Resumen de Don Quijote: primera parte, capítulo 40

Don Quijote. Wikimedia

Capítulo 40

"Donde se prosigue la historia del cautivo"

Don Fernando recita los dos sonetos que escribió su hermano don Pedro en la Jornada de Túnez, tras lo que el cautivo sigue con su historia.

Volvió con la armada enemiga a Constantinopla y poco después murió su amo Uchalí (Uluj Alí), el rey de Argel, quien trataba a sus cautivos con mucha humanidad. Su nuevo amo, un renegado cruel llamado Azán Agá, lo llevó a Argel, donde pasaba los días encadenado y encerrado en una prisión donde torturaban a los cristianos.

Aquí, en la historia del cautivo, aparece la metaficción cuando Cervantes incorpora sus propias experiencias vividas en las cárceles de Argel: "Sólo libro bien con él [Azán Agá] un soldado español llamado tal de Saavedra".

El cautivo cuenta que las ventanas de la casa de un moro rico daban al patio de la cárcel y un día en que estaba en el patio vio que por la celosía de la ventana había una caña con un lienzo atado al final. Alguien detrás de la ventana estaba moviendo la caña casi como si estuviera haciendo señas para que alguien cogiera el lienzo. El cautivo lo cogió y adentro encontró unas monedas de oro. Otro día, por la misma ventana apareció una pequeña cruz hecha de cañas, por lo que entendieron que una cristiana debía de estar cautiva dentro de esa casa.

Algunos días después, apareció la caña de nuevo y la mano que la sostenía detrás de la celosía sólo la soltó para el cautivo protagonista de esta historia y no para sus compañeros que también intentaron cogerla, como las veces pasadas.

Esta vez halló escudos de oro españoles y un papel con un mensaje escrito en árabe con una cruz grande al final. El cautivo le pidió a un amigo de Murcia quien entendía el árabe a que lo tradujera.

El mensaje era de una mujer mora que decía que cuando era niña, su padre tenía a una esclava cristiana que le enseñó a rezar.

Desde que se murió la esclava, ha visto su aparición dos veces y la esclava le ha dicho que vaya a tierras cristianas a ver a la Virgen María. Además decía el mensaje: "No sé yo como vaya: muchos cristianos he visto por esta ventana, y ninguno me ha parecido caballero sino tú. Yo soy muy hermosa y muchacha, y tengo muchos dineros que llevar conmigo: mira tú si puedes hacer cómo nos vamos y serás allá mi marido [...]".

El cautivo le respondió que estaría dispuesto a hacer por ella lo que fuera, hasta morir. Poco después el cautivo se enteró de que la doncella que le mandaba las notas y el dinero era Zoraida, mujer considerada la más hermosa de la Berbería y la hija única de Agi Morato, un hombre muy rico.

Zoraida le respondió que le daría dinero suficiente para que él y sus amigos comprasen su libertad y una barca para escaparse a tierras cristianas. El cautivo pagó su rescate y la de sus amigos, y le dio el dinero al renegado para comprar la barca.

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