Resumen de Don Quijote: primera parte, capítulo 15

Capítulo 15:

"Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses"

Este capítulo da inicio a la tercera parte del primer libro. Aquí de nuevo Cervantes cita al historiador arábigo, atribuyéndole la autoría de la obra: "Cuenta el sabio Cide Hamete Benengeli que, así como don Quijote se despidió [...]".

Tras despedirse de todos en el entierro, don Quijote y Sancho entran al bosque en busca de Marcela.

Llegan a un prado y deciden apearse, comer y descansar un rato al lado de un arroyo. No muy lejos están más de 20 arrieros gallegos con su manada de yeguas. Rocinante se exita y corre hacia ellas, pero las yeguas no tienen ningún interés en un amorío con Rocinante y lo rechazan de la manera más violenta. Para el colmo, también le dan una paliza los arrieros.

Después de ver cómo le trataron a su caballo, don Quijote y Sancho arremeten contra los arrieros, pero son tantos que el par pierde la batalla. Los arrieros los dejan tirados y heridos en el suelo y se marchan.

Don Quijote admite que la culpa fue suya: "[...] que no había de poner mano a la espada contra hombres que no fuesen armados caballeros como yo". Entonces le dice a Sancho que la próxima vez que alguien los ofenda, que él no debe esperar a que don Quijote responda, sino que él mismo debe levantar su espada y castigar al malhechor.

En el caso de que acudan otros caballeros para ayudar al malhechor, entonces don Quijote se unirá a la batalla para defender a Sancho.

A Sancho no le gusta nada esta propuesta y le responde que es un hombre pacífico con esposa e hijos y que no va a levantar la espada contra nadie. Para convencerlo de que está equivocado don Quijote le dice que cuando tenga su isla para gobernar será necesario levantar espada para defenderla.

Siguen conversando y don Quijote le explica que estos episodios son muy comunes en la vida de un caballero andante y le asegura que: "[...]no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no le consuma".

Deciden buscar una venta (o "castillo", según nuestro protagonista) donde pasar la noche. Como Rocinante está herido, don Quijote se sube en el asno de Sancho.

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