Reseña de Carne de neón

Pura adrenalina, humor negro y el justo toque emotivo

Mario Casas en una escena de Carne de neón, dirigida por Paco Cabezas.
Mario Casas en una escena de Carne de neón, dirigida por Paco Cabezas. Foto cortesía de: Morena Films

Título: Carne de neón
Rating MPAA: R
Año: 2010
Ventas internacionales: Rezo Films
Director: Paco Cabezas
Escritor: Paco Cabezas
Protagonistas: Mario Casas, Vicente Romero, Macarena Gómez, Ángela Molina y Darío Grandinetti

La trama

Ricky (Mario Casas) se crió en la calle desde que fue abandonado por Pura (Ángela Molina), su madre prostituta, a los 12 años de edad. Hoy, con 23 años, y ante la salida de la cárcel de Pura, Ricky decide poner en marcha el Hiroshima Club, un prostíbulo que ella pueda regentear para dejar atrás el duro pasado como prostituta.



No es fácil poner en marcha semejante proyecto, especialmente cuando Ricky no piensa en ni siquiera comentárselo a Chino (Darío Grandinetti), el capo de la prostitución en esa zona. Para ello recurre a sus amigos de la calle, unos personajes extravagantes que, a pesar de ser violentos o de pocos escrúpulos, son, en el fondo, entrañables.

Angelito (Vicente Romero), un proxeneta que se cree el ángel de la guarda de las prostitutas. El niño (Luciano Cáceres), un matón con el desarrollo mental de un adolescente, la Canija (Macarena Gómez), una prostituta arruinada por las drogas, y la Infantita (Dámaso Conde), un travesti convencido de que desciende de la realeza, cuya duda existencial es si hacerse o no una operación para cambiar de sexo.

A pesar de que su madre lo ha abandonado, Ricky luchará por recuperar su cariño, aún idílico como a los 12 años. Por ello, y por no tener nada por perder, tanto él como sus amigos se meterán en situaciones disparatadas como peligrosas, con el Chino, y con el jefe de la policía.

Y cuando Pura finalmente salga de la cárcel, vendrá la sorpresa más grande.

Los personajes y el humor

Una de las claves de esta película está en el desarrollo de sus personajes y en la forma en que son presentados. Cada uno de ellos tiene particularidades que los hacen resaltar. Parecen estereotipados, pero tienen ciertas complejidades interesantes.

No importa cuán inocentes o perversos sean, de alguna manera los queremos. Desde los principales hasta los extras, todos se dan el gusto de actuar sólidamente. Es que el guión de Paco Cabezas es sólido, sus personajes sólidos, los diálogos veloces, graciosos y crudos, cargados de doble sentido, con varios aires de Almodóvar.

Ricky hace cualquier cosa por su madre, Angelito, el peor de todos, daría su vida por su perro. El niño, asesino a sangre fría, se enamora de la forma más pura, y la Infantita, tiene amor para ella misma y todos los demás, pero nadie la ama. No saben cómo expresarlo, pero todos andan necesitados de afecto. La fórmula funciona muy bien. Y el casting también, contando con un ensemble de figuras jóvenes y actores experimentados de la talla de Ángela Molina y Darío Grandinetti.

La emoción

La acción está producida a alto nivel. La cinematografía (Daniel Aranyó), la edición (Antonio Frutos) y los efectos especiales (Gustavo Harry Farías) no tienen nada que envidiarle a las producciones hollywoodenses; la película fue filmada en Buenos Aires, Argentina, simulando locaciones de España. El ritmo y la adrenalina son constantes, recordando el estilo de las películas de Guy Ritchie (Juegos, trampas y dos armas humeantes, Snatch: cerdos y diamantes).



El lado emocional es el que la lleva a otro nivel. Generalmente en películas de este estilo, lo que los motiva a los personajes es salir de la miseria, el odio y recelo por los que están bien, o la angustia por la vida injusta que les tocó vivir. Pero en el caso de Ricky, la gran motivación es el amor a su madre. Este toque sorpresivo y el lado tierno de su banda de perdedores hacen que esta película —cargada de buena acción y humor cínico—, al menos en el cine hispano, definitivamente sobresalga en su género.