentrarse en puntos clave del feminismo actual: la invisibilidad de la mujer y su papel reproductivo y doméstico, la dificultad para acceder a la universidad, la segregación por sexo en la educación, las cargas familiares o los estereotipos en la novela. "Durante todos estos siglos, las mujeres han servido de espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar la figura del hombre al doble de su tamaño", señala en el capítulo 2, al revisar el legado de la escritora y periodista Rebecca West.

"Les dije suavemente que bebieran vino..."

La tesis que va desgranando Virginia Woolf a lo largo de seis capítulos y 150 páginas de Un cuarto propio es clara: la mujer necesita dinero y un espacio propio (cuarto, habitación, estudio,…), que le permita aislarse de sus tareas familiares, para así poder escribir con libertad.

Ya ha pasado a la historia una de sus citas más célebres: "Les dije suavemente que bebieran vino y que tuvieran una habitación propia". Una frase que hoy en día sigue vigente: busca tu mundo, tu espacio, tu independencia como mujer.

El libro sostiene que la carencia de este espacio y la dependencia económica, junto al interés de algunas instituciones como la iglesia o la universidad por limitar el poder femenino, dan lugar a las "poetas suprimidas".

Es decir, escritoras potenciales que no lo han sido por las circunstancias sociales y económicas de su época, a pesar de su talento y de tener muchas historias que contar. Relatos que Virginia Woolf echa en falta como lectora, ya que darían luz a todo un universo poético femenino que ha quedado escondido entre las paredes de una casa. "Se ha empobrecido incalculablemente la literatura con las puertas que le han sido cerradas a las mujeres", dice en el capítulo 5 del libro.

Reivindicar la voz femenina, acabar con el silencio

Un cuarto propio es un llamamiento a reivindicar la voz femenina y el punto de vista de nuestras madres, escrito nueve años después de que la mujer consiguiese el derecho al voto en Gran Bretaña (en 1919). Pero, 85 años más tarde, mantiene una apabullante actualidad. Es un texto pionero sobre la conciliación o las dobles jornadas, la violencia hacia la mujer, el lesbianismo o la amistad entre mujeres.
Critica abiertamente el patriarcado y profundiza en teorías existencialistas, como la necesidad de vertebrar el universo femenino y masculino de nuestro cerebro (seamos hombres o mujeres) para que nuestros escritos sean más libres, más sugestivos y más interesantes para el público lector.

"Cuando se produce esta fusión, la mente se fertiliza plenamente y usa todas sus facultades", escribe en el último capítulo.