¿Por qué los nombres científicos están siempre en latín?

Cómo el sueco Carol Linneo estableció la clasificación de los seres vivos

Grabado del siglo XVIII
Grabado del siglo XVIII. Georg Dionysius Ehret

El sueco Carol Linneo, que vivió en el siglo XVIII, era una gran coleccionista e investigador de las plantas. Un día, analizando sus dispersas muestras, se dio cuenta de que la ciencia botánica necesitaba una verdadera clasificación. Con ella, no sólo cada vegetal, sino también cada animal tendría su propio apelativo que le diferenciaría de seres distintos y le enmarcaría en el mismo grupo que sus semejantes.

Linneo decidió que, al igual que pasaba entre los humanos, al resto de seres les vendría bien un nombre para personalizarlos y un apellido para encuadrarlos.

Linneo estableció la clasificación binomial, en la que se incluye el género y el nombre propio de la especie. Como entonces la lengua franca, es decir, el idioma utilizado más comúnmente en toda Europa era el latín, el sueco eligió esta lengua.

El sistema que inventó Linneo todavía se utiliza, colocando de igual manera en primer lugar el genero de pertenencia y, en segundo, el nombre específico. Para escribirlo correctamente, el género siempre tiene que comenzar con mayúsculas, al contrario que el nombre. En el caso Homo sapiens, veremos que Homo se refiere a un género en el que se incluyen también especies como los neandertales o los australopitecos, mientras que sapiens es un sustantivo que define exclusivamente a los humanos. Linneo inventó la ciencia que clasifica a las especies, que se llama taxonomía.

Se basa en una estructura jerárquica, en forma de árbol.

Mil nombres para un solo científico

Linneo mantenía correspondencia con los principales estudiosos europeos del momento. Su legado incluye cartas en hasta diez idiomas diferentes (sueco, holandés, noruego, danés, inglés, francés, latín, hebreo, alemán e italiano), en las que firma como Carl Linnaeus, Carl von Linné e incluso Carl Linné.

Aunque sus trabajos los rubrica siempre en latín: Carolus Linnaeus.

Se considera que existen alrededor de 1,5 millones de especies animales conocidas y vivas. Son muchas, y seguramente quedan un montón de ellas todavía sin descubrir. El problema es que la actividad humana reduce cada vez más el medio natural, de tal manera que la última lista roja de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza incluye más de 16.000 especies en peligro de extinción, a las que hay que sumar otras 25.000 en situación de riesgo. Entre ellas, uno de cada cuatro especies de mamíferos, una de cada ocho de aves y uno de cada tres de anfibios.

Darwin y las especies

Cuando Charles Darwin realizó en el siglo XIX su viaje alrededor del mundo a bordo del Beagle, la extinción no era un problema y hacía ya casi cien años que Linneo había establecido su sistema de clasificación universal. Fue el autor del revolucionario libro 'El origen de las especies', que revolucionó la ciencia, así como de muchas otras obras.

Cuando Darwin empezó a comprender el concepto de evolución, se dio cuenta de algo importante: si las especies evolucionan, ¿en qué momento un individuo deja de ser miembro de un grupo para empezar a formar parte de otro nuevo?

Darwin era una persona muy práctica. Para empezar, pensó que si las especies cambiaban con el tiempo, tampoco había que molestarse mucho en etiquetarlas. Finalmente, optó por que los propios animales decidieran con su comportamiento a qué grupo pertenecían.

La idea es, más o menos, que uno pertenece a la especie con la que tiene descendencia. En la actualidad, los biólogos definen el concepto de especie desde un punto de vista poblacional: poblaciones reproductivas que ocupan un determinado espacio ecológico.