Mujeres astrónomas en la antigüedad

El primer astrónomo conocido fue una mujer

Hasta el siglo XVIII, la contribución de la mujer a la ciencia y especialmente a la astronomía adquiere tintes legendarios, ya que según doctrinas peripatéticas y escolásticas imperantes desde Aristóteles hasta muy avanzado el Renacimiento, rechazaban como diabólico cualquier conexión de la mujer con las áreas de conocimiento que parecían reservadas a los hombres. En la sociedad todo estaba dispuesto como se estructuraba en la Iglesia, donde los estudios eran privativos de la masculinidad, mientras que el papel de la mujer quedaba relegado al servicio doméstico y reproductivo del varón.

Astronomía y religión

En la antigüedad, las labores científicas estaban relacionadas con la religión. Los astrónomos sumerios, babilonios, chinos y egipcios eran antes sacerdotes a la sombra del poder que científicos que se cuestionaran el porqué de los movimientos astrales. Hasta los que consideramos primeros astrónomos en la antigua Grecia.

Las mujeres que tuvieran algún tipo de inquietud científica debieron ser sacerdotisas para que sus opiniones tuvieran algún efecto social. Desgraciadamente, aunque tal vez fueron numerosas las mujeres que aportaron su trabajo a la ciencia astronómica, han quedado relegadas al olvido porque la historia de la ciencia la han escrito hombres.

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Enheduanna de Ur

Disco de Enheduanna
El llamado disco de Enheduanna muestra a la sacerdotisa realizando una ofrenda. University of Pennsylvania Museum

¿Sabes quién es el escritor más antiguo que se conoce? Pues se trata de una mujer poeta relacionada con la astronomía, Enheduanna (2285–2250 aC), de la que se conoce en buena medida su biografía, aunque viviera hace más de 4 300 años. Paradójicamente, desconocemos los nombres de muchas de las científicas que realizaban labores de cálculo en los observatorios europeos en el siglo XIX y principios del XX. Se trata de la única mujer entre los grandes autores de la literatura antigua.

También conocida como Enkheduanna, En-hedu-ana, se trata de una construcción fonética que significa En=sacerdotisa, hedu=ornato y anna=dios (suma sacerdotisa ornato del dios) vivió en la ciudad estado sumeria de Ur, en el actual Irak. Hija de reyes fue nombrada por su padre, Sargón de Acadia como suma sacerdotisa de Nanna o Nannar, uno de los grandes dioses del panteón sumerio, aunque devota de la diosa Inanna.

El primer astrónomo era mujer

Como sacerdotisa del dios lunar, entre sus tareas figuró levantar calendarios litúrgicos para lo cual estableció rituales relacionados con los astros que incluso hoy perduran transformados para otras religiones.

Participó en la política, primero apoyando a su padre y después a sus hermano el rey Rimush, aunque también tuvo que sufrir el exilio por ese apoyo, aunque recuperó su función como sacerdotisa y fue considerada casi una divinidad tras su muerte, mientras sus escritos fueron reproducidos y estudiados durante siglos posteriores.

Los escritos firmados más antiguos

Enheduanna es sobre todo conocida por escribir poesía lírica, himnos de alabanza, y relatos heroicos 1 700 años antes que Safo y 1 600 años antes que Homero, especialmente la llamada Exaltación de Ianna. Para situarnos en el contexto histórico, en esa época se desarrollaba el Reino Antiguo en Egipto, en Mesoamérica comenzaba a desarrollarse la cerámica, en Creta despuntaba la civilización minoica y Europa occidental se encontraba inmersa en la Edad del Bronce.

Joe Janes señala que "la Exaltación es 700 años más antigua que el Libro Egipcio de los Muertos, más de 1 000 años anterior al I Ching y 1 500 años más antigua que la Ilíada y la Biblia hebrea".

