Los veleros solares

El velero solar ha sido probado con éxito en el espacio

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Representación artística de la vela solar japonesa IKAROS. Andrzej Mirecki

La vela de fotones que impulsa este sistema de navegación se basa en la presión de la luz sobre una delgada, pero gigantesca vela circular (aunque existen otras cuadradas y helicoidales), de varios kilómetros de diámetro. Existen variantes que pueden ayudar a incrementar la presión sobre la vela e impulsar así las naves, como un haz de rayos láser, velas de partículas que se magnetizan o microcélulas solares.

El combustible sería siempre proporcionado por los soles que se encuentre la nave en su recorrido cósmico.

Que este tipo de nave funciona es seguro, ya que ha sido probada por la agencia espacial japonesa (JAXA). Pero para viajar a las estrellas se requeriría una ciclópea vela solar construida directamente en el espacio.

La idea de velero solar nació en Kepler

La idea de un velero solar espacial no es nueva. Kepler en su Somnium (1634), la primera obra de ciencia ficción, considera la posibilidad de volar empujado por la energía solar. Tal idea se apoyaba en sus observaciones de cometas, cuyas colas se orientan siempre en dirección opuesta al Sol, como si la estrella soplara contra ellas. En una carta dirigida por Kepler a Galileo, escribió: "Habrá buques o velas adaptadas a las brisas celestiales".

James Clerk Maxwell, en 1864, desarrolló su teoría de los campos electromagnéticos y evidenció que la luz solar ejercía cierta presión sobre los objetos y que fue demostrada por Pyotr Ledebev en 1899.

Aunque se considera que la primera aportación técnica al velero solar se debe a Friedrich Tsander quien escribió en 1924 que podían usarse finísimos espejos empujados por la presión de la luz solar "para alcanzar velocidades cósmicas".

Nuevos materiales para la vela solar

Desde los años 60, las aportaciones técnicas han sido numerosas ya que la NASA se interesó por este modelo de propulsión que adquirió un nuevo impulso con el desarrollo de un nuevo material, el PET aluminizado, con el que la agencia espacial rusa construyó un modelo en 1993, el Znamya, cuyos resultados no fueron adecuados y canceló el programa en 1999.

Aún así la tecnología ha ido progresando y ya se han construido cinco artefactos que han conseguido desplegar sus velas solares con éxito dado que todas las agencias espaciales del mundo siguen interesadas y estudiando su viabilidad y de hecho, la NASA financia una competición para alcanzar el punto de Lagrange L1 por medio de velas solares.

The Planetary Society, la sociedad fundada por Carl Sagan, también ha realizado pruebas en 2015 con el denominado sistema Lightsail que pretenden ponerlo en marcha próximamente.

El velero solar, una tecnología que funciona en la ciencia ficción

Hasta ahora, el único aparato que sigue funcionando fue lanzado por la agencia espacial japonesa (JAXA) que concluyó en 2010 el programa IKAROS, una nave que utiliza velas solares como propulsión. Aunque la misión principal concluyó con éxito en Venus, todavía viaja con rumbo a Júpiter y los asteroides troyanos.

En realidad se trata de una tecnología que de desarrollarse adecuadamente no parece poner límites a sus posibilidades como transporte estelar. Se calcula que se podrían conseguir alcanzar la mitad de la velocidad de la luz y ello nos situaría a ocho años de la estrella más cercana.

Por esa eficacia y espectacularidad ha sido un recurso utilizado profusamente en la ciencia ficción, desde Julio Verne en una referencia en De la Tierra a la Luna, a la película Avatar de James Cameron.

El malvado Conde Dooku usa un velero solar en la saga La Guerra de las Galaxias (Star Wars).

Pero nadie como Arthur C. Clarke ha explicado mejor el funcionamiento en un relato, El viento del sol (1963). El velero solar Diana gana la regata que sirve a Clarke para realizar un tratado de formas y sistemas de velas fotónicas.

Más información

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    Imagen 1: Representación artística de la vela solar japonesa IKAROS. Crédito: Andrzej Mirecki