Santa Catalina de Siena

Vida y milagros de Santa Catalina de Siena

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Estatua de Santa Catalina de Siena por Neroccio di Bartolomeo de' Landi, (1475). © Dominio público

Catalina de Siena nació el 25 de marzo de 1347 en Siena, en un tiempo en que tanto la Iglesia como la sociedad estaban en caos. Como la penúltima de veinticinco niños de una familia próspera, sus padres trataron de sofocar su fervor religioso. Esto no detuvo a Catalina.

Según su confesor y biógrafo Raimundo de Cápua OP, Catalina tuvo su primera visión de Jesucristo a la edad de cinco o seis años. Iba con su hermano camino a casa de una hermana casada cuando experimentó una visión de Cristo sentado en la Gloria con los apóstoles Pedro, Pablo y Juan.

Raimundo contó también que, a los siete años, Catalina se comprometió a dar toda su vida a Dios.

Aunque sus padres se oponían a que se convirtiera en religiosa, Catalina insistió mucho e hizo ayunos severos hasta que por fin le permitieron entrar a una orden terciaria de los Dominicos. Esto le permitía vivir en su propia casa de acuerdo a sus ideales religiosos.

Alrededor de 1368, a los veintiún años, Catalina experimentó lo que describió en sus cartas como un "matrimonio místico" con Jesús. Según Catalina, ella recibió, no el anillo de oro y joyas que su biógrafo informa en la biografía oficial, sino el anillo del prepucio de Cristo. Cristo la animó a dejar la vida retirada y entrar en la vida pública del mundo.

Cuando la peste arrasó Siena, Catalina se dedicó a la enfermería. Comenzó a ayudar a los enfermos y los pobres en hospitales o residencias. Con estas actividades atrajo a un grupo de seguidores.

En 1374, Catalina visitó Florencia y comenzó a envolverse en la política de sus tiempos. Este interés la llevó a Pisa, donde por primera vez adquirió los estigmas.

Catalina utilizó su creciente influencia para tratar de convencer al Papa, exiliado en Aviñón, de que regresara a Roma y reformara al clérigo y la administración de los estados papales.

 

Después de esto, la gente de Florencia pidió a Catalina que fuera a su ciudad. El Papa Gregorio había castigado a Florencia y a su gente no se le permitía celebrar la misa o recibir los sacramentos. Nombraron a Catalina como su embajadora ante el Papa y la enviaron a Aviñón. Aunque luego la sacaron de esta encomienda, lo que molestó bastante a Catalina, ella tuvo oportunidad de comunicarle al Papa sus ideas. A finales de 1377 o principios de 1378, Catalina volvió a viajar a Florencia, por orden de Gregorio XI, a buscar la paz entre Florencia y Roma.

Finalmente, en julio de 1378, se acordó la paz entre Florencia y Roma. Catalina regresó a Florencia.

A finales de noviembre de 1378, el nuevo Papa, Urbano VI, la llamó a Roma. En Roma, Catalina trató de convencer a los nobles y los cardenales de la legitimidad del nuevo Papa, y escribió cartas para convencer a otros.

Mientras tanto, Catalina se había acostumbrado a una rigurosa abstinencia. Recibía la Santa Comunión prácticamente a diario, aunque los clérigos no aprobaban de esta práctica. Desde el comienzo de 1380, Catalina no pudo comer ni beber agua. El 26 de febrero perdió el uso de sus piernas.

Santa Catalina murió en Roma, el 29 de abril 1380, a la edad de treinta y tres años, después de haber sufrido un derrame cerebral.

Un milagro después de la muerte de Santa Catalina de Siena

Los habitantes de Siena deseaban tener el cuerpo de Santa Catalina, pero sabiendo que no podrían sacarlo de Roma, decidieron tomar sólo la cabeza y la colocaron en una bolsa.

Cuando los guardias romanos los detuvieron, los habitantes de Siena oraron a Santa Catalina para que los ayudara. Al abrir la bolsa para mostrar su contenido a los guardias, la bolsa estaba llena de pétalos de rosa. Cuando llegaron de nuevo a Siena, sin embargo, reabrieron la bolsa y ahí estaba la cabeza de Santa Catalina una vez más. Debido a esta historia, a Santa Catalina de Siena se le ilustra con una rosa.

Su milagro más famoso es considerado un milagro eucarístico: El ayuno milagroso de Catalina de Siena.