¿Qué es el objetivismo?

Las definiciones del objetivismo en la filosofía

Atlas sosteniendo al mundo
Atlas sosteniendo al mundo. Manuel Domínguez Guerra-Creative Commons Attribution 3.0

La definición más sencilla de objetivismo sería decir que se trata de lo opuesto al subjetivismo. Siendo esto cierto, evidentemente plantea la necesidad de una definición propia que indique que es el objetivismo, esto es lo que vamos a hacer a continuación.

Definiendo el objetivismo

El objetivismo carece en filosofía de un único sentido, es más, en las diferentes disciplinas filosóficas no hay un único significado para objetivismo sino que tiene diversas denotaciones o enunciados.

Lo más genérico y lo más sencillo que podemos utilizar para definir el objetivismo es decir que éste trata de lo que existe externamente al sujeto. Y cuya existencia no depende de la visión u observación por parte del sujeto.

En metafísica se usa como sinónimo de “realismo”. Pero también del llamado “idealismo objetivo”, que identifica la naturaleza real y exterior de algo con el pensamiento o la actividad de un espíritu universal que no depende del espíritu subjetivo. Éste último solo puede descubrir conceptos universales pero no generarlos. Esos universales o ideas son existentes por sí mismos. En ese idealismo entrarían los universales de Platón y posiciones similares del pensamiento de Leibniz, Hegel y otros autores.

En epistemología, objetivismo es toda doctrina que dice que lo aprehendido es independiente del sujeto aprehensor. Es decir, que lo observado existe al margen del observador.

Sin embargo, en la epistemología, el término objetivismo también se aplica específicamente al neorrealismo americano, que considera al mundo como representación neutra de las cosas.

Las “apariencias” son las cosas en sí mismas con independencia de que se aparezcan o no a alguien. El mundo, aunque sea una “representación” o “apariencia”, lo es neutra y no depende del sujeto que la observe, como sí sucede en el idealismo subjetivo, en el cual lo “representado” no existe por sí mismo ni como representación sino que necesita a un sujeto, un observador, que lo observe para darle existencia.

Objetivismo y relativismo

Aunque el objetivismo se suele oponer al relativismo también se habla de un “relativismo objetivista”, cuyos exponentes serían autores como Dewey y Withehead.

Este “relativismo objetivista” es una teoría epistemológica que atribuye objetividad real a todas las apariencias o perspectivas de un objeto en la percepción. Sin que pueda pretenderse que una de ellas es “verdaderamente objetiva”.

Dicho de otra forma, el objetivismo relativista no considera que haya ninguna perspectiva que sea “la” verdadera. Toda perspectiva es “una” perspectiva, y es tan verdadera como cualquier otra de las que pueden ser percibidas.

En cierto sentido, lo anterior podría ejemplificarse con el comportamiento del mundo cuántico, en el cual toda partícula realiza todas las posibilidades de comportamiento que puede realizar. No hay una más posible que otra, todas los son y todas se producen a la vez. Es decir: todas son verdaderas.

El objetivismo relativista dice que toda perspectiva o apariencia posible existe por sí misma y es verdadera, pero no hay una más verdadera o cierta que otra.

El objetivismo en las disciplinas normativas

Hasta ahora hemos contemplado el objetivismo en la metafísica y en la epistemología.

Si lo hacemos en las disciplinas filosóficas normativas, como la ética, la estética o la lógica formal en sus aspectos normativos, podemos ver que el objetivismo es la doctrina en la que se dice que las normas por las que se rige la mente humana tienen validez universal y, además, se imponen a todos con validez necesaria.

Esta noción significa que toda mente funciona a partir de los mismos patrones, por eso estos son universales y aplicables al funcionamiento de toda mente.

Pero, además, no puede haber excepciones a esta norma. Es decir, absolutamente toda mente funciona objetivamente de la misma manera.

Esa categoría absoluta es la que impone la validez necesaria. Es por ser un funcionamiento universal por lo que es absoluto y, en consecuencia, necesariamente valido al funcionamiento de toda mente.

Es decir: se trata de un funcionamiento objetivo.