Testimonios de dos portadores de marcapasos

Conoce las historias de Fina y de John, dos portadores de marcapasos

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© Peter Dazeley | Getty Images

Fina Vinardell es una mujer de 70 años, recién cumplidos, de carácter optimista a pesar de la adversidad, que vive agradecida a los avances de la tecnología. “No me preocupa la edad, solo estar bien y tener salud. Gracias a los adelantos que hay hoy en día estoy viva”, explica con alegría.

Hace 8 años que vive con un marcapasos. Soy muy nerviosa y de joven siempre estaba haciendo cosas y pensaban que era normal que me cansara, comenta Fina, madre de cuatro hijos.

Pero lo que no era normal era que su cansancio extremo, “tenía unas bajadas de fuerza tan fuertes, que a veces hasta me desmayaba”.

Para tratar una bradicardia

Un día Fina decidió ir al médico y le hizo una revisión en la que descubrieron que su corazón latía excesivamente lento. Tenía 31 años y le diagnosticaron una bradicardia, un tipo de arritmia que hace que el latido del corazón sea muy lento (por debajo de las 60 pulsaciones por minuto). Durante un test de Holter de 24 horas, los médicos descubrieron que la actividad del corazón de Fina era muy baja, “mi corazón casi se paraba por las noches”. Tenía un latido por debajo de las 30 pulsaciones por minuto mientras dormía.

Para regular su latido cardíaco, le implantaron un marcapasos para tratarle además otra arritmia, una fibrilación auricular. Desde entonces, Fina vive agradecida a su marcapasos, colocado en su hombro izquierdo, debajo de la clavícula.

“Cuando mi cuerpo va más despacio, el dispositivo se dispara”. El cuerpo se reactiva y, aunque también podría producir una arritmia, “te sientes más segura porque sabes que el marcapasos está ahí y te sientes protegida”, comenta Fina.

El marcapasos de John

John McLean, un escocés de 67 años que vive en Inglaterra, acaba de estrenar su marcapasos.

Siempre ha presumido de tener un corazón que latía lentamente, "los médicos siempre me han dicho que soy la envidia de los atletas olímpicos". John era un hombre sano con un historial clínico breve, que no había pisado el hospital desde hacía 60 años, cuando le extirparon las amígdalas.

Después de someterse a unas pruebas (Holter 24 horas y electrocardiograma), le detectaron que su ritmo cardíaco iba demasiado lento, y su corazón necesitaba una ayuda. Por lo que le han implantado un marcapasos. "Mi engreimiento de tener un latido cardíaco olímpico se hizo añicos, y la perspectiva de ganar unas medallas de oro desapareció", confiesa este simpático escocés.

Una intervención rápida

John dice que la intervención fue muy rápida. "La enfermera que me tomó los datos bromeó conmigo, pensaba que era John McClane, el policía de Nueva York de Jungla de Cristal interpretado por Bruce Willis", explica divertido John McLean. Entró en el quirófano a las 10:40 y las 11:30 ya tenía colocado el marcapasos. Bajo el efecto de anestesia local, le desinfectaron la zona del pecho y el cirujano, que le comentó que estaba medio retirado, le hizo una incisión para introducirle bajo la piel el aparatito. Estaba tan relajado que estuvieron hablando sobre música mientras le colocaba el marcapasos que "parece como un reloj, es más grande de lo que esperaba".

Después, el cirujano le conectó los cables y le cosió el corte. Posteriormente, le llevaron a la habitación donde estuvo conectado a unos monitores para controlar su corazón hasta el día siguiente.

John McLean está contento: “aunque mi historial médico se ha extendido considerablemente, mi latido cardíaco ha mejorado. Me siento bien, pero me duele un poco y tengo amoratada la zona de la espalda y el pecho”.

Antes de irse a casa le hicieron una radiografía de tórax y una prueba para comprobar que el marcapasos funcionaba bien. "Me han aconsejado que no levante peso, que tenga cuidado en el controles de los aeropuertos, que no haga trabajos eléctricos y que ¡no vaya a una central nuclear!”.

El marcapasos de John funciona perfectamente y tendrá su próxima revisión dentro de 6 meses.

La vida con marcapasos

Fina tiene una vida normal, aunque con unas pequeñas limitaciones. “Cada año tengo una revisión, a veces, cada seis meses para que me controlen o cambien la pila del marcapasos. Pero me encuentro bien y segura”.

Fina, al igual que John y todas las personas que llevan un marcapasos, tiene una tarjeta identificativa en la que consta que es portadora de este dispositivo. Es muy importante enseñarla, sobre todo en los puestos de control con detectores de metales en los aeropuertos, porque una alarma electrónica puede provocar una arritmia. Cuando me subo en el avión siempre evito sentarme en los asientos que tienen debajo el motor porque noto como si me saltara el corazón”, añade Fina.

Algunas personas que llevan marcapasos son muy sensibles a los cambios de presión atmosférica. “A veces estoy sentada en casa y de repente noto como mi cuerpo se altera, miro por la ventana y veo que está a punto de llover”. A Fina también le afecta el viento, y me comenta que las salas de cardiología de los hospitales se llenan porque en “los días de viento hay más arritmias”.

Otras pequeñas limitaciones son que “te aconsejan que no expongas al sol el lado donde llevas el marcapasos porque lleva una pila y cables conectados al ventrículo y puede calentarse”. Tampoco es aconsejable colgar ningún bolso ni peso en el lado del marcapasos para no dañarlo.

Pero como dice Fina, y como esperamos que le ocurra a John, “solo son pequeños inconvenientes, porque cuando te acostumbras a llevarlo, ni te enteras”.

Referencias:

Entrevista telefónica a Fina Vinardell, paciente con marcapasos.

Historia escrita por John McLean, paciente con marcapasos.