Síntomas de un primer chakra desequilibrado

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El primer chakra es la raíz del sistema físico y energético. PaCondryx/ Getty Images

El primer chakra es la raíz del sistema y de nuestra individualidad. El buen funcionamiento de los otros centros de energía depende de éste chakra, porque es un sistema interdependiente y porque gobierna aspectos esenciales como nuestra supervivencia, nuestra estabilidad, solidez y seguridad personal. También determina nuestra relación con el cuerpo físico y con el mundo material. Cuando carecemos de estas cualidades, o nos volvemos posesivos o materialistas, son síntomas de un primer chakra desequilibrado o cerrado.

Este es el chakramás individual, aquel que más se identifica con el ego, el yo individual y material y su lugar en el grupo social. Esto es parte de nosotros, y tiene una función importante que es asegurar que estemos no solo vivos, sino protegidos, sanos, vitales y sin temor. Porque en realidad este chakra sí nos conduce a una unión muy importante: permite una integración vital con la tierra, que nos hará sentirnos con riquezas, fuerza y arraigo.

Nuestras actitudes, valores y condicionamientos tienen una influencia fundamental sobre la vida que vivimos, y que muchas veces nos vive, en lugar de elegirla. El estar conectado con las necesidades fundamentales de nuestro ser verdadero, más allá de lo que nuestro entorno familiar o social espera de nosotros o simplemente de lo que aprendimos consciente o inconscientemente que era el sentido de la existencia y nuestro papel, es la base para que el primer chakra reciba la fuerza vital primordial.

De esta conexión original, de procurarnos el “hábitat” (material, social, ambiental, emocional) y el estilo de vida que más nos favorece, es respetar esta energía primordial que tomamos de la tierra.

Insuficiencia en Muladhara chakra

Hay un sentimiento correspondiente al desequilibrio del primer chakra: el miedo.

Cuando Muladhara chakra no está lo suficientemente activo tememos por nuestro bienestar, nos apegamos a lo conocido y a lo que poseemos, nos da pánico la incertidumbre. El miedo es parte de nuestro ser instintivo, pero sólo tiene sentido cuando se trata de prevenirnos de situaciones en las que nuestra vida corre peligro; es una respuesta primitiva y arraigada en la conciencia colectiva que busca la seguridad del status quo, y la aparente garantía de una supervivencia a través de la tradición, no la vivencia plena ni la expansión. Pero la inseguridad y el cambio es la característica central de la vida, por lo cual un equilibrio en este primer chakra irá más allá de esta posición desconfiada y temerosa.

Inherente a un primer chakra débil es la sensación de escasez infundamentada o las verdaderas carencias materiales, que pueden expresarse en la ausencia de las necesidades básicas, así como una sensación de vulnerabilidad, desarraigo y desprotección. Si este chakra no está lo suficientemente abierto, esto se puede traducir en una falta de autoestima y poder personal, una falta de aliento, física y emocionalmente, en reticencia al cambio o en algunas personas, en una aceptación indiscriminada de los valores sociales a costa de su ser esencial.

La experiencia trascendente de las otras energías más espirituales requiere una raíz firme en este chakra para evitar perder la sensación de contacto con el mundo.

Desequilibrios del primer chakra

El desequilibrio en este primer chakra, por ser el más básico, genera dificultades en los chakras superiores, por lo que afectará otros aspectos de nuestras experiencias emocionales y mentales y su proyección en el mundo. Un exceso se puede representar en ambición desmedida, en acumulación de posesiones o en una mentalidad rígida, conservadora y tendiente a la estabilidad y el temor a los cambios.

El apego material, la necesidad de control, la avaricia e incapacidad para aceptar los cambios y dejar fluir están relacionadas con este primer chakra. Otro ejemplo de esto es el individuo que busca poder y seguridad a través del dinero o el uso del poder sexual.

Los viajes o un cambio de vida radical, las modificaciones en la situación económica y en el núcleo familiar y para algunas personas sencillamente la actividad mental excesiva y el agobio por las responsabilidades que impide tener un centro interior, generan desequilibrios en este chakra.

Como se relaciona con nuestra sensación de seguridad, no es coincidencia que en periodos de tensión o depresión se debilite nuestro sistema inmunológico y estemos más propensos a enfermarnos. De forma similar, la búsqueda de protección y arraigo muchas veces se traduce en aumento de peso corporal: relaciono este impulso de comer en exceso con la seguridad ontológica que creemos recuperar de la conexión con la madre. Tanto enfermarnos como comer demasiado son consecuencias de una sensación de vulnerabilidad o de falta de impulso vital.

La mentalidad colectivasobre la que vivimos en la actualidad es una exacerbación de las pulsiones del primer chakra. La creencia de que la vida es una lucha nos obliga a conectarnos con el arquetipo universal del guerrero, que en cierta medida estaría atento a protegernos y a actuar a favor nuestro. Sin embargo, esta figura está llevada al límite con actitudes de desconfianza, competencia, rabia, ira y agresividad, que serían necesarias en un estado de naturaleza para nuestra supervivencia, pero que ahora sólo hacen que vivamos en el miedo. Que estemos prevenidos, que seamos egoístas, ávidos de riqueza y poder, e inconscientes de lo que significa nuestro verdadero bienestar y el de la tierra, nuestra madre.