Placenta acreta, increta y percreta: riesgos, causas y tratamiento

placenta acreta
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La placenta acreta sucede cuando tu placenta se adhiere al útero de forma muy profunda, de modo que penetra o atraviesa el músculo uterino. La placenta acreta y sus variantes (increta y percreta) se consideran un embarazo de alto riesgo y puedes sufrir hemorragia severa durante el parto, requerir una histerectomía o tener complicaciones adicionales. Si la condición se diagnostica durante el control prenatal, el nacimiento suele darse por cesárea y es probable que tengas un parto prematuro.

¿Por qué sucede la placenta acreta?

La placenta es el órgano encargado de transmitir nutrientes y oxígeno al bebé. En un embarazo normal, tu placenta se adhiere a la capa superficial de tu pared uterina, llamada decidua. Allí establece vías sanguíneas que se conectan al cuerpo de la madre y se desarrolla a lo largo del embarazo.

Justo después del nacimiento de tu bebé, la placenta se desprende de la pared del útero y tu médico la extrae. Sin embargo, en el caso de la placenta acreta, esta se adhiere de forma tan profunda que no se desprende después del parto.

Según la severidad y profundidad de la adhesión, la condición se clasifica en tres categorías:

  • Placenta acreta. Se adhiere de forma profunda pero no penetra el músculo uterino.
  • Placenta increta. Mayor profundidad de la adhesión y sí penetra el músculo uterino.
  • Placenta percreta. La placenta atraviesa el músculo uterino y se adhiere a otros órganos cercanos, como la vejiga o intestinos.

    Causas

    La placenta acreta sucede en uno de cada 533 embarazos, según el Colegio Americano de Ginecólogos y Obstetras (ACOG). Aunque en algunos casos se desconoce la causa, sí se sabe que las cicatrices o lesiones en la pared uterina favorecen el desarrollo de la condición. Estos factores también te hacen más propensa a tener una placenta acreta:

    • Si la placenta se adhiere en la parte baja del útero, donde la capa decidua de la pared uterina es más delgada.
    • Cesáreas previas. El riesgo es mayor entre más cesáreas hayas tenido anteriormente.
    • Cirugías uterinas, como la remoción de fibromas.
    • Legrados previos. Este procedimiento consiste en raspar las paredes del útero para extraer tejido, ya sea para remover restos de un aborto espontáneo o provocado, o recolectar muestras para análisis y diagnóstico de enfermedades. El legrado puede causar cicatrices en el revestimiento uterino.
    • Embarazos previos. El riesgo de anormalidades de la placenta aumenta con la cantidad de embarazos previos.
    • Placenta previa
    • Embarazo después de los 35 años de edad
    • Fumado

    Diagnóstico y síntomas

    Aunque no se realiza una prueba específica para diagnosticar la placenta acreta, la condición puede encontrarse por medio de un ultrasonido de rutina, como el ultrasonido anatómico a la mitad del embarazo. Si tienes alguno de los factores que te hacen más propensa a sufrir la condición debes comunicárselo a tu médico, para que pueda evaluar la placenta con más detenimiento. De ser necesario, una prueba de resonancia magnética puede diagnosticar la placenta acreta con mayor precisión.

     

    Los síntomas indicativos de la placenta acreta se pueden presentar durante el tercer trimestre, cuando puede causar sangrado vaginal en el embarazo, en cuyo caso debes contactar a tu médico. Si el sangrado es excesivo, dirígete de inmediato al centro hospitalario.

    Riesgos para el bebé

    El control prenatal y cuidados en el embarazo pueden minimizar los riesgos de la placenta acreta para tu bebé. Sin embargo, según la gravedad y profundidad de la adherencia, podría llevar a:

    • Nacimiento prematuro, con sus posibles complicaciones.
    • Parto por cesárea
    • Muerte fetal si la condición no se trata a tiempo.

    Riesgos para la madre

    • Hemorragia durante el alumbramiento. En promedio, la madre puede perder entre 3.000 y 5.000 ml de sangre durante el parto como producto de la placenta acreta, y un 90% de las madres requieren transfusiones sanguíneas.
    • Necesidad de histerectomía, que es la remoción de tu útero. Si esto sucede, pierdes la habilidad de tener otro embarazo.
    • En casos de placenta percreta, puede haber daño a otros órganos adyacentes y estos pueden requerir cirugías adicionales.
    • Muerte materna

    Tratamiento de la placenta acreta

    La clave en el tratamiento de la placenta acreta es el conocimiento y la preparación. Si se diagnostica durante el embarazo, tú y tu médico tienen la oportunidad de planificar una cesárea, contar con el equipo de apoyo necesario para contrarrestar una hemorragia y evaluar tus preferencias en cuanto a histerectomía e intervenciones adicionales.

    Estas son las recomendaciones de ACOG para el manejo de la placenta acreta:

    • Prolongar el embarazo lo más posible. El objetivo es darle tiempo al bebé de madurar y estar mejor preparado para la vida fuera del útero. De ser necesario, tu médico te puede mandar reposo absoluto y administrarte medicamentos para madurar los pulmones del bebé. El momento ideal para el nacimiento depende de tu caso específico, sin embargo, los nacimientos a partir de las 34 semanas de embarazo en pacientes estables tienen resultados óptimos, según ACOG.
    • Planificar el nacimiento. El método recomendado para el nacimiento es la cesárea, que debe realizarse antes de que la madre entre en trabajo de parto.
    • El nacimiento debe realizarse en un centro médico que tenga el personal y la capacidad para atender procedimientos de alto riesgo, así como un banco de sangre bien abastecido. El equipo médico debe ser transdisciplinario e incluir especialistas en anestesia, obstetricia, cirugía pélvica, medicina materno-fetal, neonatología, urología, radiología, hematología y cuidados intensivos.
    • La recomendación es realizar la histerectomía justo después del nacimiento del bebé, manteniendo la placenta intacta dentro del útero para reducir la hemorragia.
    • Si no deseas que se realice la histerectomía, tu médico puede evaluar si la placenta logra desprenderse por su cuenta o removerla, dependiendo del tipo y grado de adherencia. Si se realiza este procedimiento, aún corres el riesgo de sufrir hemorragias, requerir una histerectomía posterior o tratamientos adicionales, perder tu fertilidad y tener embarazos complicados en un futuro. 

      Fuentes:
      American College of Gynecologists and Obstetricians. Committee Opinion: Placenta Accreta. Accedida 28 de febrero del 2016.
      Cabero Roura, Luis, et al. Obstetricia y Medicina Materno-Fetal. Editorial Médica Panamericana (2007). pp. 614-616.
      Eller, AG., et al. Optimal Management Strategies for Placenta Accreta. En: BJOG: An International Journal of Obstetrics and Gynaecology. 2009; 116:648-654. Accedida en línea el 28 de febrero del 2016.
      Silver, Robert M., et al. Center of excellence for placenta accreta. En: American Journal of Obstetrics and Gynecology. 2015; 212(5):561-568. Accedido en línea el 28 de febrero del 2016.