Ocho cosas que debes saber sobre el presidente George Washington

Inmensamente rico, poco religioso, gran defensor del imperio de la ley

George Washington fue el primer presidente de Estados Unidos. Librería del Congreso. LC-USZ62-7585-DLC.

George Washington (1732-1799) fue el primer presidente de los Estados Unidos. Jugó un papel importantísimo en la Independencia como comandante en jefe del Ejército rebelde.

Es, junto con Abraham Lincoln, uno de los presidentes más queridos y admirados.

Las siguientes curiosidades ayudan a conocer a Washington y entender su verdadera personalidad y la época en la que le tocó vivir.

Huérfano desde temprana edad

Washington era tercera generación americano. Su bisabuelo había emigrado desde Inglaterra a la colonia de Virginia donde nacieron sus descendientes. El padre de Washington falleció cuando su hijo contaba con 11 años de edad. Era un propietario de plantaciones de tamaño mediano dejando al morir en herencia a su viuda y a sus hijos un total de 49 esclavos y 10 mil acres de tierra.

Educación formal básica

Mientras que alguno de sus hermanos recibió una gran educación formal, lo cierto es que el primer Presidente sólo tuvo una elementaria. Años más tarde, su vicepresidente John Adams llegó a calificar a Washington de analfabeto y cabeza de borrego.

Sin embargo, sus hechos y sus cartas –más de 17.000- dejan constancia de que aunque carecía de una educación formal, Washington estaba muy lejos de ser una persona sin cultura o conocimientos.

Su aspecto físico causaba gran impresión

Washington era tremendamente alto para su época, midiendo seis pies y dos pulgadas.

Además, era pelirrojo, aunque cambia el color de su cabello aplicándole polvos de talco –nunca usaba peluca. Ataba el cabello con un lazo de terciopelo.

Asimismo, vestía bien, especialmente después de su matrimonio y poseía un innegable aire aristocrático a lo que contribuían costumbres como negarse a saludar dando la mano, muy en boga ya en la América del siglo XVIII, prefiriendo una inclinación de la cabeza.

Además, sonreía poco, quizá porque era consciente de lo mal que le quedaban unos dientes postizos que llevaba y habían sido hechos de marfil de hipopótamo.

Su presencia, sin duda, era fuera de lo común y Washington supo aprovecharla para fines militares y políticos.

Washington inició él sólo laGuerra de los Siete Años

De joven fue topógrafo y teniente coronel de las milicias de la colonia de Virginia. En este cargo fue enviado al mando de un grupo de colonos voluntarios y de indios iroqueses al valle del Ohio, cerca de lo que hoy es Pittsburg, para hacerle saber a los franceses, que descendían desde Quebec, que estaban en territorio del imperio británico.

En 1754, tras un malentendido con un teniente francés, ordena a sus hombres disparar, causando la muerte de diez franceses. La venganza de París tardó en llegar, pero fue contundente y dio lugar a la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Se considera la primera guerra mundial ya que se desarrolló en Europa, las Américas, India, las Filipinas, el Caribe y el océano Atlántico.

Su acción le hizo ser conocido, pero no en términos de alabanza. De hecho, llegó a ser catalogado como un joven de Virginia que en un remoto lugar de América prendió fuego al mundo.

Su matrimonio lo convirtió en un hombre extraordinariamente rico

Se casó con Martha, una rica viuda madre de dos hijos, lo que convirtió a Washington en un gran propietario de plantaciones y esclavos. Su casa, Mount Vernon, estaba atendida por 13 sirvientes, era famosa por recibir a cientos de invitados. Su riqueza le permitió dedicarse a actividades aristocráticas como la cría de caballos y de galgos.

No tuvo hijos pero es bien conocido el afecto que sintió por sus hijastros, sufriendo grandemente el fallecimiento de la hija de su esposa en la adolescencia. El hijastro de Washington bautizó a su hijo con el nombre del marido de su madre en reconocimiento del gran cariño existente entre ellos.

No fue un revolucionario

Su idea era hacer carrera dentro del Imperio británico. Pero las circunstancias, el desarrollo de los acontecimientos y los perjuicios económicos causados por los ingleses acabaron moviéndolo hasta no sólo defender la idea de la independencia sino a convertirse en el comandante en jefe de las fuerzas rebeldes.

Mantuvo toda su vida esclavos negros y creía que los indios eran crueles e indignos de confianza. Siempre se mostró partidario de la expansión hacia el Oeste sin tener en cuenta los intereses de las tribus nativas.

No era particularmente religioso

Aunque pertenecía a la iglesia anglicana donde llegó a ejercer de sacristán lo cierto es que no siempre asistía a los servicios religiosos de los domingos, lo cual era raro en aquella época en su clase social. Tampoco estaba interesado en asuntos de doctrina religiosa y se considera que podía ser un deísta.

Era un gran tolerante en materia de religión y reconocía que ésta era fundamental como fuerza civilizadora. En su Discurso de despedida de 1796, Washington resalta la necesidad de ser morales y que no es posible ética sin religión.

Su presidencia fue peculiar

Washington fue elegido presidente con 57 años. Fue el único Jefe del Ejecutivo que desempeñó sus funciones en Nueva York (39 de la calle Broadway, a la altura de Wall Street) y luego en Filadelfia. Tanto le impresionó ser elegido la primera vez que fue incapaz de redactar de su puño y letra la carta de aceptación, que tuvo que dictar, limitándose sólo a firmarla.

Sus dos términos en la presidencia se caracterizaron por intentar responder a las distintos intereses económicos y políticos de la nueva nación, por la prosperidad económica, por ser un gran defensor de la separación de poderes, por dedicarse en persona a los tratados, como por ejemplo los sellados con los indios, y por el nacimiento incipiente de los partidos políticos.

Su pensamiento político quedó plasmado en su Discurso de despedida, redactado con ayuda de Alexander Hamilton, donde declara que:

  • La Constitución es sagrada y es de obligado cumplimiento para todos.
  • América es una nación basada en el principio de legalidad o imperio de la ley (the rule of law).
  • No es en el mejor interés de Estados Unidos involucrarse en líos extranjeros.
  • Y que un gobierno basado en la ley debe ser un gobierno moral. Y que no es posible ser una nación moral sin una ética basada en la religión.