Resumen de Don Quijote: primera parte, capítulo 35

Capítulo 35:

"Donde se da fin a la novela del Curioso impertinente"

Al comienzo del capítulo, Sancho sale todo alborotado del desván donde descansaba don Quijote e interrumpe la lectura de la novela para anunciar que su amo ha acuchillado y decapitado al gigante, enemigo de la princesa Micomicona.

Todos entran a la habitación y encuentran a don Quijote vestido con apenas una camisa y un gorro de dormir, y peleado sonámbulo, pero no con un gigante, sino con cueros de vino.

El contenido de los mismos se había derramado por todo el aposento, y como resultado, el ventero se enfada y le golpea a don Quijote, quien no se despierta hasta que el barbero le echa un caldero de agua fría.

Sancho no encuentra la cabeza del gigante ni ve la sangre que estaba en el piso, y llega a la conclusión de que la venta está encantada. El ventero trata de explicarle que no era sangre, sino el vino derramado de los cueros, pero Sancho no entra en razón y sólo puede pensar en el condado que no va a heredar si no halla la cabeza del gigante.

Don Quijote piensa que ha cumplido su promesa, se pone de rodillas ante la princesa Micomicona (Dorotea) y le dice que el gigante ya no le podrá hacer más daño. Todos se ríen menos el ventero y su mujer, quienes están enojados por todo lo que les ha costado la estadía de don Quijote y Sancho, entre los cueros de vino y la primera visita cuando rehusaron pagar el hospedaje.

Después de este episodio, el cura vuelve a la lectura de la novela del Curioso impertinente. Después de que Camila fingiese tratar de suicidarse, Anselmo cree que tiene una esposa honesta y Lotario deja de visitar a la pareja. Una noche, Anselmo oye ruidos de la habitación de Leonela, y cuando entra para ver qué pasa, el amante de la criada se escapa por la ventana.

Anselmo le amenaza a Leonela con una daga y, para salvarse de su ira, Leonela promete contarle cosas la mañana siguiente que le pueden interesar mucho. Sin imaginar que esta información podría incumbir a Camila, Anselmo le cuenta a su esposa lo acontecido, y Camila comienza a temer que Leonela le contará de su infidelidad. Tanto miedo tiene que cuando su marido se queda dormido, se escapa de la casa y va a la de Lotario para pedirle que la esconda. Lotario la deja en un monasterio y sale de la ciudad.

La mañana siguiente Anselmo se despierta y no encuentra ni a Leonela, quien se escapó por la ventana, ni a su esposa. Cuando descubre que Camila llevó sus joyas, comienza a percatarse de que Camila no es tan honesta y va en busca de Lotario para contarle lo sucedido pero tampoco está, y sus criados le dicen que salió de noche llevando todo su dinero. Al volver a su casa y descubrir que todos sus criados se han ido, cae en la cuenta de que ha perdido todo, y comienza a perder el juicio.

Anselmo se dirige al pueblo de su amigo y en el camino se encentra con un señor que le cuenta el chisme de la ciudad: que Lotario se escapó con Camila. Cansado y enfermo, cuando llega a la casa del pueblo se dirige a la habitación y se acuesta.

Unas horas después, el señor de la casa entra y encuentra a Anselmo muerto con la pluma en la mano y una hoja en la que había escrito: "Un necio e impertinente deseo me quitó la vida. Si las nuevas de mi muerte llegaren a los oídos de Camila, sepa que yo la perdono, porque no estaba ella obligada a hacer milagros, ni yo tenía necesidad de querer que ella los hiciese; y pues yo fui el fabricador de mi deshonra, no hay para que...".

Poco después, Lotario fallece en un campo de batalla, y Camila se muere en el convento. Al terminar la novela, el cura dice que le parece bien, pero poco verosímil la historia: "[...] no me puedo persuadir que esto sea verdad; si es fingido, fingió mal el autor, porque no se puede imaginar que haya marido tan necio, que quiera hacer tan costosa experiencia como Anselmo".

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