¿Qué hacemos ante la inminente llegada de los robots?

Robot
Humanoide. Liam Norris

Primero, una máquina, DeepBlue vence al campeón del mundo de ajedrez. Ahora, otra máquina, AlphaGo ha vencido a uno de los mejores jugadores del mundo de Go, un juego de mesa, popular en Asia,  e incluso más complicado que el ajedrez, y considerado como uno de los juegos más inaccesibles para una máquina, por el gran número de variantes de movimientos.

Pero también está Tug, el robot que trabaja en muchos hospitales, repartiendo medicinas por las habitaciones y paseándose por los pasillos como un miembro más de la plantilla.

O el robot recepcionista japonés, creado por Toshiba, que pretende sustituir a muchas de las empleados que trabajan en el lobby de los hoteles (ya hay un hotel con plantilla de robots) y que amenaza con revolucionar la industria turística. O también el robot cocinero, japonés, como no, que deleita a los dueños de restaurantes que lo "contratan", no solo por su efectividad en la cocina y a la hora de servir, sino por su puntualidad los 365 días del año. Y, lo que ha sorprendido a mucha gente recientemente... los robots han llegado a Wall Street, comenzando a realizar las tareas de analistas financieros. La sorpresa de que los robots llegue a Wall Street es porque muchas personas que los robots o máquinas sí llegarán a sustituir ciertos tipos de empleos, aquellos que se prestan a la automatización o los que se puedan percibir como de bajo nivel de conocimiento. Pero, como han demostrado estos "auto-inversores" japoneses, hasta uno de los empleos más prestigiosos en los Estados Unidos, el de inversor, para cual se requiere una capacidad analítica bastante potente, corre peligro de ser absorbido por las máquinas.

Como dicen los americanos, "what's next?"

Casi la mitad de todos los empleos actuales, según dos investigadores de Oxford, corren el riesgo de ser "absorbidos" por la tecnología. 

 

Y no solo en las publicaciones tecnólogicas o en las revistas de negocios nos encontramos con noticias sobre estos avances, que cada día se presentan con el potencial de sustituir muchos de los empleos a los que estamos acostumbrados a ver a diario, desde los cajeros en un supermercado hasta los empleados de un banco, por ejemplo.

Hasta cierto punto, se considera normal la aparición de estos robots como protagonistas de noticias en revistas como Wired, conocida por la glorificación de la tecnología, pero la conversación ha comenzado a extenderse hasta la plaza del pueblo o, lo que hoy en día son sus equivalentes, Facebook y Twitter. 

En esas redes sociales, me encuentro con cientos de mensajes a diario, en muchos casos con un malestar general, entendible,  sobre este cambio tan profundo que se comienza a notar en todos los niveles. El otro día, en Facebook, sin ir más lejos, leía un hilo de comentarios sobre personas, en España, que se negaban a acudir a negocios donde los empleos se han ido automatizando, porque, en su opinión, relegan a los humanos a un segundo plano. Más allá de unos simples comentarios, el tono de la conversación se tornaba acalorado, atacando a los empresarios por el despido de las personas afectadas, las cuales se han visto sustituidas por estos avances tecnológicos. Se hacía incluso una llamada al boicot de esos negocios que emplean estas máquinas tan invasivas. 

EL FUTURO ES AHORA
 

Si por un lado observamos la temeridad de un sector de la población, por otro lado, sin embargo, existe también un sector que  celebra esos avances, recibiéndolos con los brazos abiertos.

Obviamente, no se puede hacer una distinción tan simple de los dos grupos, como si perteneciesen a dos bandos radicales opuestos. Pese a ello, lo que sí se puede observar es una diferencia clara entre la actitud hacia al futuro de las personas que perciben la tecnología como invasión o amenaza, como ladrones de empleo, comparada con aquellos que no ven la hora de vivir en un mundo más avanzado, en el que se realicen y se hagan realidad todos esos sueños de película de ciencia ficción, como en Star Wars. 

Sin entrar en situaciones específicas, ni personales, ya que, dependiendo de las circunstancias de cada individuo, se verá el mundo de una forma u otra, en términos generales creo que la actitud ante tales avances puede traer consecuencias muy diferentes. Es decir, es normal que si tu padre o tú mismo han perdido el empleo porque la empresa ha contratado a un robot que te ha sustituido, pues es comprensible que andes con ganas de destornillar a todas esas máquinas, desarmarlas y aplastarlas con los pies, como esa famosa escena de la película Office Space, en la que los empleados de una oficina destrozan, bajo una música de fondo muy apropiada, la maldita impresora que les fastidia la vida a diario.