Un cráter de Mercurio lleva su nombre

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Aglaonice de Tesalia

Pintura griega
Pintura griega de cabeza de una sacerdotisa, hacia el siglo IV aC. Dominio Público

Apenas unas pocas referencias de Plutarco y Apolonio nos permiten saber de la existencia de Aglaonice, también conocida como Aglaonike, o Aganice de Tesalia, aunque como bruja de Tesalia aparece en muchas historias. Vivió hacia el siglo V aC, hace 2 500 años. Se la ha señalado como la primera astrónoma de Grecia.

Plutarco escribió: "… y ha oído que Aglaonice la hija de Hegétor de Tesalia, por ser experta en eclipses de luna llena y por conocer de antemano el tiempo en que sucede que la luna es obscurecida por la sombra de la tierra, engañaba y convencía a las mujeres de que ella hacía bajar la luna".

Las brujas de Tesalia

En torno a ella se agruparon otras observadoras del cielo con capacidad para conocer el movimiento de los astros y predecir efemérides astronómicas a las que se conocía como las brujas de Tesalia. Platón citando a Sócrates habla de "las hechiceras de Tesalia, que, como suele decirse, hacen caer la luna del cielo a riesgo de su propia perdición".

La astronomía moderna la homenajea denominando un cráter de Venus en su honor.

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Hipatia de Alejandría

Hipatia de Alejandría
Hipatia, pintura de 1885 de Charles William Mitchell (1854 - 1903). Charles William Mitchell

Desde Aglaonice tienen que transcurrir más de 500 años para que la historia nos conceda otro nombre para la astronomía. Su contribución más reconocida a la astronomía serían los comentarios a la obra de Apolonio de Pérgamo, aunque también revisó las tablas astronómicas de Ptolomeo, confeccionó un planisferio y mejoró el antiguo astrolabio.

Más conocida por su descuartizamiento a manos de fanáticos cristianos, Hipatia de Alejandría, filósofa y astrónoma ha sido considera un modelo  para muchas científicas. Hija de Teón, un importante astrónomo de la escuela de Alejandría, creó una escuela neoplatónica a la que acudían estudiantes de todo el mundo, atraídos por la fama de la sabia.

Honran su memoria el asteroide Hypatia, descubierto en 1884, y un cráter lunar Hipatia, además de una zona del Mar de la Tranquilidad conocida como Rimae Hypatia. Lleva su nombre también un cometa que chocó con la Tierra hace 28 millones de años.

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Fátima de Madrid

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Constelación de Andrómeda árabe. Dominio Público

Cuando se estudian las vidas de mujeres astrónomas en la historia, es frecuente encontrarse con féminas de dudosa existencia o con biografías apócrifas que se repiten en la red por lo bien historiadas. Uno de esos casos es el de Fátima de Madrid que forma parte del calendario editado en 2009 por el grupo de trabajo español "Ella es una Astrónoma". Puedes encontrar una referencia similar en Wikipedia y en otras páginas de Internet.

Sin embargo, la referencia más antigua y única que se conoce data de 1924 de una entrada en la Enciclopedia Espasa, donde se cuenta que Fátima de Madrid era hija del célebre astrónomo Maslama de Madrid (al-Mayriti), que residió en Córdoba y fue astrólogo de Almanzor, el terror de los reinos cristianos de la Península Ibérica, además del gran divulgador de las tablas astronómicas orientales y del astrolabio.

El padre es de sobra conocido, pero no existe conocimiento de una hija que le ayudara en su Tratado del Astrolabio, ni que hiciera comentarios a las Tablas Astronómicas de al-Juarismi, ni que escribiera unas supuestas Correcciones de Fátima a la astronomía conocida hasta que apareció en el Espasa.

La leyenda de una mujer instruida en los misterios del cielo durante el floreciente califato cordobés del siglo X es muy romántica y posiblemente haya dado lugar a novelas aventureras, pero de ella la historia no guarda más huella que una dudosa referencia.