¿Tu hijo te contesta y te reta?

Unos tips para evitar este comportamiento

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No permitas que tu hijo te grite. © Martin Applegate | Dreamstime.com

“Es la edad”, se dice cuando los hijos se vuelven contestones y rebeldes. Pero no es nada agradable recibir respuestas inapropiadas de nuestros hijos.

Si alguien en tu familia te está probando la paciencia con su actitud de desafío, tienes que ponerle el límite sin engancharte en discusiones.

Aquí hay unas sugerencias que te pueden ayudar:

  1. No lo tomes personal.

    Tu hijo está retando la autoridad que tú representas, y está viendo hasta dónde puede llegar.

    Sin embargo, su actitud negativa por lo general SÍ es resultado de su edad. Hay etapas en el desarrollo de los niños cuando declaran su independencia y sienten la necesidad de aclarar públicamente que ellos son diferentes a ti.

    La famosa edad de los “terribles dos”, cuando los niños pequeños descubren la palabra “No” y la usan hasta el cansancio es la primera etapa de rebeldía. Es normal y necesario que los chiquitos de esta edad descubran que ellos y mamá son personas distintas. Con el “no” están diciendo, “Yo no soy tú.”

    Esta afirmación de identidad distinta en toda su gloria se vuelve a dar en la adolescencia, pero siguen habiendo momentos y ocasiones cuando los niños nos reten simplemente porque quieren hacer algo diferente a lo que nosotros les estamos pidiendo.

    Entonces, no te sientas ofendido. Si te grita o te contesta mal, tu hijo no es un malagradecido quien te odia a muerte. Es alguien que necesita aprender a expresar sus opiniones y sus necesidades en una forma apropiada.

  1. No lo permitas.

    Si tú permites que tu hijo te conteste de una forma irrespetuosa, lo seguirá haciendo. Es más, si tú no le pones el alto, sus respuestas aumentarán de tono.

    En un momento neutral debes platicar con él y aclararle que el respeto es un valor no negociable en tu casa, y que tú le harás caso siempre cuando se dirija contigo con respeto.

  2. No te enganches.

    Es muy fácil entrar en discusión, refutando las cosas que tu hijo te dice. No dejes que el niño imponga el tono. Evita intercambiar apodos o reclamos.

    Si él está enojado, mantén la calma y no le contestes. Es mejor no prestarle atención que atizar el fuego y ponerte a su nivel, porque eso solamente abre la puerta a que la discusión se vuelva menos manejable.

    Dile, “no me hables así” y da la vuelta, esperando hasta que los dos estén más calmados para seguir hablando.

  3. Escucha.

    Muchas veces las respuestas inapropiadas vienen de necesidades y deseos legítimos. Si tú te esfuerzas por mantener abiertas las líneas de comunicación, entenderás que tu hijo necesita poder expresarse y continuamente le darás este espacio.

    Si tú le escuchas cuando se dirige a ti todos los días con comentarios, opiniones y anécdotas, podrá aprender a expresar sus opiniones y su inconformidad de una forma apropiada.

    Dale tiempo y espacio todos los días, con el entendimiento que fluye la comunicación siempre y cuando sea respetuosa.

  1. Checa los “signos vitales”.

    ¿Tu hijo está comiendo bien? ¿Se está desvelando demasiado?

    Puede ser contestón porque está de malas por no estar en óptimas condiciones físicas. Todos los niños necesitan alimentarse y descansar bien para poder enfrentar los retos de la vida diaria sin frustrarse ni desesperarse.

  1. Vigila los ejemplos.

    ¿Qué programas está viendo en la televisión? En la tele, muchas veces las respuestas inapropiadas se toman como chiste.

    Haz lo posible por minimizar el contacto que tiene tu hijo con malos ejemplos, ya sea en los medios o también entre sus amigos y familiares.

    Cuando está un poco más grande tendrá que tomar sus propias decisiones sin imitar la conducta inapropiada de los demás, pero no cabe duda que la constante convivencia con las respuestas groseras llega a ser una fuerte influencia.

  2. Da opciones.

    Muchas veces las actitudes desafiantes y rebeldes originan con el deseo natural que tiene el niño por controlar ciertos aspectos de su vida.

    No seas papá helicóptero, tratando de monitorear y personalmente guiar cada suspiro de tu hijo. Dale un poco de espacio para tomar sus propias decisiones en cosas pequeñas, como por ejemplo la ropa que se ponga o el lunch que coma.

    Invítalo a participar en los quehaceres de la casa, tomando un papel activo en escoger cosas del refrigerador para la cena, por ejemplo, y en preparar la comida.

    Si él tiene un rol de colaboración contigo, será menos propenso a contestarte cuando le pidas algo.