Resumen de Don Quijote: primera parte, capítulo 13

Capítulo 13:

"Donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucesos"

La mañana siguiente don Quijote, Sancho y los cabreros emprenden camino hacia el entierro de Grisóstomo. Se encuentran con un grupo de pastores, dos hombres elegantes a caballo y tres mozos que también van al entierro, por lo que deciden acompañarse en el viaje.

Uno de los hombres a caballo que se llama Vivaldo le pregunta a don Quijote por qué anda tan armado en esas tierras tan pacíficas, a lo que nuestro protagonista le contesta que es caballero andante.

Vivaldo comienza a sospechar que ha perdido el juicio e indaga un poco más, preguntándole qué es un caballero andante.

En respuesta, don Quijote le cuenta del rey Arturo de Inglaterra y de la Mesa Redonda, así como de Amadís de Gaula y de otros caballeros legendarios. En lo que podría interpretarse como anticlericalismo, don Quijote compara los soldados y caballeros andantes con los sacerdotes:

"Quiero decir, que los religiosos, con toda paz y sosiego, piden al cielo el bien de la tierra; pero los soldados y caballeros ponemos en ejecución lo que ellos piden, defendiéndola con el valor de nuestros brazos y filos de nuestras espadas, no debajo de cubierta, sino al cielo abierto [...] Así, que somos ministros de Dios en la tierra [...] síguese que aquellos que la profesan tienen, sin duda, mayor trabajo que aquellos que en sosegada paz y reposo están rogando a Dios favorezca a los que poco pueden. No quiero yo decir, ni me pasa por el pensamiento, que es tan buen estado el de caballero andante como el del encerrado religioso; sólo quiero inferir, por lo que yo padezco, que, sin duda, es más trabajoso y más aporreado, y más hambriento y sendiento [...]."

Vivaldo le dice que le parece mal que los caballeros andantes se encomienden a una dama antes de entrar en combate en vez de a Dios. Es la costumbre, le responde don Quijote, pero que hay tiempo para encomendarse a Dios también. Vivaldo insiste en que es preferible encomendarse a Dios como buen cristiano, y que además no todos los caballeros tienen una dama.

Don Quijote no está de acuerdo y dice que un caballero sin dama es como un cielo sin estrellas. Entonces Vivaldo le pregunta quién es su dama y cuál es su linaje. Don Quijote le responde que es de los Toboso de la Mancha, un linaje moderno. A Vivaldo, quién es de los Cachopines de Laredo, no le suena este apellido.

Escuchar esta conversación les convence a todos en el grupo de que don Quijote ha perdido el juicio, salvo Sancho. Él sí cree que don Quijote es caballero andante pero duda un poco de la existencia de Dulcinea ya que el nombre no le suena y él vivía muy cerca de Toboso.

Llegan al pie de la montaña y allí están otros pastores con el cuerpo de Grisóstomo. Su amigo Ambrosio comienza a elogiar al difunto y menciona unos escritos en los que Grisóstomo habló de su amor por Marcela. El enamorado quiso que se quemaran, pero Vivaldo quiere rescatarlos como prueba de la crueldad y desdén de Marcela, y para que sirvan de ejemplo a los demás. Ambrosio asiente y le entrega algunos de estos papeles. Entre ellos está "Canción desperada", lo último que escribió Grisóstomo antes de morir, y Vivaldo decide leerlo en voz alta.

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