¿Sientes que tienes control sobre tu vida?

Si no es así, descubre aquí cómo lograrlo

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Cultura/DUEL / Getty Images

Cuando las cosas van mal, tienes problemas o las situaciones estresantes parecen sucederse una tras otra, puedes llegar a sentir que no tienes ningún control sobre tu vida y que no hay nada que puedas hacer para cambiar tu situación. Este modo de pensar puede bastar, por sí mismo, para hacerte caer en un estado depresivo en el que has perdido la esperanza y la motivación para actuar y te quedas inmóvil, como un barco a la deriva.

Es un estado que los psicólogos llamamos “indefensión aprendida”.

Las personas necesitan sentir que controlan sus vidas y que las cosas suceden por algún motivo. Pensar que el mundo (y especialmente sus propias vidas) está gobernado por el azar y el caos es una idea que resulta inaceptable para la mayoría de las personas y que suele producir una gran ansiedad y estrés.

Por lo tanto, para poder tener control, necesitamos que el mundo sea predecible hasta cierto punto. Si vives en un ambiente totalmente impredecible y caótico, te será muy difícil ejercer algún control sobre tu vida.

Hay dos aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de ejercer control:

1. Lo predecible y controlable que es el ambiente que te rodea.

2. Hasta qué punto te sientes capaz de producir cambios y confías en tu capacidad para hacerlo (autoeficacia).

El ambiente

Respecto al primer punto, el ambiente, hay cosas que realmente no puedes controlar totalmente.

Por ejemplo, si trabajas en una tienda, puedes hacer algunas cosas para atraer clientes pero no puedes hacer que cada día compren en la tienda un número determinado de personas. Por tanto, hay aspectos que controlas y aspectos que no controlas y saber diferenciar entre ellos es uno de los primeros pasos para aumentar tu sensación de control.

Al mismo tiempo, hay ambientes que son más controlables que otros y, si el ambiente en el que estás, te está robando casi todo el control, entonces puedes platearte la necesidad de cambiarlo por otro diferente. Es decir, a veces, podrás ejercer cambios en algunos aspectos de tu ambiente pero en otros casos será necesario cambiar el ambiente por completo. Por ejemplo, una persona que está en una relación de pareja abusiva tiene muy poco control sobre su vida porque la otra persona está ejerciendo un control excesivo. En este caso, el cambio total de ambiente consistiría en romper esa relación y sacar a esa persona de su vida para siempre.

Por tanto, pregúntate:

1. ¿Necesitas cambiar toda la situación (dejar una relación o un trabajo, cambiar de casa, dejar de ver a ciertas personas, romper totalmente con un hábito) o, por el contrario, necesitas cambiar solo algunos aspectos?

2. ¿Cuáles son los aspectos que puedes controlar y los que no? En general, piensa que puedes controlar tu propio comportamiento pero no el de los demás. Por supuesto, puedes ejercer influencia en los demás y hay muchas cosas que puedes hacer para lograr que los demás cambien pero si una persona no desea cambiar, no lo hará.

Por tanto, céntrate en lo que de verdad puedes controlar, lo que verdaderamente te pertenece: tu propia conducta.

Autoeficacia

Por mucho control que puedas tener sobre algo, para ejercer ese control necesitas confiar en tu propia capacidad para hacerlo. A veces, ejercer control requiere ser asertivo, hacer valer tus derechos, hablar seriamente con alguien, tener ciertas habilidades o conocimientos, etc. Si tienes un problema de falta de confianza, echa un vistazo a estos artículos:

Cuando realmente no puedes hacer nada

Cuando has hecho todo lo posible para superar una determinada situación o problema y no has logrado nada, no es raro que puedas acabar pensando que no hay nada que puedas hacer y que no tienes ningún control sobre la situación.

Sin embargo, hay dos cosas importantes que aún puedes hacer:

1. Aguantar sin hundirte. Hay situaciones que no se resuelven con facilidad, sino que llevan tiempo y esfuerzo. Situaciones así pueden generarte una gran cantidad de estrés y acabar provocándote algún problema de ansiedad o depresión (o de salud física). Por tanto, si logras evitar que esta situación te haga daño, entonces estarás ejerciendo un gran control sobre ella, incluso aunque no cambie nada. Además, estarás aprendiendo a ser más resiliente y, por tanto, sacando un gran provecho de la situación y tendrás la mente más despejada mientras esperas a que llegue el momento en que sí puedas hacer algo. Los siguientes artículos pueden ayudarte en esto:

2. Cambiar tu punto de vista o plan de acción. A veces, puede que creas que no controlas la situación pero lo que sucede es que estás tratando de controlar aspectos de ella que no puedes controlar y necesitas hacer un análisis para descubrir qué es lo que realmente puedes controlar. Puede ser, por ejemplo, que la solución que hayas encontrado para un problema no sea la más adecuada y necesitas buscar otra. O puede ser que estés intentando hacer por tu cuenta algo que solo puedes hacer con ayuda. O puede que pretendas que se solucione demasiado deprisa algo que requiere más tiempo. O que estés intentado que cambie alguien que se niega rotundamente… En resumen, busca nuevos puntos de vista y nuevos planes de acción. Si aún así sigues sin poder hacer nada, recuerda el punto uno.