Ahora, si todavía no te has visto afectado por la situación de forma directa, y te preguntas cómo deberías afrontar el futuro a corto plazo, te sugiero que te enfoques en las oportunidades que se van a abrir, no en las puertas que se van a cerrar.

No cabe duda que desaparecerán millones de empleos, que las máquinas serán mucho más eficaces, fiables y baratas que los humanos para muchas tareas, pero también nos debería quedar claro que esos cambios nos brindarán nuevas oportunidades. La pregunta clave reside en qué se puede hacer, de forma individual, y como sociedad, ante la inminente llegada de estas máquinas y de lo que en consecuencia será un mercado laboral completamente diferente al que estamos acostumbrados. 

¿QUÉ PODEMOS HACER?

 

Creo que lo primero que debemos hacer es aceptar que el cambio es inevitable. Luchar contra el cambio siempre ha resultado una batalla cuesta arriba, un juego al que siempre acabamos perdiendo. Quizá algunas sociedades se logren aislar temporalmente, pero, al final, los cambios llegan paulatinamente a la mayoría de los rincones del planeta. La culpa en gran parte se la debemos a la globalización que, con todas las oportunidades que abre, también hace que los cambios nos afecten a casi todos los habitantes del planeta, de una manera más o menos intensa. No significa esto que todos los cambios sean buenos, ni todos deban ser aceptados porque sí, pero sí que resulta difícil evitar los cambios tecnológicos en estos tiempos que corren, de globalización, de interconexión global. Se podrán, seguramente, establecer reglas sobre el uso ético de algunas de estas tecnologías emergentes. Se podrán también retrasar de alguna manera la implementación en ciertos campos o industrias considerados críticos para el sustento social de una mayor parte de la sociedad. Lo que no creo que se pueda lograr es frenar la avalancha de forma permanente. 

Después de aceptar que el cambio ya está aquí, toca preguntarnos, ¿qué podemos hacer al respecto para mejorar nuestra situación?

Lo primero es evaluar las oportunidades que se pueden presentar. Comienza por analizar las tareas que se realizan en tu empresa. Cuanto más repetitivas sean, más automatizadas, más fáciles serán de reemplazar con tecnología. Si la tecnología se implementa, ¿quién va a diseñar, a administrar, a dirigir esa tecnología? Pues, por ahora, los humanos, así que busca esas posiciones en las que puedas aportar un valor humano. ¿Qué te faltan habilidades? Pues AHORA es el momento ideal para adquirirlas. Con la cantidad de cursos gratis online disponibles, casi cualquier persona en el mundo que disponga de conexión a internet puede avanzar sus conocimientos, adquirir competencias que le permitan mantenerse un paso por delante. 

 

¿Y LOS DEMÁS?

 

En cada sociedad, si estos cambios se producen de una forma acelerada, existirán muchas personas que no serán capaces de adaptarse a los nuevos tiempos, algunos por miedo, otros por incapacidad, e incluso muchos por ideología. Lo cierto es que no se debería marginar a esa parte de la sociedad. Existirán, entre el grupo de los que se han adaptado, los que creen un plan para asistir a estas personas, ya sea, como se comienza a sugerir en algunos círculos, con una renta universal o con programas de asistencia educativa para su integración en la nueva realidad. 

Espero que seas uno de los que lleve la iniciativa en este futuro lleno de incertidumbre y de oportunidades, lleno de movimientos sociales, de desplazamientos laborales, de avances tecnológicos y de desafíos a las normas establecidas. Nos podemos quejar, intentar bloquear los cambios, encerrándonos en las trincheras. Pero el cambio nos arrasará, se expanderá como tsunami, nos arrastrará a un lugar nuevo para el que, seguramente, no estaremos preparados. Por otro lado, podemos   atrevernos, mirar al futuro a los ojos, evaluar posibilidades y movernos con firmeza y convicción. 

Da el primer paso hacia adelante y toma el control desde ya. La diosa Fortuna suele premiar más a los atrevidos que a los escondidos. Mucha suerte. 

Fuentes:

El mundo que viene, Juan Martinez-Barea

The Shift: The future of work is already here