Problemas con un profesor

Qué debemos hacer cuando eso le sucede a nuestro hijo

Un grupo de adultos fundamental en la vida de nuestros hijos adolescentes es el de sus profesores. Los maestros que se ocupan de ellos pueden dejar una huella permanente en nuestros hijos, pueden conseguir que sus vidas sean mejores, pueden ayudarles a llegar a la universidad, a entrar en una universidad concreta, a obtener un buen trabajo o a determinar a qué profesión van a dedicarse.

Pero además de la importancia que tienen para su futuro, los profesores tienen una gran influencia en la vida cotidiana de nuestros hijos.
Lo vimos ya cuando eran niños en la escuela primaria y eso aumenta en la Secundaria o High School.A lo largo de los años, nuestros hijos se van a relacionar con muchos maestros. Algunos estarán más próximos a ellos, con unos se llevarán mejor y otros tendrán una importancia menor en sus vidas pero todos ellos de alguna manera influirán para bien o para mal en los chicos y chicas.La inmensa mayoría de las veces los profesores tienen un efecto beneficioso sobre nuestros hijos. Además de enseñarles su asignatura, suelen ser buenos guías, aconsejan con prudencia y sabiduría a sus alumnos y les sirven de referencia. Pero también es cierto que puede ocurrir que en alguna ocasión las cosas no sean así. Puede ocurrir que nuestro hijo adolescente tenga problemas con uno de sus profesores. Qué hacer cuando hay problemas con un professor
  • Averiguar qué sucede. Lo primero que debemos hacer cuando aparece este problema en la vida de nuestros hijos adolescentes es averiguar exactamente qué está pasando. Hay chicos cuya estrategia ante las malas calificaciones es culpar a los profesores. Si eso nos ha ocurrido antes con nuestro hijo deberemos ser muy cuidadosos y estudiar detenidamente si realmente hay un problema con un profesor o es solo que el adolescente intenta librarse de una regañina.
  • Quién es el causante del problema. Incluso cuando nuestro hijo no ha tenido problemas previos con otros profesores deberemos estar seguros de que no es el chico o la chica el origen de la dificultad. Tenemos que asegurarnos de que nuestro hijo ha tenido un buen comportamiento con el profesor y que se ha esforzado en la asignatura que este le enseña. Si descubrimos que efectivamente esto ha sido así, el problema entonces está efectivamente en el maestro y no en nuestro hijo.
  • Cómo averiguamos lo que sucede. Lo primero que debemos hacer es hablar con nuestro hijo para que nos explique exactamente lo que sucede. Pero debemos tener en cuenta que el chico o la chica es una de las partes de conflicto por lo que aunque nos cuente toda la verdad esta puede no ser totalmente objetiva. Por ello es bueno que hablemos también con algunos de sus compañeros de clase con los que tengamos confianza y les pidamos su opinión sobre lo que está ocurriendo. Además, si tenemos relación con alguno de los profesores de la escuela podemos dirigirnos a ellos también para informarnos. Y, por supuesto, es muy útil hablar con el propio profesor de nuestro hijo. La mayoría de las veces una charla directa, amistosa y sincera puede solucionar mucho.
  • Si los problemas continúan. Pero no siempre esas charlas dan el resultado que esperábamos. Cuando tras haber hablado con el maestro los problemas continúan es hora de dirigirse a alguna instancia superior. Lo más efectivo es hablar con el director de la escuela y explicarle lo que ocurre. Él o ella sabrán qué medidas se pueden tomar. Pero también debemos saber que si tampoco esto diera resultado, podemos dirigirnos a la oficina del responsable de educación de nuestro barrio o municipio para hacer una queja.
  • Si los problemas son graves. Todo lo anterior se refiere a situaciones en las que los problemas entre nuestro hijo y su maestro son leves, es decir, cuando se trata de algún problema de relación o de falta de entendimiento. Pero si lo que está viviendo nuestro hijo es un problema grave como una situación racista, sexista o de acoso sexual o escolar por parte de su maestro, entonces nosotros deberemos tomar también medidas más serias. No deberemos dejar pasar nunca una de estas situaciones y deberemos actuar inmediatamente. Existen organizaciones de defensa de la infancia en las que nos pueden ayudar e incluso podemos acudir a la policía porque algunas de esas actuaciones son también delitos.
Foto: Wikimedia Commons