Miércoles milagrosos: Encontrar trabajo con la ayuda de Dios

Tal vez en tu país también sea popular ese refrán que dice: "Dios dijo: ayúdate que yo te ayudaré". No aparece en la Biblia, pero eso no quiere decir que no sea cierto. Si te preguntas cómo funciona, comparto contigo mis propias experiencias milagrosas cuando he necesitado conseguir un trabajo nuevo.

Cuando me gradué de la universidad, me fui a vivir a Puerto Rico por unos meses en lo que decidía qué hacer con mi vida.

Quería estudiar una maestría en arte, pero para eso necesitaba un trabajo que me lo permitiera y por eso solicité uno como maestra en las escuelas públicas de Nueva York. En esos tiempos era muy fácil convertirse en maestro siempre que tuvieras un grado universitario. Sin embargo, cuando llegué a Nueva York, ya aceptada en el programa de maestría, me di cuenta de que no iba a ser tan fácil. Las clases de arte y el trabajo eran a la misma hora. Hablé con mi profesora y ella me dijo, "matricúlate" y yo le seguí el consejo. Lo que quería decir que no tenía ni trabajo ni dinero para pagar la universidad... Aunque no dejé que eso importara demasiado.

Algo milagroso ocurrió entonces: unos cuantos días después de "dar el salto" y matricularme en la escuela de arte, me llegó por correo una licencia para ser maestra sustituta. Mi primera lección para conseguir trabajo bajo la gracia de Dios fue tener fe, seguir mi corazón, y también escuchar el consejo que me dio la profesora.

Si lo hubiera consultado con alguien, seguramente me hubieran dicho que no lo hiciera. A mí misma me parecía una idea descabellada, pero la intuición me dijo que la profesora me estaba hablando como te habla el Espíritu Santo. Algo me decía que la escuchara, que su mensaje iba más allá de sus palabras.

Meses más tarde, entré en la oficina del departamento de arte, y la secretaria me preguntó: "Are you Tanya Torres?" y yo le dije que sí, que era Tanya Torres. "Tengo un cheque para ti," me dijo.

Sorprendida, recibí en mis manos un cheque de $5,000 por una beca que yo nunca había solicitado. Eso pagó toda la maestría. Todo por haber dicho que sí y echar a un lado el miedo a lo desconocido. Lección número 2: Aprender a decir que sí.

Cuando ya estaba terminando la maestría, necesitaba un trabajo que me pagara más que mi sueldo de maestra sustituta, que aunque era muy conveniente, era solo a tiempo parcial. Me ofrecieron un trabajo como maestra de español y lo acepté. Pero no creas que esto fue una bendición. Todo lo contrario. Fue una lección más grande que las anteriores. Ser maestra de español en una escuela intermedia de Nueva York es uno de los trabajo más difíciles del mundo... o al menos así me sentía yo en esos momentos. Lección número 3: Decide lo que realmente quieres lograr en tu vida. Poco tiempo más tarde, dejé el trabajo de maestra sin tener la menor idea de cómo iba a conseguir otro.

A los pocos días, deprimida, me fui a caminar por Nueva York y me senté en las escaleras que están frente a la gran biblioteca pública de la calle 42 a ver a la gente pasar.

Todas las personas parecían empleados de oficina. Como en los cuentos de hadas, me puse a soñar y a pensar: "Ay, si tuviera un trabajo frente a una computadora..." Cuando llegué a mi casa, en la máquina contestadora había un mensaje de una persona para quien había escrito unas lecciones de español para un libro de texto escolar durante el tiempo en que fui maestra. Él me preguntaba que por qué no le había dicho que estaba libre y me ofrecía un trabajo... frente a una computadora. Lección número 4: Pide con claridad lo que quieres.

Pasaron los años. Poco a poco me fui cansando de ser editora de textos escolares cuando lo que realmente quería era ser artista y escritora. Entonces, inspirada por Ángelo Romano, empecé a hacer trabajo voluntario relacionado con el arte. Donde me invitaban, yo iba a dar un taller o hacer una exhibición.

Empecé a escribir sobre arte y eventos culturales en un periódico. Me eduqué en temas espirituales. Y aunque cometí muchos errores en el proceso, descubrí una fórmula infalible para encontrar el trabajo que mi alma anhelaba: dar para recibir.

"Ayúdate que yo te ayudaré" es una frase que suena un poco sarcástica y hasta ofensiva según quien la pronuncie, pero que contiene la clave para que el ser humano logre todo lo que se proponga con la ayuda de la Gracia Divina. La clave está en remover el sarcasmo y aprender a ver las palabras como un mapa hacia la prosperidad y el bienestar. Cuando el alma humana anhela algo, solo puede estar bien si lo practica. Y es ese mismo bienestar lo que ayuda a "atraer" o a recibir aquello que se desea. En el nivel de la materia, cuando das tu trabajo, la gente aprende a conocerte, y a apreciar y confiar en tu trabajo. A nivel espiritual, la acción es la oración más sincera y práctica que le puedes ofrecer a Dios. Cuando das, todo lo que ofreces con tu corazón se te multiplica.

¿Cuál fue la conclusión de mis milagritos de trabajo? Todas esas exhibiciones y talleres que hice, todos esos artículos que publiqué gratis, y todas esas experiencias que tuve mientras hacía lo que me pedía el alma aún sin recibir remuneración, se convirtieron en la realidad de vivir de las dos cosas que más amo hacer: pintar y escribir en Ángeles y milagros.

Cada camino en la vida es distinto, pero estas lecciones se pueden aplicar a cualquier cosa que quieras lograr en tu vida:

  1. Ten fe.
  2. Sigue los dictados de tu corazón.
  3. Di que sí aunque tengas miedo.
  4. Decide lo que quieres lograr en tu vida aunque sea difícil.
  5. Expresa tu deseo con claridad.
  6. Ofrece lo mejor de ti sin rendirte.
Es cuestión de tiempo. Mientras tanto no dejes tu trabajo si lo tienes y puedes soportarlo, pero deja de ver televisión e invierte el tiempo en orar-en-acción por tu obra maestra: tu propia vida.