Riesgos de contraer sida entre mujeres

En el sexo lésbico también existe riesgo de contraer el sida.

Lazos y lacitos contra el sida
Lazos y lacitos contra el sida. IES Ben Al Jatib- Free Cultural Works Licence- http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/

Entre el colectivo lésbico, está muy extendida la creencia de que las relaciones sexuales entre mujeres no facilitan el contagio del virus del sida (VIH- AIDS). Eso se debe a que se considera que, si no existe penetración de semen en la vagina, no existe posibilidad de transmisión del virus. Esto es potencialmente incierto, como se demostró que el sida no era una enfermedad exclusivamente gay. Las relaciones sexuales entre mujeres implican muchas variantes, muchas situaciones que pueden contener el mismo riesgo al contagio que en otras conductas sexuales.

Nadie está exento de poder contraer el VIH o sida, y por eso es conveniente seguir informando, seguir previniendo y ser prudente al mantener relaciones sexuales con cualquier persona.

Cómo puede contraerse el sida en lesbianas

Uno de los factores que han provocado esa creencia de inmunidad de las lesbianas, por sus prácticas sexuales, es la poca incidencia que han hecho los estudios sobre el sida en el colectivo femenino, en general. No en vano, las mujeres fueron en el pasado año 2011 el grupo social que padeció mayor número de nuevos contagios, aunque estos remitieron en la población general respecto a otros años, según el informe del Departamento de Investigación contra el Sida de las Naciones Unidas (UNAIDS- ONUSIDA en español).

Durante décadas, se ha hecho hincapié en las campañas de métodos de protección del sida para los varones, pero se ha investigado muy poco el modo en que se contagian las mujeres.

Sin embargo, aunque comparadas con las cifras de contagio entre homosexuales varones y parejas heterosexuales sea mucho menor, las lesbianas sí corren riesgo de contraer el VIH, según sus prácticas pero, sobre todo, según cómo las practiquen.

La falta de estudios objetivos no permite verificar la cantidad de virus del sida que puede contener el flujo vaginal; sin embargo, se han dado casos de contagio en relaciones lesbianas, por medio del contacto vaginal con juguetes sexuales u otros objetos no debidamente desinfectados, heridas o microheridas abiertas o que puedan volver a sangrar, sexo anal, uñas demasiado largas, relaciones con personas adictas a las drogas o que habían mantenido sexo heterosexual y eran portadoras del virus, etc.

La única barrera de seguridad es la prevención, pero ésta se desconoce por falta de información, entre la población lesbiana. El condón vaginal es un método de protección con la fiabilidad del conocido preservativo masculino, pero mucho menos utilizado. Mantener la higiene máxima en relaciones sexuales con personas desconocidas o que pueden ser promiscuas, es también imprescindible para alejar el peligro de contraer no solo sida, sino cualquier enfermedad de trasmisión sexual (ETS).

Cambiar sida por vida

Lamentablemente, no podemos confiar nuestra salud, y nuestra vida, a la creencia de que quien acabamos de conocer y dice amarnos es una persona sana, hasta que estemos seguras de ello. El viejo eslogan no puede olvidarse. El sida sigue existiendo, a pesar de que en estos tiempos de crisis económica disminuyan las campañas al respecto, las investigaciones vean mermados sus recursos o se crea que la mayoría de la población se mantiene a salvo. El virus del sida o VIH solo necesita para transmitirse un fluido que lo conduzca (sangre, flujo vaginal, semen) y un acceso corporal a la persona receptora desde la seropositiva (heridas, mucosa vaginal, anal o bucal). La prueba del VIH, que puede conseguirse de forma gratuita en muchos centros médicos o en los departamentos sanitarios de algunas asociaciones de LGBTG, puede confirmar si una persona es seropositiva con un simple análisis.

Además, dicha prueba conviene que se repita a lo largo del año, según la vida sexual que se lleve.

No se trata de marginar a las personas seropositivas, sino de cambiar modos de conducta hacia la propia seguridad y la de otras personas que puedan estar en riesgo.

De nada sirve que reclamemos terapia antirretrovírica accesible para todos, si ponemos en peligro nuestra propia salud, exponiéndonos al contagio por trasmisión sexual. Siempre es mejor prevenir que curar, y más sencillo, por molesto que resulte.