Santa Teresa de Lisieux

Vida y milagros de Santa Teresa de Lisieux, la "Pequeña Flor"

Santa Teresita de Lisieux
Santa Teresita de Lisieux. © Dominio público

La vida de Marie-Françoise Thérèse Martin, mejor conocida como Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz o, simplemente, Santa Teresita, o la "Pequeña Flor", fue corta y callada. Hizo todo lo posible para pasar desapercibida. Su espiritualidad se basó en los pequeños actos de bondad que les estaban permitidos, como monja carmelita enclaustrada. De esta manera se convirtió en una de las santas más amadas y milagrosas de la historia.

Sus milagros siguen ocurriendo hoy en día.

Nacida en Alençon, Francia el 2 de enero de 1873, y fue a vivir a Lisieux con su padre y hermanas tras la muerte de su madre. Sus padres eran muy devotos y le transmitieron su fe a sus cinco hijas, que luego se convirtieron en monjas.

Teresa era la hija más pequeña. A los 13 años, Teresa tuvo una conversión que definió su vocación y espiritualidad por el resto de su vida:

“Sentí, en una palabra, que la caridad entraba en mi corazón, la necesidad de olvidarme de mí misma para hacer felices a los demás...”

La manera de olvidarse de sí misma fue concentrarse en su pequeñez. A este tipo de espiritualidad desarrollada por ella se le llamó el “Caminito”. Teresa utilizó el vocabulario de la pequeñez para llevar una vida oculta y discreta y para expresar su esperanza de que cuanto más pequeña se sintiera ante Dios, más podría contar con él.

El “Caminito” de Santa Teresa de Lisieux llegó a convertirla en Doctora de la Iglesia Universal en 1997.

Orar por los sacerdotes

Una de las misiones específicas que encontró Teresa para su propia vida fue la necesidad de orar por los sacerdotes. Después de un viaje por Italia donde conoció y escuchó a sacerdotes en su vida normal, se dio cuenta de que algunos eran personas muy santas, pero muchos no lo eran y necesitaban de oración.

Así, durante su vida en el convento fue asignada la tarea de orar por dos distintos “hermanos” sacerdotes, para que sus misiones fueran llevadas a cabo con éxito. Estas acciones la ayudaron a desarrollar su filosofía espiritual de la pequeñez que la llevaría a la santidad.

Los milagros de Santa Teresa de Lisieux

Aunque son los testimonios personales los que hacen crecer la reputación de un santo, la canonización oficial requiere que se comprueben una serie de milagros para que una persona sea declarada santa por la Iglesia Católica.

Para su beatificación, fueron determinantes dos milagros:

  • La hermana Luisa de St. Germain de las Hijas de la Cruz, sufría de una grave úlcera hemorrágica en el estómago. Al recurrir a la intercesión de Santa Teresa de Lisieux, obtuvo salud perfecta. A petición de la Sagrada Congregación de Ritos, tres médicos unánimemente declararon que estaba sana.
  • El segundo milagro fue la curación de un joven seminarista llamado Charles Anne. Charles fue víctima de hemoptisis pulmonar. Invocó la ayuda de Santa Teresa de Lisieux y quedó perfectamente curado, según testificaron tres médicos. 

    De Charles, un médico testificó: "Los pulmones destruidos y arrasados habían sido reemplazados por nuevos pulmones, llevando a cabo sus funciones normales…" 

    Los milagros que lograron la canonización de Santa Teresa de Lisieux ocurrieron en los dos años que siguieron a la beatificación.

    • Gabrielle Trimusi de Parma, Italia había sufrido de artritis de la rodilla y lesiones tuberculosas en las vértebras.
    • La segunda curación fue la de María Pellemans de Schaerbeck, Bélgica. María sufría de tuberculosis pulmonar que se le había extendido a los intestinos, al igual que a Santa Teresita cuando estaba viva. El diagnóstico de tuberculosis pulmonar e intestinal fue hecho por el doctor Vandensteene, que también examinó María después de que ella regresó de visitar la tumba de Teresa.

      El el doctor Vandensteene testificó: "He encontrado a la señorita Pellemans literalmente transformada. Esta joven, sin aliento por el menor movimiento, se mueve sin fatiga. Ella come todo lo que se le ofrece, con un muy buen apetito. El abdomen no presenta puntos sensibles, cuando anteriormente la menor presión le producía un dolor intenso. Todos los síntomas de la úlcera tuberculosa del intestino han desaparecido".

      El 17 de mayo de 1925, Teresa fue declarada santa por el Papa Pío XI.

      Una lluvia de rosas

      Muchos de los milagros de Santa Teresita vienen acompañados de rosas, que cumplen la promesa implícita de sus palabras:

      "Después de mi muerte, haré caer una lluvia de rosas. Voy a pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra. Levantaré un poderoso ejército de pequeños santos. Mi misión es hacer que Dios sea amado..."

      Su "Caminito" se refiere a tener la confianza y el amor tierno de un niño. Ella no experimentó fenómenos extraordinarios en su vida sino que perfeccionó su fe y fue fortalecida por Dios.

      Santa Teresa murió el 30 de septiembre, pero una antigua costumbre dicta que se debe de celebrar la entrada de un alma en el cielo al día siguiente. Es por eso que el 1 de octubre es el día en que se celebra la vida y la eternidad de Santa Teresa de Lisieux.