Qué es la motivación y cómo aumentarla

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John Lund/Stephanie Roeser / Getty Images

La motivación es aquello que nos lleva a actuar para a alcanzar una meta, ya sea algo tan simple como prepararte un bocadillo porque tienes hambre o tan complejo como obtener una licenciatura en una universidad. 

La motivación implica una serie de procesos físicos, emocionales, cognitivos y sociales que nos empujan a movernos y actuar de un modo determinado. Es decir, es la que nos explica por qué la gente hace algo, por qué actúa de un modo y no de otro o por qué lo hace ahora en vez de dejarlo para más tarde.

Las personas se ponen en marcha para hacer algo cuando tienen un motivo que es lo bastante importante como para vencer los obstáculos. Por tanto, tener claro cuáles son tus motivos para actuar es un aspecto muy importante de la motivación.

El papel de las emociones en la motivación

Las emociones juegan un papel fundamental en la motivación, porque pueden funcionar tanto aumentándola como disminuyéndola. Por ejemplo, puedes tener muy buenos motivos para aprender a conducir pero si tienes miedo, éste puede ser más intenso que tus motivos para aprender e impedirte incluso intentarlo.

En este caso, para aumentar la motivación sería necesario reducir primero el miedo u otras emociones negativas y aumentar las emociones positivas. ¿Cómo puedes hacer esto? En primer lugar, trata de ser optimista y generar emociones positivas. Para hacerlo, no olvides el papel tan importante que juega tu pensamiento en la generación de emociones.

Si piensas: “Al final seguro que sale todo mal, no creo que valga la pena esforzarse si seguramente no lo lograré”, entonces no te estás motivando en absoluto sino todo lo contrario. Por tanto, trata de tener un pensamiento realista y optimista y no centrarte solo en lo malo o en lo peor que puede pasar.

Para aumentar el optimismo y las emociones positivas:

  • Ten presentes los resultados positivos que puedes lograr si te pones en marcha.
  • Evalúa tu progreso, sé consciente de los pequeños pasos que vas dando y elógiate por ellos, felicítate también por cómo estás resolviendo los problemas que surgen o por tu modo de sortear los obstáculos.
  • Ten presente lo que estás aprendiendo mientras actúas para alcanzar tu meta, pues eso también es importante y valioso en sí mismo.
  • Trata de disfrutar con cada paso que das hacia tu meta.

Hacer progresos es una de las cosas que más motivan a la hora de alcanzar un objetivo. Por el contrario, cuando sucede algo que te hace retroceder puede ser muy desmotivador, de manera que debes prepararte para afrontar ese tipo de situaciones. ¿Cómo? Usando tu pensamiento de un modo constructivo. Por ejemplo, puedes pensar: “Vale, he ido para atrás, pero esto ha sucedido porque estaba siguiendo un camino equivocado, ahora tomaré otro camino y lo hará mejor; es preferible rectificar a tiempo.”

Qué puedes hacer para motivarte

1. Empieza haciendo cualquier cosa, por pequeña que sea. Lo importante es ponerse en marcha y dar tan solo el primer paso. Luego todo se hace más fácil.

Por ejemplo, si tienes que hacer alguna tarea que te resulta desagradable o aburrida, como limpiar la casa, proponte tan solo limpiar una ventana. Una vez en marcha, puedes proponerte el siguiente paso.

2. Haz una lista con tus motivos y no los olvides. Si te has propuesto ordenar el trastero, es porque te gusta tener las cosas ordenadas, porque las encontrarás mejor o porque tendrás una sensación más positiva al entrar en él y verlo todo ordenado. Si te has propuesto estudiar para un examen, piensa que quieres tener el verano libre en vez de pasarlo estudiando o cualquiera que sea el motivo por el que deseas aprobar ese examen. Por tanto, cuando te falle la motivación, recuerda cuáles son tus motivos para seguir adelante.

3. Visualiza el resultado. Imagina que ya has alcanzado tu objetivo, la sensación de logro y de triunfo y los resultados positivos que obtienes.

4. Haz cosas con las que disfrutes. Sin duda, lo que más motiva a una persona es aquello con lo que disfruta mientras lo hace. Si te encanta la fotografía, tendrás una alta motivación para apuntarte a hacer un curso. Si te gusta salir a la calle a correr, estarás motivado para hacer ejercicio. Si echas un vistazo a tu vida y ves que la mayoría de las cosas que haces no te motivan en absoluto, puede ser el momento de hacer algunos cambios. Empieza por preguntarte por qué haces lo que haces (si tus motivos son válidos, si son tus motivos y no los de otros, etc.) y si realmente merece la pena seguir haciéndolo. Si tu vida se ha convertido en un montón de tareas aburridas, necesitas empezar a hacer cosas que te gusten y motiven. De ese modo, te será más fácil afrontar las tareas y obligaciones más aburridas porque tendrás también otras más agradables para compensar.

5. Practica mindfulness con cada cosa que hagas. Si tienes que hacer algo para lo que estás poco motivado, puedes verlo como una oportunidad para practicar mindfulness. No solo hará la tarea menos aburrida y aumentará tu motivación, sino que estarás relajando tu mente y disfrutando de los muchos beneficios que aporta el mindfulness.  Echa un vistazo a la sección sobre mindfulness para saber más sobre este tema.

6. Alimenta tu mente (y tu vida). Una falta de motivación generalizada puede deberse a que tu vida se ha convertido en algo monótono y aburrido en la que apenas hay nada nuevo o desafiante. Imagina que tuvieras que comer siempre el mismo puré insípido para desayuno almuerzo y cena; seguramente perderías buena parte del apetito. Si tu vida se ha convertido en un puré insípido, un buen modo de empezar a cambiar consiste en leer, ya sea libros, revistas, webs, blogs o cualquier cosa que estimule tu mente y te aporte ideas nuevas sobre las que pensar o actuar. Por ejemplo, al leer el apartado sobre mindfulness de este artículo podrías decidir que quieres saber más sobre ese tema, practicarlo, comprobar sus beneficios o incluso buscar algún libro para saber más.

Es decir, tendrías una meta y la motivación para alcanzarla.

7. Controla tu ambiente en la medida de lo posible para que te ayude a motivarte. Por ejemplo, tener un ordenador lento que se bloquea constantemente no motiva mucho en el trabajo. Tener que estudiar o trabajar en un ambiente desagradable, frío, oscuro o ruidoso, tampoco. Estar rodeado de gente pasiva y poco entusiasta es otro veneno para la motivación. Por tanto, trata de crearte un entorno lo más favorable posible.

8. Manejar las pequeñas frustraciones. Cuando ya te has puesto en marcha para alcanzar tu meta, pueden surgir de vez en cuando pequeñas frustraciones o problemas de los que piensas que son tontos o poco importantes, que “no deberían” suceder, que suponen una frustración, te apartan de tu camino y hacen que salgan de tu boca tus palabras malsonantes favoritas. Si piensas así de estos pequeños obstáculos, te afectarán tanto que matarán tu motivación. Míralos como a cualquier otro gran problema, como si fueran problemas importantes que requieren que les prestes todo el tiempo que haga falta y considéralos parte del trabajo que debes realizar para llegar a tu meta. De este modo, los estarás aceptando en vez de amargarte pensando que no deberían suceder y los afrontarás mejor.