Ser feliz. Cómo aumentar tu nivel de felicidad

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La felicidad es, sobre todo, un estado mental, no solo una consecuencia de lo que tenemos o de las cosas que nos suceden en nuestras vidas.

Al ser un estado mental, podemos entrenar nuestra mente para generar ese estado con mayor frecuencia, en vez de depender de factores externos para ser felices, como sucede a menudo. Es decir, la mayoría de las personas piensan que si tuvieran un trabajo mejor, más ingresos, una relación de pareja, vivieran en otra parte o les tocara la lotería, serían más felices.

Pero lo que los estudios nos dicen es que las personas solemos tener un nivel base de felicidad al que regresamos siempre, tarde o temprano. Así, tras la alegría inicial de que te toque la lotería, cambies un mal trabajo por otro mucho mejor o incluso encuentres pareja, llega un momento en que vuelves a tu nivel habitual de felicidad. Se trata del nivel al que se ha habituado tu cerebro durante toda tu vida.

Nuestro cerebro es sumamente plástico y cambia en función de las cosas que hacemos, sentimos y pensamos habitualmente. Si, por ejemplo, comienzas a tocar el piano varias horas al día, las zonas del cerebro que usas para hacerlo aumentarán de tamaño. Si tienes problemas en tu vida y empiezas a sentir ira o ansiedad a menudo, las zonas de tu cerebro encargadas de esas emociones estarán más activas, de manera que tu propensión a sentirlas aumentará también.

Así pues, cuando, por circunstancias externas, sientes ira a menudo (o cualquier otra emoción), es como si estuvieras entrenando tu cerebro para generar ira y eso te hará ser cada vez más propenso a sentirla.

Lo mismo podemos decir de cualquier otra emoción o comportamiento, incluyendo las emociones positivas que nos hacen sentir bien, como felicidad, gratitud, compasión, etc.

Dos modos de aumentar tu nivel de felicidad

Para aumentar tu nivel de felicidad puedes hacer dos cosas:

1. Una consiste en tratar de controlar los factores externos que te ayudan a ser feliz, como disfrutar con tus amistades, disponer de ciertos bienes materiales, tener un trabajo que te guste, etc.

Todas esas cosas pueden ayudarte a ser más feliz pero no son suficientes y no servirán de nada si tu actitud mental tiende siempre hacia el pesimismo, el miedo, la preocupación o cualquier otro estado negativo. Es decir, si te has habituado a generar en tu mente estados negativos, entonces dará igual todas las cosas buenas que tengas en tu vida o te sucedan; tan solo vivirás leves momentos de felicidad para volver con rapidez a tu estado negativo habitual.

2. La segunda cosa que podemos hacer, consiste, por tanto, en generar estados mentales positivos el mayor tiempo posible a lo largo del día y todos los días hasta que las áreas de tu cerebro encargadas de producir dichas emociones sean más fuerte y estén más activas durante más tiempo, predominando en ti de manera habitual. Los monjes budistas conocen bien el efecto de esta práctica y son capaces de llegar a erradicar casi por completo las emociones negativas. Esto no significa que nunca las sientan, sino que cuando las sienten lo hacen a un nivel más leve y no se quedan “enganchados” a ellas, sino que vuelven con rapidez a su nivel habitual más sereno y feliz. Por ejemplo, una persona puede ser tratada injustamente en su trabajo y, al darse cuenta, reaccionar con enfado.

Ese enfado le motiva a buscar una solución pero no es una emoción especialmente intensa ni se mantiene durante todo el tiempo en que busca la solución. Una vez que esa emoción ha hecho su función (avisarnos de que algo va mal) deja de ser necesaria y esta persona puede decidir lo que va a hacer para solucionarlo o, si ya no tiene solución, proponerse tener más cuidado en el futuro con la persona causante del problema. Así, las emociones negativas que experimenta son de baja intensidad y, además, vuelve a su nivel habitual con facilidad y lo antes posible.

Cómo generar estos estados mentales positivos

Obviamente, el punto de partida consiste en proponérselo. A lo largo del día, hay muchas cosas que puedes hacer para sentir emociones positivas, como mostrar agradecimiento por las cosas buenas que hay en tu vida, ser amable con los demás (tener algún pequeño gesto positivo con ellos), disfrutar de las pequeñas cosas, como un café caliente una mañana fría de invierno o al mirar por la ventana y ver un hermoso día, etc.

También puedes usar tu imaginación para generar estados positivos. Por ejemplo, puedes recordar un momento especialmente feliz o pensar en alguien que te hace sentir bien o simplemente evocar emociones positivas, como la felicidad y tratar de sentirla con frecuencia.

Por el contrario, cuando veas que tu mente empieza a enredarse con emociones y estados negativos, toma nota para saber qué mensaje te están transmitiendo y luego trata de dejarlos ir y sustituirlos por estados más positivos.

Ten en cuenta que no se trata de dejar de sentir cualquier emoción negativa, pues dichas emociones nos aportan una información valiosa sobre las cosas que van mal en nuestras vidas, sino tan solo de “entrenar” las zonas de nuestros cerebros encargadas de generar emociones positivas para que estén más activas y pasar el mayor tiempo posible en un estado mental positivo. Es decir, podemos enseñar a nuestros cerebros a ser más felices si practicamos lo suficiente y los habituamos a estar en dicho estado.

Dos tipos de felicidad

La felicidad podría clasificarse en dos tipos: hedónica y eudaimónica, pero sus efectos sobre la salud no son los mismos, puesto que, si bien la felicidad eudaimónica puede mejorar la salud, la hedónica produce el efecto contrario.

La felicidad eudaimónica es aquella que está asociada con la sensación de que la vida tiene sentido y de que tienes un propósito en la vida. La felicidad hedónica, en cambio, es aquella que se obtiene a través de la autogratificación, como la compra de determinados objetos, la comida, etc.

Steven Cole, de la Universidad de California, dirigió un equipo que examinó un grupo de 80 adultos sanos para evaluar su grado de felicidad eudaimónica y hedónica y tomó muestras de sangre para conocer la expresión de un perfil genético asociado con el aumento de la inflamación y el descenso de la actividad antiviral del cuerpo.

El estudio mostró que las personas con altos niveles de felicidad eudaimónica tenían niveles bajos de inflamación y una fuerte expresión de la respuesta antiviral y genes de anticuerpos, mientras que las personas con altos niveles de felicidad hedónica mostraban el patrón contrario (altos niveles de inflamación y baja expresión antiviral/anticuerpos).

Es decir, el tipo de felicidad que experimentas ejerce una influencia en la expresión de los genes, lo cual a su vez afecta a la salud de las personas. El hecho de tener un propósito en la vida y verla como llena de sentido produce un efecto positivo en la salud, mientras que vivir la vida esperando obtener gratificaciones continuas para sentirse feliz produce un efecto negativo en la salud.

El autor del estudio destaca que, a pesar de estas diferencias, los participantes en el estudio no se sentían diferentes. Y añade: "Aparentemente, el genoma humano es mucho más sensible a los diferentes modos de alcanzar la felicidad que las mentes conscientes".

¿Es la felicidad hedónica una especie de autoengaño por el que nos sentimos felices sin obtener realmente los efectos beneficiosos de la felicidad?