Sombra del paraíso

Análisis de este poemario de la posguerra de Vicente Aleixandre

Sombra del paraíso, Vicente Aleixandre
Sombra del paraíso, Vicente Aleixandre.

Si bien Vicente Aleixandre (Nobel 1977) pertenece a la generación del 27, su poemario Sombra del paraíso (1944), su primer libro tras la Guerra Civil Española, abre la época de la posguerra y comienza un giro hacia una poesía más humanizada.

Características generales:

En este poemario Aleixandre critica el mundo de la posguerra y presenta una visión pesimista del hombre, llamándolo “la criatura más penosa del universo”.

En sus versos se hallan dolor, angustia, vulnerabilidad y fragilidad.

La naturaleza cobra singular importancia y Alexiendre la imagina como un todo. No hay diferencias entre lo vegetal, lo mineral, lo humano, lo animal. De hecho, hay una infusión del hombre con la naturaleza: el hombre se convierte en piedra y la mujer, en cráter.

Para Aleixandre, el paraíso es un edén prodigioso, un lugar libre de muerte y de la huella del hombre. “Este mundo es sombra de lo que fue”, escribe. El poema presenta una visión del cosmos en su gloria, antes de la aparición del hombre, y con él, el dolor. Hay imágenes vanguardistas e irracionales, pero en el fondo es una crítica al mundo en que se vive, dado que el mundo de la posguerra no tiene nada que ver con los años 20 felices. El poeta quisiera traer el paraíso a los hombres. La exaltación de la naturaleza frente a una sociedad corrupta y falsa es una actitud de disconformidad y rebeldía, en defensa de la plena libertad del hombre.

Aleixandre ha definido esta obra como “un canto a la luz desde la conciencia de la oscuridad”.

Hay una huida de la realidad, pero no es una libro tan surrealista como sus obras anteriores, sino un claro ejemplo de su evolución hacia una poesía humanizada.

Aleixandre no tiene límites para comunicar. Emplea el versículo (verso libre), surrealismo e imágenes visionarias, y considera que no hay palabras bonitas y feas en la poesía, solo hay palabras vivas y muertas.

Se caracteriza por mayor clarificación expresiva y un tono casi elegíaco.

Poemas

“Criaturas en la aurora”

El yo poético rememora este paraíso, pero se nota que ya no se encuentra allí, sino en un mundo triste, cuando dice: “Lejos están las inmarchitas horas matinales”. Ésta es su reacción a la posguerra. Emplea muchos términos positivos: luz, generosa, mañana, naciente, desnuda, pura, inviolada, inocencia. Aquí hay un fragmento del poema:

Vosotros conocisteis la generosa luz de la inocencia.

Entre las flores silvestres recogisteis cada mañana

el último, el pálido eco de la postrer estrella.

Bebisteis ese cristalino fulgor,

que con una mano purísima

dice adiós a los hombres detrás de la fantástica

                                    presencia montañosa.


Bajo el azul naciente,

entre las luces nuevas, entre los puros céfiros primeros,

que vencían a fuerza de -candor a la noche,

amanecisteis cada día, porque cada día la túnica casi
                                     húmeda


se desgarraba virginalmente para amaros,

desnuda, pura, inviolada.

Aparecisteis entre la suavidad de las laderas,

donde la hierba apacible ha recibido eternamente el

                                      beso instantáneo de la luna.


Ojo dulce, mirada repentina para un mundo estremecido

que se siente inefable más allá de su misma apariencia.

La música de los ríos, la quietud de las alas,

esas plumas que todavía con el recuerdo del día se

                                     plegaron para el amor como para el sueño,

entonaban su quietísimo éxtasis

bajo el mágico soplo de la luz,

luna ferviente que aparecida en el cielo

parece ignorar su efímero destino transparente.

La melancólica inclinación de los montes

no significaba el arrepentimiento terreno

ante la inevitable mutación de las horas:

era más bien la tersura, la mórbida superficie del mundo

que ofrecía su curva como un seno hechizado.

Allí vivisteis. Allí cada día presenciasteis la tierra,

la luz, el calor, el sondear lentísimo

de los rayos celestes que adivinaban las formas,

que palpaban tiernamente las laderas, los valles,

los ríos con su ya casi brillante espada solar,

acero vívido que guarda aún, sin lágrimas, la amarillez

                                    tan íntima...

“Ciudad del paraíso”

Es un poema dedicado a su ciudad de Málaga, donde pasó la infancia, y recrea ese mundo. Las imágenes ya no son tan herméticas y todos los adjetivos tienen conotación positiva. También emplea adjetivos no calificativos. Aquí un fragmento:

Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.

Colgada del imponente monte, apenas detenida

en tu vertical caída a las ondas azules,

pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,

intermedia en los aires, como si una mano dichosa

te hubiera retenido, un momento de gloria, 

antes de hundirte para siempre en las olas amantes.



Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira

o brama por ti, ciudad de mis días alegres,

ciudad madre y blanquísima donde viví, y recuerdo,

angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.

Calles apenas, leves, musicales. Jardines

donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas.

Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas,

merecen el brillo de la brisa y suspenden

por un instante labios celestiales que cruzan

con destino a las islas remotísimas, mágicas,

que allá en el azul índigo, libertadas, navegan ...

“No basta”

Aleixandre expresa su tristeza por el mundo de la posguerra, su angustia existencial y nostalgia de un mundo feliz.

El cielo alto quedó como vacío.

Mi grito resonó en la oquedad sin bóveda

y se perdió, como mi pensamiento que voló deshaciéndose,
como un llanto hacia arriba, al vacío desolador, al hueco.

Sobre la tierra mi bulto cayó. Los cielos eran

sólo conciencia mía, soledad absoluta.

Un vacío de Dios sentí sobre mi carne,

y sin mirar arriba nunca, nunca hundí mi frente en la arena

y besé sólo a la tierra, a la oscura, sola,

desesperada tierra que me acogía.



Así sollocé sobre el mundo.

¿Qué luz lívida, qué espectral vacío velador,

qué ausencia de Dios sobre mi cabeza derribada

vigilaba sin límites mi cuerpo convulso?

¡Oh madre, madre, sólo en tus brazos siento

mi miseria! Sólo en tu seno martirizado por mi llanto

rindo mi bulto, sólo en ti me deshago.


Estos límites que me oprimen,

esta arcilla que de la mar naciera,


que aquí quedó en tus playas,

hija tuya, obra tuya, luz tuya,

extinguida te pide su confusión gloriosa,

te pide sólo a ti, madre inviolada,

madre mía de tinieblas calientes,
seno solo donode el vacío reina,
mi amor, mi amor, hecho ya tú, hecho tú solo.



Todavía quisiera, madre,

con mi cabeza apoyada en tu regazo,

volver mi frente hacia el cielo

y mirar hacia arriba, hacia la luz, hacia la luz pura,

y sintiendo tu calor, echado dulcemente sobre tu falda,

contemplar el azul, la esperanza risueña,

la promesa de Dios, la presentida frente amorosa.

¡Qué bien desde ti, sobre tu caliente carne robusta,
mirar las ondas puras de la divinidad bienhechora!

¡Ver la luz amanecer por oriente, y entre la aborrascada nube preñada

contemplar un instante la purísima frente divina destellar,

y esos inmensos ojos bienhechores

donde el mundo alzado quiere entero copiarse

y mecerse en un vaivén de mar, de estelar mar entero,

compendiador de estrellas, de luceros, de soles,

mientras suena la música universal, hecha ya frente pura,

radioso amor, luz bella, felicidad sin bordes!