Sancho Panza

Introducción a uno de los personajes principales de 'Don Quijote'

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Gustave Doré: Don Quijote de La Mancha y Sancho Panza, 1863.

Sancho Panza es el segundo personaje más importante de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, obra maestra de Miguel de Cervantes.

Cuando el protagonista, don Quijote decide armarse de caballero andante y emprender aventuras, le pide a su vecino Sancho Panza que sea su escudero. Sancho acepta acompañarlo con la promesa de que algún día recibirá un premio por servicios, como el de ser gobernador de su propia isla y casar a sus hijas con nobleza.

En este tiempo solicitó don Quijote a un labrador vecino suyo, hombre de bien —si es que este título se puede dar al que es pobre—, pero de muy poca sal en la mollera. En resolución, tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó de salirse con él y servirle de escudero. Decíale, entre otras cosas, don Quijote que se dispusiese a ir con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que le ganase, en quítame allá esas pajas, alguna ínsula y le dejase a él gobernador della. Con estas promesas y otras tales, Sancho Panza, que así se llamaba el labrador, dejó su mujer y hijos y asentó por escudero de su vecino. (primera parte, capítulo 7)

Sancho Panza es un hombre simple, de apetito robusto y educación escasa, pero lo que le falta en educación, le sobra en sabiduría popular, por lo que en sus diálogos con don Quijote abundan las frases hechas y refranes, aunque a veces confunde palabras y comete otros errores lingüísticos graciosos que don Quijote tiene que corregir:

—¿Adónde vas a parar, Sancho, que seas maldito?  —dijo don Quijote—. Que cuando comienzas a ensartar refranes y cuentos, no te puede esperar sino el mesmo Judas, que te lleve. Dime, animal, ¿qué sabes tú de clavos, ni de rodajas, ni de otra cosa ninguna?

—¡Oh! Pues si no me entienden —respondió Sancho—, no es maravilla que mis sentencias sean tenidas por disparates. Pero no importa: yo me entiendo, y sé que no he dicho muchas necedades en lo que he dicho, sino que vuesa merced, señor mío, siempre es friscal de mis dichos, y aun de mis hechos.

—Fiscal, has de decir —dijo don Quijote—; que no friscal, prevaricador del bueno lenguaje, que Dios te confunda. (segunda parte, capítulo 19)

Sancho es un hombre pacífico que prefiere no meterse en problemas y, mucho menos, entrar en batalla. Un ejemplo es cuando el escudero del Caballero del Espejo quiere pelear con él. Esto es lo que Sancho le responde:

Cuanto más que yo quiero que sea verdad y ordenanza expresa el pelear los escuderos en tanto que sus señores pelean; pero yo no quiero cumplirla, sino pagar la pena que estuviere puesta a los tales pacíficos escuderos, que yo aseguro que no pase de dos libras de cera, y más quiero pagar las tales libras; que sé que me costarán menos que las hilas que podré gastar en curarme la cabeza, que ya me la cuento por partida y dividida en dos partes

[...]

—¡Mirad, cuerpo de mi padre —respondió Sancho—, qué martas cebollinas o qué copos de algodón cardado pone en las talegas, para no quedar molidos los cascos y hechos alheña los huesos! Pero aunque se llenaran de capullos de seda, sepa, señor mío, que no he de pelear; peleen nuestros amos, y allá se lo hayan, y bebamos y vivamos nosotros; que el tiempo tiene cuidado de quitarnos las vidas, sin que andemos buscando apetites para que se acaben antes de llegar su sazón y término y que se caya de maduras.

(segunda parte, capítulo 14)

Mientras que don Quijote cree firmemente que sus aventuras de caballero andante pertenecen a la realidad, Sancho no siempre está tan convencido. A veces se deja llevar por las locuras de su amo y cree todo lo que dice, pero en otras ocasiones Sancho es la voz de la razón y trata de disuadir a don Quijote de cometer disparates y hacerlo ver la realidad. Por ejemplo, cuando don Quijote está a punto de arremeter contra un ejército, que en realidad es una manada de ovejas, Sancho le dice:

—¡Vuélvase vuestra merced, señor don Quijote, que voto a Dios que son carneros y ovejas las que va a embestir! ¡Vuélvase, desdichado del padre que me engendró! ¿Qué locura es ésta? Mire que no hay gigante ni caballero alguno, ni gatos, ni armas, ni escudos partidos ni enteros, ni veros azules ni endiablados. ¿Qué es lo que haces? ¡Pecador soy yo a Dios!

(primera parte, capítulo 18)

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