Relaciones virtuales

Las parejas que se aman sin haberse tocado jamás

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Photodisc. Getty Images
Dos personas teclean en su computadora. Están chateando o comunicándose por medio del messenger de cualquier red social, por Whatsapp o por Skype.  Hay una diminuta cámara en cada lado de la conversación que abre el diálogo visual. Se escuchan, se leen, se ven. Estas dos personas deciden, poco a poco, mostrarse al otro, se sienten atraídos y flirtean.

La intimidad se acrecienta y se desarrolla una relación sexual; la diferencia es que estas dos personas pueden estar a miles de kilómetros de distancia, no se están tocando realmente, y apenas se ven por la webcam, sin embargo, la relación puede llegar hasta el final, ser completa y satisfactoria y dejar a ambos satisfechos.

 

¿Por cuánto tiempo?

Una situación así es excitante y nueva; al principio hay tanta hambre del otro que la relación virtual es algo de lo que se echa mano a falta de otra posibilidad. Incluso es deseable si no tenemos intención de llegar muy lejos, es bastante segura (cuidado con las posibles grabaciones indiscretas) y no requiere de mucho más que el deseo y las ganas de estar ahí en ese momento. Podemos hacernos "invisibles" o cerrar la pantalla y desaparecer.

Sin embargo, cuando el sentimiento de apego se va transformando en enamoramiento, la relación virtual no satisface la necesidad de compartir y de sentir la piel del otro. Se queda pequeña, insuficiente. 

¿Para todos los gustos?

La respuesta es tan variopinta como la misma emoción y sexualidad humanas. Esta nueva variante cibernética no es del gusto de todos. Carece del elemento primordial de toda relación: el compartir el espacio y el momento, pero las comunicaciones y las maneras de comunicarse han cambiado tanto que esto no es más una verdad objetiva.

Las nuevas generaciones han crecido comunicándose con mensajes de texto, por celular o por internet. Saben crear relaciones auténticas de amistad entre pares aunque las distancias sean físicamente infranqueables. Las redes sociales son, hoy, algo cotidiano en la vida de millones de personas. No es de extrañar, entonces, que el plano sexual y afectivo sean alcanzados por las nuevas tecnologías.

Razones para el sexo virtual

Las parejas ocasionales, o no, se encuentran de este modo cuando están lejos por alguna razón. Es un modo seguro de tener sexo, en cuanto a enfermedades se refiere. Hasta podría contarse como una experiencia para ganar confianza ante lo desconocido, si algo no es del agrado, se corta la comunicación y punto.

De hecho, hay un mercado sexual virtual, a nadie le sorprende ya el chat erótico, las páginas porno web abundan y cualquiera puede colgarse una cámara y abrirla al mundo. Voyeurs, exhibicionistas, pedófilos, tímidos, curiosos, amantes, novios, negociantes... todos encuentran en internet el modo de actualizar sus actividades.

Si se le pregunta a alguien que haya practicado sexo virtual, cómo encontró la experiencia, seguramente va a responder que excitante, nueva y satisfactoria... mientras no sea esa la única manera de tener sexo.

Hay casos de adicción al sexo virtual, personas que se relacionan tan intensa y profundamente con esta modalidad sexual, que abandonan cualquier otra práctica en este campo. Nuevas patologías sexuales, por ende, asociadas con las nuevas tecnologías.

Del sexo al amor

Ya no es extraño encontrar parejas sólidas de larga data que empezaron su relación por internet.

Trabajamos online, nos comunicamos online, el mundo está globalizado y mudarnos de continente por amor ya no suena tan loco como hace cincuenta años. Si somos capaces de trasladarnos de país por un nuevo trabajo o por el gusto de cambiar... ¿cómo vamos a dejar de conocer a esa persona especial por una razón de kilómetros?

Sexo virtual, relaciones virtuales,  llegaron para quedarse. Un modo más de comunicarse, una faceta más del ser humáno que se digitaliza, como la literatura o la economía. Guste o no, cuestión de preferencias.