Tokio Blues (Norwegian Wood), de Haruki Murakami, reseña

la novela japonesa más cosmopolita, del autor de Hombres sin mujeres

Tokio Blues
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Haruki Murakami (en inglés) es el escritor japonés más popular, tanto dentro como fuera de su país, superando, por ejemplo, a Kawabata Yasunari (en inglés) y Kenzaburo Oe (en inglés), premios Nobel de Literatura de 1968 y 1994, respectivamente. Su novela Norwegian Wood, conocida en español con el título de Tokio Blues, vendió cerca de 5 millones de ejemplares sólo en Asia. Su crítica -ser demasiado occidental- es tal vez lo que la convierte en una obra universal.

La historia gira en torno a un joven estudiante universitario, Toru Watanabe, en el Tokio de fines de los años sesenta, y se centra en su relación con dos chicas: Naoko y Midori, así como en sus vivencias durante los dos primeros años de carrera.

El argumento de Tokio Blues (Norwegian Wood)

Luego del suicidio de Kisuki -su mejor amigo de secundaria- Watanabe viene de la provincia a estudiar en la capital, sin tener muy clara su vocación profesional. Su gusto por la lectura, especialmente de autores estadounidenses y europeos, lo lleva a matricularse en teatro, aunque sin mucho entusiasmo.

Watanabe vive en una residencia universitaria, en la que conoce a Nagasawa, un muchacho rico, inteligentísimo y encantador, que lo introduce en el mundo de los “ligues de fin de semana” (Nagasawa, que tiene novia formal, Hatsumi, alardea de haberse acostado con más de 80 mujeres).

En las siguientes páginas de Tokio Blues, Murakami nos cuenta cómo, por casualidad, Watanabe se reencuentra con Naoko, la novia de su fallecido amigo Kisuki y comienzan a verse todos los domingos durante varios meses, en los que pasean por la ciudad.

Durante el último de estos encuentros, hacen el amor y Watanabe descubre que Naoko era virgen.

A partir de entonces, la chica deja de verlo, para desesperación del protagonista, hasta que le escribe una carta donde le cuenta que se ha mudado a una residencia de reposo, en el campo. Naoko resulta ser una persona bastante frágil emocionalmente, lo que se comprende por el efecto del suicidio tanto de su anterior novio como de su propia hermana mayor.

Paralelamente, Watanabe conoce a Midori, una compañera de clase algo extravagante y extrovertida que se enamora de él y con quien termina besándose. Comienza así el conflicto del protagonista al verse enfrentado a sus sentimientos por las dos mujeres, y que forma parte esencial de Tokio Blues.

Watanabe visita durante unos días a Naoko en su idílico retiro, una institución abierta en la que los pacientes son prácticamente sus propios doctores. Allí le confiesa su amor y su voluntad de esperarla todo el tiempo que sea necesario hasta que se recupere.

Sin embargo, el estado de ella empeora, hasta que es trasladada a un hospital. Y hasta aquí podemos contar. Comentar el desenlace de la historia sería arruinarles el interés por leerla, que es justo lo contrario a lo que buscamos.

La universalidad y el simbolismo de Tokio Blues (Norwegian Wood)

De no ser por los nombres de los personajes y los lugares, el lector de Tokio Blues pudiese pensar que se trata de una novela escrita por un occidental. Sus personajes leen a Scott Fiztgerald, toman ginebra y güisqui (a raudales) y escuchan a los Beatles.

A su vez, la forma en que son narradas las tribulaciones de los protagonistas, sin sentimentalismos, con cierta indiferencia, evocan el estilo, por ejemplo, de los existencialistas franceses, precisamente de alrededor de los años sesenta (no pude dejar de pensar, mientras leía Tokio Blues, en El extranjero, de Camus o, incluso, en La náusea, de Sartre).

En definitiva, se trata de una novela universal, con cuyos personajes puede identificarse cualquier lector, ya sea japonés, estadounidense o latinoamericano. En lo personal, esta es una de las características que más aprecio en una historia.

En segundo lugar, creo que se debe resaltar que Tokio Blues está llena de simbolismos interesantes. No creo que haya sido casualidad que Murakami haya escogido como título el de la canción de los Beatles, Norwegian Woods (en inglés). Basta con repasar su letra para encontrar ciertas similitudes con la historia.

También hay semejanzas entre Watanabe y Jay Gatsby, el protagonista de la obra de Scott Fitzgerald (en inglés), una de las favoritas de Murakami. La evocación a La montaña mágica, de Thomas Mann (en inglés), en los capítulos sobre el lugar a donde se retira Naoko, también es evidente.

Todo esto sin desmerecer la historia en sí, llena de situaciones que conmueven y llaman a la reflexión.

El estilo de Haruki Murakami en Tokio Blues (Norwegian Wood)

La prosa de Murakami es impecable. Su afición por la música parece reflejarse también en sus escritos, que van llevando al lector a lo largo de la historia de forma plácida. La combinación de diálogos, descripciones y reflexiones crean una especie de sinfonía totalmente armónica.

A diferencia de otras obras, no encontré en Tokio Blues pasajes que aburrieran o que sobraran en relación con la historia que está contando. Imagino que también ayuda el hecho de que se trate de una traducción directa del japonés al español, y no una “traducción de la traducción”.

Haruki Murakami, o la diversidad de estilos

Además de varios reconocimientos en su país natal, la obra de Haruki Murakami (Kioto, 1949) ha sido galardonada en el exterior con los premios Jerusalem y el Franz Kafka, por ejemplo, precisamente por su universalidad.

Su novela más conocida y popular es Tokio Blues (Norwegian Wood), publicada en 1987. Sin embargo, esta se aparta del estilo predominante en el autor. En efecto, lo más característico del resto de sus obras es el surrealismo y los elementos oníricos, que destacan en obras más recientes como (compara precios) o la monumental (compara precios). De hecho, Franz Kafka es uno de los escritores que más han influido en su obra, según confiesa el propio Murakami.

Sus obras más recientes son la novela Los años de peregrinación del chico sin color (compara precios), publicada en 2013 y la recopilación de relatos Hombres sin mujeres (compara precios), de 2015.

Murakami es además un destacado traductor, especialmente de obras de escritores estadounidenses. Su traducción de El gran Gatsby, por ejemplo, fue todo un éxito en su Japón natal.

Durante ya varios años figura entre los favoritos a ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

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