¿Qué es un psicópata? El trastorno antisocial de la personalidad

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Psicópata o sociópata es el nombre que se usa habitualmente para referirse a una persona que padece un trastorno antisocial de la personalidad.

Es un trastorno que suele comenzar en la infancia o la adolescencia, aunque no se diagnostica como tal hasta que la persona tiene 18 años (en los niños se suele diagnosticar un trastorno de conducta) y se caracteriza por un patrón de comportamiento en el que se ignoran y se trasgreden de manera habitual los derechos de los demás.

Se da en el 3% de los hombres y el 1% de las mujeres.

Son individuos que viven en el presente y tratan de conseguir cualquier cosa que deseen en cada momento, sin importarles que eso implique cometer un delito o hacer daño a alguien para lograrlo. No necesariamente disfrutan haciendo daño a los demás, como sucede con los sádicos, sino que no les importa hacerles daño si de ese modo consiguen lo que desean.

No tienen sentimientos de culpa, no sienten remordimiento ni se arrepienten de nada de lo que hacen. No son capaces de sentir un amor real hacia los demás ni experimentar un sentimiento de intimidad y conexión con otros. A menudo tienen también una sensación subjetiva de malestar emocional, con tensión, depresión, incapacidad para tolerar el aburrimiento, sensación de ser una víctima o conducta suicida. Son fríos, cínicos e indiferentes al sufrimiento o sentimientos de los demás. No es raro que se sientan superiores a los demás y sean arrogantes y con una excesiva confianza en sí mismos.

Mienten con facilidad, son manipuladores y pueden aprender a ser encantadores si con eso consiguen lo que desean.

Síntomas

La gravedad de los síntomas puede variar de una persona a otra, de manera que algunos solo muestran un comportamiento antisocial leve mientras que otras personas muestran estas características en un alto grado.

Aún así, los síntomas suelen ir disminuyendo con la edad, siendo más bajos cuando llegan a los 40 o 50 años de edad.

  • No se atienen a las normas sociales y suelen infringirlas con facilidad, por lo que no es raro que sean arrestados o acaben en prisión.
  • Mienten, engañan y manipulan a los demás si es necesario para conseguir sus propósitos.
  • Son impulsivos, viven en el presente y quieren satisfacer sus deseos de inmediato.
  • Son irritables y agresivos y no es raro que se metan en peleas con frecuencia. Aunque se enfadan con facilidad también olvidan con facilidad, pues viven en el presente.
  • Son irresponsables, con problemas para mantener un trabajo mucho tiempo, no suelen cumplir con sus obligaciones, o pueden dejar deudas sin pagar, ya que no les importan las consecuencias negativas que pueda tener su conducta. No les importa el futuro.
  • No les preocupa especialmente ni su seguridad ni la de los demás, de modo que se ven envueltos en conductas de riesgo o recurren a las drogas o exceso de alcohol.
  • No sienten culpa ni remordimiento.

El psicópata "sofisticado"

No todas las personas con trastorno antisocial de la personalidad son violentas o cometen actos delictivos. Sobre todo los más inteligentes y más capaces de controlar sus impulsos pueden aprender a seguir las normas sociales para evitar problemas o porque así les resulta más fácil conseguir sus propósitos, de manera que no tendrán un comportamiento diferente al de la mayoría de las personas, pero seguirán sin tener ninguna empatía por los demás, ni les importarán sus sentimientos, ni sentirán culpa o remordimiento.

Simplemente han observado que en la vida les va mejor cuando se atienen a las normas sociales que cuando las quebrantan sistemáticamente.

Tratamiento

Los rasgos que caracterizan este trastorno están en desarrollo durante la adolescencia, de modo que es el mejor momento para intervenir mediante un tratamiento adecuado que cambie el curso del desarrollo. En los adultos, un tratamiento intensivo puede también ayudar a reducir los síntomas antisociales, como están demostrando las investigaciones más recientes, a pesar de que en el pasado se pensaba que era imposible tratar a estas personas.

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El sadismo a nuestro alrededor

Cuando hablamos de sadismo, la mayoría de las personas lo vemos como algo tan lejano e increíble que parece que solo puede suceder en el cine o en la literatura. Queremos creer que si alguien hace daño a los demás se debe a algún motivo como la venganza, el dinero, el miedo, los celos, la locura… No obstante, unos investigadores han mostrado que los sádicos existen y están a nuestro alrededor.

El sádico es aquél que disfruta causando sufrimiento (e incluso matando) a los demás, ya sean personas o animales, encontrando placentero y excitante el hecho de infligir daño a inocentes, sin otro motivo que el de disfrutar haciéndolo. Es decir, no les arrastra ninguna otra motivación como la venganza o la obtención de dinero, y en sus vidas diarias buscan oportunidades para satisfacer estas tendencias.

