¿Por qué se usan ratones para hacer experimentos?

Ratones y, sobre todo, moscas son los principales animales de experimentación

Raton
Raton. Elena Gurzhiy

Los principales animales de experimentación, contrariamente a la opinión generalizada, no son los ratones sino las moscas. En todo caso, todavía se utilizan numeroso animales para realizar experimentos que, de otra manera, no podrían realizarse.

Los ratones son ideales para la experimentación, porque los tienen todo. Son pequeños y manejables, tranquilos y nada agresivos, y su periodo de gestación es de sólo 20 días.

Además, su genoma resulta muy parecido al humano, especialmente el sistema inmunitario. Las técnicas de ingeniería genética han echado el resto, ya que gracias a ellas es posible provocarles numerosas dolencias similares al nuestro.

Los experimentos con ejemplares de la especie Mus musculus, o ratón común, se han practicado desde hace muchos siglos. En 1628 William Harvey los utilizó para avanzar en el conocimiento de la circulación de la sangre y en 1876 fueron objeto de los estudios de Robert Koch para ahondar en la teoría microbiana de la enfermedad. En la actualidad sólo en la Unión Europea, se utilizan cada año millones de ratones en la investigación.

Un animal modelo

Los biólogos denominan como organismo modelo a aquellos animales especialmente aptos para la investigación y que permiten trasladar sus resultados a otra especie. Pero el ratón no es, ni de lejos, el preferido de los científicos.

Ese papel posiblemente lo ocupe una mosca, la Drosophila melanogaster: en este insecto se pueden reproducir o simular hasta el 60% de las enfermedades que padecemos los humanos.

En los últimos tiempos, se ha comenzado a plantear si los humanos tenemos derecho a utilizar animales en los laboratorios.

Y gracias a este debate se ha reducido la experimentación sobre primates. El problema ético, más allá de los grandes monos, radica en que muchas veces se valora a los animales, y su sufrimiento, por su parecido con nosotros o incluso por el cariño que nos despiertan. A nadie le importa matar una mosca y algunos sufren pensando en acabar con la vida de un ratón... pero a la mayoría se le parte literalmente el corazón si se plantean hacerlo con un conejo.

¿Piensan los animales?

Desde los tiempos de Platón los humanos se han preguntado si los animales son capaces de pensar, si tienen conciencia. Para los antiguos, la respuesta estaba clara: si es un ser animado, tiene alma (que es precisamente el significado de ánima en latín). Pero en el siglo XVII, el francés René Descartes expuso la idea de que el alma, la conciencia, era sólo un producto humano: había nacido el dualismo mente-cuerpo, en el que la especie humana tenía el monopolio de la mente.

Han pasado ya casi cuatro siglos y los psicólogos, que estudian la mente, y los neurólogos, que analizan el sistema nervioso donde la mente se asienta, no se ponen de acuerdo sobre qué es realmente el pensamiento. Mientras, los etólogos, que se ocupan del comportamiento de los animales, llevan años estudiando determinadas actitudes de algunas especies para conocer mejor la profundidad del pensamiento animal.

Un elefante mirándose al espejo

Una de las muestras de 'pensamiento' es sin duda la autoconciencia, la conciencia de uno mismo. El principal método para medir la inteligencia animal consiste en el llamado 'test del espejo'. Se coloca a un individuo frente a un espejo: si es capaz de reconocer lo que ve como su propia imagen se supone que tiene conciencia de si mismo. Los humanos, a partir más o menos del año y medio, pasan ese test. Y lo mismo hacen delfines, chimpancés y otros monos, como bonobos u orangutanes.

Hace unos años, unos investigadores consiguieron que un elefante pasara la prueba. Se puso al paquidermo Happy frente a un espejo y después se le pintó una mancha sobre su cabeza. Mirándose frente al cristal, Happy intentaba limpiarse la mancha con la trompa.

¿Tienen los elefantes conciencia de sí mismos?

Los más escépticos no consideran que este método sirva para comprobar la autoconciencia. Creen que sólo demuestra que la imagen reflejada es, para algunos animales, muy similar a ellos mismos. Vamos, que el elefante cuando se ve en el espejo no dice: 'anda, si soy yo', sino más bien: 'anda, eso es como yo'.

 

[Imagen cortesía de Elena Gurzhiy con licencia CC by 2.0.]