Seis pasos para potenciar la intelgencia emocional de tus hijos

Ayúdalos a crecer con éxito

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El miedo es una de las primeras emociones que se aprenden. Robbie Grubbs

Desarrollar una buena inteligencia emocional es la clave para tener éxito en la vida de adulto porque la inteligencia emocional es la capacidad de conocer las emociones propias y las ajenas y actuar en consecuencia.

Aunque la inteligencia emocional comienza a desarrollarse desde la infancia más temprana, la adolescencia es el momento clave. En esa edad, los chicos y las chicas forman su ser emocional, empieza a afianzarse su socialización fuera de la familia y se establecen las bases de lo que va a ser su personalidad de adultos.

Por eso ese es el momento en el que padres y madres deben hacer un esfuerzo para que sus hijos adolescentes, incluso preadolescentes, hagan un buen desarrollo de su inteligencia emocional. Es el momento de conseguir que chicos y chicas superen sus complejos, aumenten su autoestima, se conozcan bien a sí mismos y desarrollen su empatía.

Un entorno seguro y en el que exista amor y respeto es el marco perfecto para que todo eso sea posible. Querer a los hijos adolescentes y demostrárselo es fundamental, como también lo es que existan normas que los adolescentes conozcan y comprendan.

Además hay una serie de pasos a los que los padres y madres de adolescentes deben estar atentos. Si consiguen que sus hijos pasen por ellos con éxito tendrán garantizado un buen desarrollo de su inteligencia emocional.

Cómo ayudar a los hijos a desarrollar su inteligencia emocional

  1. Reconocer en sí mismo tanto las emociones primarias. Este primer paso lo dan los chicos y las chicas durante su infancia. En sus primeros años aprenden a reconocer cuando sienten alegría, tristeza, miedo o ira. Pero en algunos casos, algunos adolescentes tienen problemas para reconocerlo convenientemente, sobre todo el miedo, la tristeza y la ira. Es bueno que los padres observen si sus hijos están entre ellos. Si cuando existe un motivo para estar triste, sus hijos adolescentes no parecen estarlo o si no son capaces de ser conscientes de ello cuando tienen un ataque de ira.
  1. Reconocer en sí mismo las emociones secundarias. La preadolescencia es el momento de aprender a reconocer las emociones secundarias: vergüenza, ansiedad y amor. Algunos adolescentes en los que la inteligencia emocional está más desarrollada son capaces de identificarlas muy rápido pero a otros les cuesta más. Un buen método para ayudarlos es hablar de ello. Cuando nosotros observemos que están sintiendo una de estas emociones podemos explicarles lo que es. Y algo fundamental en este caso es decirles que eso es algo que todos sentimos. Un buen método para que se sientan seguros es que nos ayudemos con ejemplos, y si se refieren a nosotros, sus padres, mejor aún. Podemos contarles algo que nos pasó a nosotros en nuestra adolescencia y que nos hizo sentir esas emociones. Momentos de vergüenza o de ansiedad o las primeras veces que sentimos amor. Recordando cómo nos sentíamos nosotros podemos hacer que nuestros hijos se sientan mejor.
  1. Aprender a comunicar esas emociones. La mejor forma de entender las emociones que se sienten es reflexionar sobre uno mismo y hablar sobre ello. Los chicos y chicas que son capaces de expresar lo que sienten van a tener una mejor inteligencia emocional. Aquellos que pueden reconocer sin problemas que algo les da miedo o vergüenza, que saben que están sintiendo ansiedad en un momento dado o que reconocen el amor cuando lo viven serán adultos con una capacidad mucho mayor para vivir en sociedad.
  2. Divertirse en familia. Las relaciones familiares son clave para que la inteligencia emocional se desarrolle en un sentido o en otro. Una familia que está unida, en la que sus miembros hablan entre ellos de lo que sienten o de lo que les ocurre es un entorno mucho más proclive al desarrollo de una buena inteligencia emocional. Y una fórmula perfecta para que la familia esté unida y sus miembros tengan una buena relación entre ellos es que la familia se divierta junta. Es responsabilidad de los padres buscar actividades que les gusten a todos los miembros de la familia y hacer que esas actividades sean placenteras para todos.
  3. Observar a los demás. Otra de las actividades que sirven para que los hijos desarrollen su inteligencia emocional es que aprendan a observar a los demás. Una forma de conseguir que lo hagan es hablar con ellos sobre las personas que nos rodean: sus hermanos, sus padres, sus otros familiares, sus amigos. Animarles a analizar si están bien o mal, si los ven tristes, si están felices o si parecen sentir angustia. Además hay que animar a los adolescentes a que analicen las causas de esas emociones que sienten los que los rodean y a buscar formas en las que ellos puedan ayudarles a potenciar esas emociones cuando son positivas o a superarlas cuando son negativas.
  1. Aprender a negociar. La negociación es la clave de todo. Negociar con uno mismo y con los demás es la fórmula para que la vida se desarrolle con éxito. Y cuanto antes aprendan los niños y los adolescentes el adolescente el arte de la negociación, antes empezarán a sentar las bases de un carácter sólido.