Por qué no debes confundir una cita agradable con un flechazo

Cuidado con la química instantánea
Cuidado con la química instantánea. Dimitri Vervitsiotis / Getty Images

A menudo las mujeres nos quejamos del comportamiento frío, distante y hasta cruel de los hombres. Pero a veces se trata solo de que ambos sexos vemos y procesamos las cosas de forma diferente.

Este desencuentro se produce a menudo cuando un hombre y una mujer tienen una cita y ella siente inmediatamente que existe química entre los dos. ¿Te ha ocurrido? Entonces, seguro que sabes lo que es empezar a fantasear con ese hombre aunque apenas le conoces.

Imaginas cómo será la vida junto a él, qué tal suena su apellido combinado con el nombre que siempre quisiste poner a tus hijos y hasta te entran ganas de empezar a practicar sus hobbies.

Esta explosión de fantasía puede ocurrir unos pocos días después de conocer a un hombre, pero a veces sucede a las pocas horas. Estás convencida de que el flechazo es mutuo. De que por fin has encontrado lo que siempre has buscado. De que es “él”. Te lo dice la intuición, y además no dejas de encontrar señales: en sus palabras, en lo que te cuenta, en sus gestos.

Y sin embargo, unos días o semanas después resulta que el que parecía el amor de tu vida ha desaparecido o evita encontrarse contigo. ¿Cómo es esto posible?, te preguntas entre avergonzada e iracunda. ¿Por qué no me llama?

¿Flechazo o fantasía?

Comienza por darte cuenta de que esa atracción instantánea suele ser una fantasía. Sí, a veces ocurre por ambas partes.

El flechazo mutuo es algo que sucede, pero no a menudo. Después, pregúntate si es la primera vez que te sientes así. Seguramente, la respuesta es no. Mira entonces en tu interior, para comprender por qué esa tendencia a enamorarte instantáneamente.

La respuesta tal vez no sea fácil de admitir: estás hambrienta de amor, de complicidad, de intimidad.

Tienes tantas ganas de encontrar a ese hombre especial que confundes una cita agradable con el encuentro de dos almas gemelas. Pero, en realidad, alguien a quien no conoces difícilmente puede convertirse en esa pareja que anhelas. Una relación sólida lleva tiempo. Para conocerse, para aprender a captar y apreciar todos los matices de su personalidad, para sentar las bases de la mutua confianza.

Aunque tu carácter sea apasionado y espontáneo, es bueno que aprendas a ver las citas con algo de distancia y racionalidad. Una pista que te ayudará: fíjate en el comportamiento de la otra persona, no en sus palabras. A los hombres les gusta tener delante a una mujer dispuesta a escucharles y con la que compartir sus éxitos personales o profesionales. Es muy posible, por lo tanto, que él quiera “venderte” su mejor imagen, mostrarte sus virtudes y sus logros, ser irresistible a tus ojos. Pero eso no significa que vea en ti a la mujer de su vida.

Importan los actos, no las palabras

Fíjate, por tanto, en cómo se comporta contigo después de esa maravillosa cita. ¿Está en contacto contigo? ¿Te llama o te manda mensajes? ¿Te pide otra cita? Es evidente que si de verdad se trata del hombre de tu vida, demostrará que quiere volver a verte.

Si desaparece, está claro: no le interesas. Y tú no deberías perder el tiempo preguntándote por qué, y menos aún pensar que le encantaría citarse contigo, pero tiene problemas o asuntos emocionales sin resolver que se lo impiden. Esa es otra fantasía que no le hace ningún bien a tu autoestima. Los hombres son más simples: si le gustas, te llamará. Y punto.

Pero incluso si te llama y vuelven a verse, procura contener tus fantasías. Deja de planear el futuro en tu cabeza y mantén la atención en lo que sucede en cada momento. Disfruta del momento e interésate por su vida. Conócele, pregúntale por sus sueños, sus deseos, sus planes. ¿Están en el mismo momento vital? ¿Tú quieres tener hijos y él te está contando que ya se casó, fue padre y se divorció, y que no piensa repetir? Ten muy en cuenta la información que está compartiendo contigo, para evitar futuros desengaños.

Mientras tanto, no te cierres a salir con otros hombres. No lo hagas por despecho, por darle celos a ninguno o para manipularles, sino para conocer a otras personas y aprender a crear vínculos de amistad y confianza. En cierto modo, es una terapia gratis. Y te servirá de mucho si te enseña que el verdadero amor, como todas las cosas valiosas, se construye a base de dedicarle tiempo, energía y corazón.