'Sufragistas', reales y peligrosas

La película de Sarah Gavron rescata la historia de la lucha por el voto femenino

Una imagen de la película 'Sufragistas'.
Una imagen de la película 'Sufragistas'.

En 2015, el mismo año en que en dos emblemáticas sagas de ciencia-ficción la joven Rey tomó los mandos del Halcón Milenario e Imperator Furiosa lideró un ejército post-apocalíptico de mujeres, se estrenó 'Sufragistas', película en la que las heroinas, reales y peligrosas, son trabajadoras comunes que defendieron su derecho a votar y ser representantes políticas.

La película de Sarah Gavron emociona al reivindicar la historia de un grupo de mujeres que se levantaron contra el sexismo y dijeron ¡Basta!, las sufragistas británicas, que llevaron a las calles las reivindicaciones de Mary Wollstonecraft o Harriet Taylor en los siglos XVIII y XIX.


La acción se sitúa a inicios del siglo XX, momento de mayor tensión de la lucha de las activistas lideradas por Emmeline Pankhurst por el voto femenino, cuando ya se había agotado la vía del diálogo, las diferencias internas amenazaban al movimiento y la confrontación con el Estado era total. "Hechos, no palabras" ("Deeds not words") era el eslógan de estas rebeldes que se defendían con una estudiada parafernalia militar de las promesas paternalistas y el cinismo de los políticos, los abusos de los empresarios, la contrapropaganda de la prensa y el rechazo de la gente de sus barrios. Las llamaban locas, las alejaban de sus hijos, les negaban el saludo por miedo, las alimentaban a la fuerza... Hechos trágicos que ocurrieron no hace tanto tiempo y que, gracias a la contención del reparto y la estética clásica que emplea Gavron, no forman parte de un melodrama fácil sino de un filme honesto sobre los derechos de al menos la mitad de la población mundial.

¿Qué como no se ha hecho antes una película así? Pues resulta increíble, como el hecho de que un país como Arabia Saudí haya esperado a 2015 para abrir tímidamente las urnas a las mujeres, tal y como se señala en el epílogo de la cinta. La historia de las mujeres permanece aún oculta tras el sesgo patriarcal de nuestros libros de texto, las películas y series con las que alimentamos nuestra memoria y espíritu, el arte y la música que nos evaden y conforman nuestros sentimientos...

Gracias a producciones como ésta se hace justicia a la verdad y, de paso, a algunas de nuestras madres y hermanas feministas. 

Leyes injustas que aún nos siguen limitando

Una de las grandes virtudes de 'Sufragistas' es su vigencia. La protagonista es Maud Watts (Carey Mulligan) una joven que, desde niña, trabaja en condiciones esclavistas en una lavandería industrial, como las operarias de las fábricas textiles que, hoy en día, cobran sueldos miserables en Bangladesh por fabricar ropa para las grandes multinacionales. Maud ha sido víctima de violencia sexual como lo son hoy en día miles de mujeres en el mundo y reivindica un salario igual al de los hombres, como ocurre en nuestros días.  Gracias a estas "delincuentes" de diferentes clases sociales, las británicas pueden votar desde 1928 (parcialmente desde 1918) dando ejemplo a otros muchos territorios que las tomaron como ejemplo. Su estrategia era clara: había que cambiar unas leyes injustas redactadas por y para los hombres.

Otra de las grandes lecciones de la película es que no edulcora ni victimiza a estas luchadoras, que emplearon la violencia en las calles (no hacia las personas, de hecho el sufragismo se considera el primer movimiento pacifista), fueron encarceladas y  perdieron a sus hijos, o, como ocurrió en el trágico episodio de Emily Davison en el derby de Epsom, incluso la vida.

Ellas, al igual que la nueva heroina de 'Star Wars', tampoco necesitaron correr al lado de un hombre que les diese la mano. Algunos las apoyaron pero la mayoría trataban de mantener la dictadura del que se cree superior y con un poder incuestionable para decidir acerca del destino ajeno.

Debería proyectarse 'Sufragistas' en todas las escuelas del mundo y explicar a los más jóvenes que el derecho al voto no es más que la punta del iceberg de todo un movimiento que va más allá que un letrero en un concierto de Beyoncé. Que sepan que el mundo está lleno de mujeres peleando para que su historia también sea contada. Y, sobre todo, que están unidas, son reales, y son peligrosas.