Poemas de primavera

Abril es el nombre de la flor del tiempo. Los poetas, amantes de la primavera y su luz, saluden la estación de las horas felices. Aquí una selección de poemas clásicos del tema.

 

Primavera

 

Abril, sin tu asistencia clara,

fuera invierno de caídos esplendores;

mas aunque abril no te abra a ti sus flores,

tú siempre exaltarás la primavera.

 

Eres la primavera verdadera;

rosa de los caminos interiores,

brisa de los secretos corredores,

lumbre de la recóndita ladera.

 

¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,

abrazados los dos, sea tu risa

el surtidor de nuestra sola fuente!

 

Mi corazón recojerá tu rosa,

sobre mis ojos se echará tu brisa,

tu luz se dormirá sobre mi frente...

 

Juan Ramón Jiménez

 

La Primavera besaba

 

La primavera besaba

suavemente la arboleda,

y el verde nuevo brotaba

como una verde humareda.

 

Las nubes iban pasando

sobre el campo juvenil...

Yo vi en las hojas temblando

las frescas lluvias de abril.

 

Bajo ese almendro florido,

todo cargado de flor—recordé—,

yo he maldecido

mi juventud sin amor.

 

Hoy, en mitad de la vida,

me he parado a meditar...

¡Juventud nunca vivida,

quién te volviera a soñar!

 

Antonio Machado

 

Lo inacabable

 

No tienes tú la culpa si en tus manos

mi amor se deshojó como una rosa:

Vendrá la primavera y habrá flores...

El tronco seco dará nuevas hojas.

 

Las lágrimas vertidas se harán perlas

de un collar nuevo; romperá la sombra

un sol precioso que dará a las venas

la savia fresca, loca y bullidora.

 

Tú seguirás tu ruta; yo la mía

y ambos, libertos, como mariposas

perderemos el polen de las alas

y hallaremos más polen en la flora.

 

Las palabras se secan como ríos

y los besos se secan como rosas,

pero por cada muerte siete vidas

buscan los labios demandando aurora.

 

Mas... ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!

¡Y toda primavera que se esboza

es un cadáver más que adquiere vida

y es un capullo más que se deshoja!

 

Alfonsina Storni

 

Rima LIII

 

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.

 

Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres...

¡esas... no volverán!.

 

Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar,

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores se abrirán.

 

Pero aquellas, cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día...

¡esas... no volverán!

 

Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar;

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.

 

Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido...; desengáñate,

¡así... no te querrán!

 

Gustavo Adolfo Bécquer

 

Idilio

 

Tú querías que yo te dijera

el secreto de la primavera.

 

Y yo soy para el secreto

lo mismo que es el abeto.

 

Árbol cuyos mil deditos

señalan mil caminitos.

 

Nunca te diré, amor mío,

por qué corre lento el río.

 

Pero pondré en mi voz estancada

el cielo ceniza de tu mirada.

 

¡Dame vueltas, morenita!

Ten cuidado con mis hojitas.

 

Dame más vueltas alrededor,

jugando a la noria del amor.

 

¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera,

el secreto de la primavera.

 

Federico García Lorca