¿Por qué ocurre la insensibilidad vaginal en las mujeres?

Enfoque integral sobre la falta de sensaciones en la vagina

Según la ciencia médica, el primer tercio de la vagina es la zona que contiene más terminaciones nerviosas, por ello, es la parte más sensible a la estimulación sexual. En consecuencia, los dos tercios internos de la vagina serían relativamente insensibles. Sin embargo, especialistas en la sexualidad femenina, como la psicoanalista y ginecóloga francesa Daniele Flaumenbaum, plantean que la falta de sensibilidad – o poca sensibilidad – vaginal se debe a las prohibiciones ancestrales en torno a la sexualidad que las mujeres han recibido generación tras generación.

En su libro Mujer deseada, mujer deseante, esta médico plantea lo siguiente:

La prohibición de vivir su sexualidad, no proviene de sus ideas personales, se debe a la manera en que la sexualidad se ha inscrito en usted, tal como le fue transmitida inconscientemente. Heredamos transmisiones, que imprimen en nosotros y construyen nuestra estructura básica. Ésta está compuesta por nuestros pensamientos y nuestras creencias, pero también por nuestras “memorias celulares”… Como su madre renunció al placer sexual, usted es la primera mujer de su linaje que pretende vivir una vida de mujer sexualmente realizada”.

De acuerdo a esto, la capacidad de sentir el deseo de hacer el amor estaría “dormida” porque no hemos recibido una educación, a través de las generaciones, que nos permite concebir el placer sexual como algo normal, saludable, satisfactorio y digno de ser experimentado. La sexualidad en épocas pasadas no era vista como un valor humano.

Fue sólo durante las últimas décadas del siglo XX cuando se rescató la sexualidad como una parte valiosa y hermosa de la experiencia humana, así como el derecho de la mujer a experimentar placer sexual.

Sin embargo, las memorias ancestrales siguen grabadas en nuestro cuerpo, en nuestra “memoria celular”.

Por ello, la sexualidad como valor no se ha registrado en las células de nuestro cuerpo femenino, especialmente en aquéllas zonas erógenas directamente relacionadas con el sexo en la mujer: en su piel, boca, senos, clítoris, vagina, y tantas otras áreas receptivas y sensibles. Al igual que nuestras abuelas, tenemos impresas en nuestras células las memorias de generaciones pasadas, en las que el sexo era considerado algo prohibido y vergonzoso, sucio, e inclusive degradante. Muchas personas habrán recibido también en su infancia y adolescencia mensajes negativos o confusos con relación a la sexualidad, principalmente a través de la familia y de la religión. Estos mensajes siguen estando allí, ocultos en nuestro inconsciente, aunque seamos ahora mujeres educadas y conscientes.

Por ello, cada mujer debe hacer un trabajo interior para ser capaz de conectar con su feminidad, sentirse feliz de ser mujer y poder disfrutar de su sexualidad. Si tu mamá renunció de alguna manera al placer sexual – no lo conoció, se avergonzó de él, lo disfrutó con sentimientos ambivalentes, etc. – tú serás la primera mujer de tu linaje en vivir una vida de mujer sexualmente realizada.

Esta desconexión se refleja en nuestras relaciones de pareja y Daniele Flaumenbaum lo describe con elocuente claridad:

Se puede amar al hombre con el que se vive, pero no saber desear su sexo, codiciarlo, apreciarlo, llamarlo, acogerlo, festejarlo y dejarse invadir por su fuerza y su potencia”.

Las dos dificultades sexuales más frecuentes en la mujer – la falta de deseo sexual y la dificultad para experimentar el orgasmo – parecen tener una clara relación con lo anterior. También las mujeres experimentan dificultades con relación a la penetración, mientras que para un hombre es el acto más anhelado del encuentro sexual. Estas dificultades incluyen diversas variantes: miedo a la penetración, dolor al ser penetrada, imposibilidad de ser penetrada y anestesia total de la vagina. En cambio, otras zonas de la mujer pueden estar más erotizadas (como la boca y el ano), lo que impide que realmente la vagina y el pene se integren durante la penetración vaginal.

Según el Tantra, durante ese encuentro es cuando se produce verdaderamente la alquimia de las energías sexuales femeninas y masculinas, así como un proceso de sanación y unión espiritual.

Las mujeres sabemos más amar a un hombre con el corazón que con el cuerpo. Esto sucede también debido a nuestra constitución energética. De acuerdo a las enseñanzas de la antigua India, el chakra del corazón (Anahata) es positivo y expansivo en las mujeres, en cambio, su chakra sexual (Svadhishthana) es negativo y receptivo. Esto hace que podemos proyectarnos y expresarnos mejor a través de nuestros sentimientos que de nuestra sexualidad. En los hombres sucede exactamente lo inverso. Los senos son un portal energético que le permite a la mujer integrar sus emociones con su sexualidad y su capacidad orgásmica.

La buena noticia es que podemos superar las repeticiones transgeneracionales, heredadas de nuestras madres, abuelas, bisabuelas y demás figuras femeninas ancestrales. Podemos también aprender a vivir nuestra sexualidad desde nuestra propia constitución energética femenina, sin competir con la energía masculina, para así unirnos en una danza emocional y sexual armónica. Para ello, te recomiendo practicar algunos ejercicios para despertar la sensibilidad vaginal, suavemente, sin ejercer violencia sobre ti misma. Tu deseo sexual se expresará delicadamente, y tendrá también la fuerza necesaria para recibir con amor, dulzura y pasión a su contraparte masculina dentro de tu vagina. En el universo, ambas energías son igualmente importantes y necesarias, como lo expresa la filosofía taoísta, el yin (energía femenina) y yang (energía masculina) coexisten en perfecta armonía.

Fuentes:

Flaumenbaum, Daniele (2006). Mujer deseada, mujer deseante.