Guía básica para entender la arteriosclerosis de la aorta

Su formación en la aorta es peligrosa porque puede provocar un aneurisma

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La arteriosclerosis puede afectar a cualquier arteria del cuerpo. PIXOLOGICSTUDIO/Getty Images

La arteriosclerosis es un trastorno de los vasos sanguíneos por los que circula la sangre arterial que alimenta a las células de los órganos, tejido muscular y huesos. Esta alteración consiste en el endurecimiento de las paredes por acúmulo de calcio y colesterol, produciendo pérdida de elasticidad y estrechamiento de estos conductos. Lo que causa un aumento de la presión, lo que dificulta el intercambio de nutrientes, así como de los productos metabolizados.

Esta alteración puede afectar a las arterias de cualquier parte del cuerpo, desde el cerebro (arterias carótidas), el corazón (arterias coronarias), los riñones, así como las arterias de otros órganos vitales.

Aorta torácica y abdominal

Debido a que puede afectar a cualquier punto del sistema circulatorio, es frecuente también que se produzca en las piernas y el paciente debe pararse por dolor en las pantorrillas (claudicación intermitente). Cuando la aterosclerosis afecta las arterias del cerebro puede causar un ictus y cuando se desarrolla en las arterias coronarias puede causar un infarto agudo de miocardio o una angina de pecho. Sin embargo, en la arteria aorta, la mayor arteria del cuerpo que actúa como distribuidor de todo el riego sanguíneo, es donde la enfermedad puede ser más grave, porque afecta a las arterias desde su origen. La aorta es un tubo que va desde el corazón hasta el suelo de la pelvis, se llama aorta torácica a la que está por encima del diafragma (más o menos a nivel de la cintura) y abdominal a la situada por debajo.

Causas de la arteriosclerosis

La causa más frecuente de la arteriosclerosis es la acumulación de materia grasa debajo del revestimiento de la pared de la arteria, llamado endotelio. Este trastorno se inicia cuando los monocitos (un tipo de glóbulos blancos) que viajan por el flujo sanguíneo entran en la pared arterial y se transforman en células que acumulan grasas.

Esto provoca la formación de unas zonas de engrosamiento llamadas placas de ateroma formadas fundamentalmente por colesterol que invaden la luz del vaso.

En ciertas circunstancias, la capa exterior de esta placa se rompe, se ulcera y esto crea unas condiciones favorables para que las plaquetas se acumulen y acaben formando un trombo que puede llegar bloquear completamente el diámetro del vaso.

Arteriosclerosis en la aorta

En la aorta se producen placas pero, tanto por su tamaño como por la presión y velocidad a la que circula la sangre, la formación de trombos es más difícil. Sin embargo, este proceso va afectando la cualidad de la pared que va perdiendo elasticidad. Con el tiempo se debilita la pared, que empieza a ceder, y la luz del vaso va aumentando creando lo que se llama un aneurisma. Estos cambios pueden ser cortos, de unos pocos centímetros o más largos. La gravedad del proceso depende del tamaño del aneurisma y de su localización, siendo particularmente graves aquellos que se producen cerca o en el nacimiento de una arteria por la dificultad circulatoria que comporta. En el síndrome de Marfan, las paredes de las arterias tienen una debilidad genética que favorece los aneurismas.

En las arterias de menor calibre si se forma un trombo este puede fragmentarse y viajar a través del sistema circulatorio y puede quedar atrapado en un punto de una arteria de pequeño tamaño causando una obstrucción (embolia).

Síntomas de la aterosclerosis

Aunque en general la arteriosclerosis no produce síntomas, el primer signo que puede identificarse con la arteriosclerosis es el dolor o calambre cuando el flujo sanguíneo es insuficiente para satisfacer las necesidades de oxígeno del músculo. Puede aparecer durante el ejercicio cuando aumenta la demanda de oxígeno como ocurre al caminar a paso rápido o subiendo una pendiente y dar un dolor u opresión en el pecho (angina de pecho) o en las piernas (claudicación intermitente) debido a que no llega bien la sangre a las extremidades.

Diagnóstico de la arteriosclerosis aórtica

La radiografía de tórax, , el ecocardiograma transesofágico, la tomografía axial computarizada (TAC) y la aortografía o angiografía de la aorta son pruebas que pueden mostrar el endurecimiento y estrechamiento de las grandes arterias.

La prueba de esfuerzo también puede ayudar a mostrar si hay alguna manifestación de enfermedad coronaria.

En la exploración clínica de hombres fumadores o exfumadores, de entre 65 y 75 años, se detecta un latido abdominal, que es un signo de un posible aneurisma abdominal, muchas veces sin síntomas. En estos casos, se recomienda el examen de ultrasonido.

Tratamiento de la arteriosclerosis de la aorta

El mejor tratamiento es la prevención. Cuando se vuelve grave conlleva muchas complicaciones que pueden acabar en una cirugía. A menudo es suficiente un control regular valorando los cambios del diámetro aórtico siguiendo protocolos establecidos por los hospitales.

Prevención

Para evitar el avance de la arteriosclerosis de la aorta es muy importante reducir los factores de riesgocardiovasculares (reducir los niveles altos de colesterol, combatir el sedentarismo y perder peso), pero especialmente dejar de fumar y controlar la hipertensión arterial, ya que estos aumentan el riesgo de formación de aneurismas.

Referencias:

Aterosclerosis: Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre. Accedido: 2 de diciembre  de 2015. http://www.nhlbi.nih.gov/health-spanish/health-topics/temas/atherosclerosis/

Isselbacher EM. Diseases of the aorta. In: Goldman L, Schafer AI, eds. Cecil Medicine. 24th ed. Philadelphia, Pa: Saunders Elsevier; 2011:chap 78.