Los investigadores Erin Buckels y Delroy Paulhus de la Universidad de British Columbia y Daniel Jones de la Universidad de Texas, se propusieron estudiar este lado oscuro de la humanidad, algo que, por supuesto, no resulta fácil de hacer, por lo que necesitaron cierto ingenio y algún que otro engaño a los participantes. (Su trabajo fue publicado en la revista Psychological Science).

Dijeron a los voluntarios del estudio que pretendían estudiar la personalidad y las preferencias laborales y les pidieron que eligieran una entre varias tareas que simulaban trabajos desagradables.

Por ejemplo, si les gustaba trabajar en el frío, podían elegir una tarea que implicaba soportar el frío del agua helada. Si preferían el trabajo de limpieza, podían elegir limpiar un retrete sucio. O si preferían trabajar como exterminadores, podían elegir aplastar insectos.

La máquina de matar

Los investigadores estaban especialmente interesados en los que eligieron el trabajo de exterminador y, para estudiarlos con más detalle, inventaron una “máquina de matar” que, en realidad, no era más que un molinillo de café modificado para producir un sonido particular que imitaría el de la destrucción del insecto.

Les dieron tres tazas, cada una con un insecto del tamaño de una píldora con un nombre: Muffin, Ike y Tootsie, con la idea de humanizar a los insectos. El trabajo de los voluntarios consistía en introducir a Muffin, Ike y Tootsie en la máquina de matar y ponerla en funcionamiento para aplastarlos. En realidad, no se causó ningún daño a los insectos, pero eso no lo sabían los participantes.

Los investigadores midieron el número de insectos que “mataban” los participantes y el placer que obtenían al hacerlo. Además, antes de la realización de la tarea, los participantes habían respondido a varios cuestionarios para medir sus tendencias sádicas, su sensibilidad ante las cosas que suelen dar asco y rasgos negativos de la personalidad como psicopatía, narcisismo y maquiavelismo. Pretendían saber si aquellos con personalidades sádicas elegían realizar la tarea más cruel de las disponibles y si eran los que obtenían el mayor placer matando. Y así fue. Aquellos que puntuaban más alto en sadismo, elegían la tarea de aplastar insectos, sin que esto guardara ninguna relación con sus puntuaciones en psicopatía, maquiavelismo o narcisismo. Tampoco tenían una mayor tolerancia al asco que pudiera explicar su elección.

En cuanto a sus emociones, los sádicos parecían obtener un mayor placer cuando elegían la tarea de exterminador que si no la elegían, pero no experimentaban más emociones positivas que los no sádicos, lo que sugiere que, en general, estas personas experimentan una falta de emociones.

Psicópatas, narcisistas y maquiavélicos. ¿Qué los diferencia de los sádicos?

Los psicópatas se diferencian de los sádicos en que, aunque un psicópata no tiene ningún inconveniente en causar daño a los demás y no siente remordimiento tras hacerlo, no necesariamente obtiene placer con ello, sino que lo hace porque lo considera el modo más rápido y fácil de obtener lo que desea en cada momento y además se mueve de maneara impulsiva. Los narcisistas hacen daño a los demás cuando se sienten amenazados o su orgullo está herido.

Los maquiavélicos son calculadores que solo causan daño a los demás si las ventajas de hacerlo superan claramente a las desventajas y están bastante seguros de no ser castigados.

Los sádicos, por el contrario, son los únicos que se implicarían en un acto de crueldad aunque no obtengan ningún beneficio (más que el placer de hacer daño) y tengan que trabajar y esforzarse para poder causar daño.

Para probar esto, los investigadores idearon otro experimento. Los voluntarios respondieron a los mismos cuestionarios y luego empezaron a jugar a un juego de ordenador en el que creían estar compitiendo contra otro voluntario que estaba en otra habitación. Cada vez que ganaban, tenían la opción de hacer a oponente escuchar un fuerte ruido. Ellos elegían la duración y la fuerza del ruido. Sus oponentes nunca usaban el ruido contra ellos, de manera que la venganza no aparecía como motivación o justificación. Además, la mitad de los voluntarios tuvieron que esforzarse para conseguir la oportunidad de ser crueles puesto que, tras ganar, tenían que realizar una tediosa y monótona tarea para poder administrar el ruido. Lo que los investigadores pretendían con esto era averiguar quién se tomaría es esfuerzo de realizar esta tarea tediosa solo para poder ser crueles con sus compañeros.

Los resultados mostraron que únicamente los sádicos estaban dispuestos a gastar tiempo y energía para poder causar sufrimiento a un inocente. Los participantes que puntuaron alto en psicopatía, maquiavelismo o narcisismo, eran crueles con su oponente cuando causar dolor era fácil. Los sádicos, además, aumentaron la intensidad del castigo cuando vieron que sus oponentes no se vengaban.

Por tanto, los sádicos realmente obtienen placer del hecho mismo de hacer sufrir a otro, buscan activamente la oportunidad para hacerlo y no les importa esforzarse para lograrlo; esto hace que el sadismo sea más peligroso que cualquiera de los otros tres rasgos de personalidad.