Sesgos cognitivos: el sesgo de autoservicio

Los sesgos cognitivos pueden limitar tu potencial como candidato laboral

Jugador de futbol
Jugador de futbol celebra gol. Cailmages

¿Has salido de alguna entrevista, con la seguridad de que no conseguirás el empleo, aunque sabes que la culpa no ha sido tuya? 

¿Has salido alguna vez de un examen, sabiendo que lo has hecho fatal, pero porque los del examen han ido a pillar?

Pero, sin embargo, cuando conseguimos un triunfo, el mérito es siempre nuestro. ¿O no? Es la típica "me han suspendido" o "he aprobado". Casi nunca escuchamos a nadie decir, "me han aprobado" o "he suspendido".

Sin ir más allá, lo podemos escuchar todos los fines de semana, en las ruedas de prensa deportivas en todo el planeta. Excusas que justifican las derrotas, trabajo personal que avala las victorias. 

De vez en cuando, nos viene bien reevaluar nuestros pensamiento, la manera en la que pensamos, atribuimos culpas o crédito. Por eso, conviene conocer lo que los psicólogos denominan sesgos cognitivos o, en otras palabras, equivocaciones que cometemos a la hora de pensar. Entre ellas está el sesgo de autoservicio, o self-serving bias, el cual nos "autoriza" a adjudicarnos los goles mientras evitamos las faltas.

Suele hacerse patente, por ejemplo, en los cuestionarios que se presenta al público, sobre todo cuando se trata de las habilidades para conducir. ¿Has conocido a alguien alguna vez que se declare un conductor cuyas habilidades están por debajo de la media? Aparentemente, de acuerdo a las encuestas que se realizan, 9 de cada 10 conductores conduce mejor que el conductor medio.

En un cuestionario de CollegeBoard le preguntaron a 892.000 seniors de high school sobre su "habilidad para llevarse bien con otros", 0 por ciento (nadie) se autoasignó por debajo de la media, mientras que un 60 por ciento se autoasignaron en el top 10 por ciento, y y una cuarta parte de los estudiantes se autoasignó en el top 1 por ciento.

Entre los profesores universitarios, el 90 por ciento se declara superior al promedio. Y, en un ambiente familiar, cuando se le pregunta a los matrimonios sobre la contribución de cada uno a las tareas domésticas, la suma de los dos porcentajes supera el 100 por cien con creces. 

Como se puede observar, la visión personal que poseemos suele inflarse, por lo que muchas veces nos resulta incomprensible que no hayamos conseguido una entrevista de trabajo o que el ascenso se lo hayan dado a alguien que no fuéramos nosotros. ¿Cómo puede ser posible? Si nosotros  somos los mejores, o ¿no?

Cuando nos comparamos con los demás, sobre todo en cuestionarios, nos vemos por encima de la media en todo, en cuanto a la expectativa de vida, inteligencia... Como contaba Freud en su Interpretación de los Sueños, en la anécdota en la que un esposo comentaba a su mujer, "si uno de nosotros muere, me mudo a París", lo que viene a interpretarse como que estoy seguro que seré yo el que sobreviva. 

Si es verdad todo esto, ¿por qué nos juega la mente esta mala pasada? ¿Por qué nos engañamos de tal manera? La razón puede residir en que esa elevación de la autoestima funcione como mecanismo de autodefensa, que nos proteje de la depresión y el estrés, y además mantiene todas nuestras esperanzas intactas, porque la esperanza es lo último que se pierde.

 

Como todo en la vida, establecer un equilibrio saludable entre esta elevación personal y la auto denigración no es fácil. Sin embargo, el ser consciente de este sesgo cognitivo si nos puede ayudar a mantener la humildad en momentos de euforia y en sacar a relucir la responsabilidad personal cuando las cosas no salen del todo bien. Lo importante es seguir aprendiendo, avanzando, mejorando cada día un poco más. 

FuentesLa interpretación de los sueños. Sigmund Freud

Cognitive Humility. Gary Marcus. This Will Make You Smarter

So You Are Not So Smart. David McRaney.

Memory. Alan Baddeley. Michael W. Eysenck. Michael C. Anderson.