¿Qué es la autoestima?

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© Arvind Balaraman / Getty Images

La autoestima está relacionada con la evaluación que una persona hace de sí misma. Cuando esa evaluación es positiva, decimos que tiene una alta autoestima, mientras que si esa evaluación es negativa, decimos que su autoestima es baja.

La autoestima consiste en una serie de pensamientos, conductas y emociones dirigidas hacia uno mismo. Lo que pienses de ti en cada momento, cómo te hables a ti mismo, cómo te trates, lo que haces cuando cometes un error, cuando alguien te critica, cuando triunfas, cuando te halagan, cuando fracasas… Todo eso va conformando tu autoestima.

La autoestima tiene que ver con tu actitud hacia ti mismo, con tus ideas preestablecidas, con tus normas autoimpuestas. Si eres una persona rígida e inflexible, que se impone duras normas de comportamiento, y excesivamente perfeccionista, te resultará mucho más difícil mantener una autoestima saludable que si eres más tolerante contigo mismo, tus errores y tus fracasos.

Una baja autoestima crea para ti un mundo muy diferente del que crearía una autoestima adecuada. La baja autoestima te impide hacer muchas cosas que desearías hacer, te hace temer los riesgos y esperar el fracaso, te lleva a esperar el rechazo de los demás, cometer errores, creer que no eres capaz; te lleva a fracasar en aquello en lo que podrías tener éxito y, en definitiva, te lleva a construirte una vida muy diferente de la que llevarías si tuvieras una buena autoestima. La buena noticia es que si tú has creado tu baja autoestima, también tú puedes crear una autoestima alta.

Ten en cuenta también que la autoestima no necesariamente es algo general, que se dé en todos los aspectos de lo que eres. Tu autoestima puede ser alta a nivel profesional, por ejemplo, pero muy baja cuando se trata de buscar pareja. O tal vez te consideras competente para relacionarte con los demás, pero incompetente y fracasado en el trabajo.

Cómo se forma la autoestima

La autoestima empieza a formarse en la infancia, a través de las experiencias vividas, y puede variar conforme pasan los años, para bien o para mal, en función de los éxitos y fracasos, de cómo nos tratan los demás y de nuestros propios esquemas de pensamiento.

Si en tu infancia tus padres y otras personas significativas te escuchan, te tratan bien, te hacen sentir valioso por ti mismo (no por tus logros), te dan cariño y apoyo cuando lo necesitas, reconocen tus triunfos y aceptan tus fracasos sin darles demasiada importancia, entonces vas a crecer teniendo una autoestima adecuada.

Por el contrario, ser criticado, ignorado, ridiculizado, despreciado o maltratado puede mermar enormemente tu autoestima. Así mismo, si los demás han esperado que seas perfecto, te han hecho sentir que fracasar es algo que te convierte en un fracaso como persona y no te han querido o aceptado tal como eres sino tan solo cuando has logrado algo o te has comportado como ellos desean, es muy probable que hayas desarrollado una autoestima más baja.

Todas esas experiencias van creando un modo de pensar acerca de ti que puede ser muy negativo si dichas experiencias han sido malas. Así, el esquema de pensamiento que una persona crea sobre sí misma puede estar diciéndole continuamente: “No eres lo bastante bueno, no mereces que te salgan bien las cosas, mereces lo peor, no sabes hacer nada bien, no gustas a nadie, nadie te querría si te conociera de verdad, eres un fraude…”

Por el contrario, si tus experiencias han sido positivas, tu modo de pensar acerca de ti será muy diferente; en vez de criticarte, despreciarte o infravalorarte, pensarás que no pasa nada por cometer errores o hacer algo mal, que eres digno de amor y de respeto, que tienes cosas buenas que ofrecer a los demás, aunque no seas perfecto, que aunque hay muchas cosas que no sabes hacer, las importantes son las que sí sabes hacer, que no hay que hacer las cosas perfectas sino tan solo intentar hacerlo lo mejor que puedas… El efecto que este modo de pensar tiene en ti es, evidentemente, muy diferente al del párrafo anterior.

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