Los secretos del aquelarre

Entérate de qué ocurre cuando los brujos están de fiesta.

Francisco de Goya: El aquelarre. Foto: Crisco 1492

El aquelarre o sabbat (palabra hebrea que significa descanso o cesación) es una reunión de brujas, brujos o hechiceros en honor a Satanás. Si bien miles de personas fueron ajusticiadas bajo la acusación de haber participado en estos encuentros ilegales, sólo han llegado hasta nosotros las actas acusatorias; no han sobrevivido pruebas de que estos encuentros se hayan en verdad realizado. No obstante, y de seguir con la teoría que insiste con la veracidad del sabbat o aquelarre, su época de apogeo parece haber tenido lugar entre fines de la Edad Media hasta fines del siglo XVIII.

El origen del término sabbat para describir una reunión de brujas tiene raíz en un viejo prejuicio: ya que la religión judía santifica el sábado como día de descanso obligatorio, algunos gobernantes cristianos de la Edad Media, de profundos sentimientos antijudíos, buscaron relacionar el descanso prescrito por la religión judía con la actividad brujeril; por ello se decía que el sabbat era celebrado los viernes por la noche, en consonancia con el principio del descanso sabático judío, que comienza con la aparición de la primera estrella en el firmamento vespertino del día viernes.

El sabbat también es llamado aquelarre (palabra en euskara-la lengua vasca- que significa campo del macho cabrío), ya que se estimaba que el Diablose hacía presente en medio de las brujas bajo esta forma.

Un aquelarre o sabbat consta de cinco etapas:

1)La convocatoria: sólo los miembros de la congregación de brujas o hechiceros que participarán en el aquelarre reciben noticia de que éste va a celebrarse.

Los mecanismos más renombrados eran una campana que sólo oían los adeptos y un escozor en la llamada marca del Diablo, que el brujo o hechicero ocultaba y que los inquisidores utilizaban como prueba en los juicios por brujería. La asistencia al sabbat es obligatoria.

2)El homenaje a Satanás: según las actas de acusación de las brujas, el Diablo espera solemnemente ser homenajeado y para ello se le rinden las ofrendas correspondientes.

Las ofrendas no siempre tienen un carácter siniestro, sino que pueden ser simplemente objetos producto de un robo o la prueba de que se ha cometido un acto ilícito a ojos de la ley divina. Los primeros en ofrecer estos votos son los brujosde mayor jerarquía, los últimos los brujos novicios o recién iniciados. A estos se les coloca la marca que distingue a un brujo en una parte recóndita del cuerpo y pasan desde ese momento a ser miembros plenos de la cofradía.

3)El banquete: dos interpretaciones opuestas aparecen aquí. Una de ellas afirma que durante el sabbat se consume carne humana, especialmente de niños, aunque esto nunca haya podido ser probado. La otra, que los manjares están destinados a excitar los sentidos y a preparar a los asistentes para las siguientes etapas del aquelarre.

4)El baile: al son de instrumentos musicales, los asistentes se abandonan a una danza que comienza con movimientos organizados; pueden danzar en círculo, unidos por los hombros, o formando el ouroboros, la serpiente que se muerde la cola. De a poco la danza pierde unidad y se va transformando en una sucesión frenética de sacudones.

5)La orgía: para los inquisidores, la razón última del sabbat era el emparejamiento sexual con el Diablo y el de los brujos entre sí.

Cuanto más repugnante y ofensivo sea el acto sexual, más favorable es a los ojos de Satanás. Finalmente, todo acaba con el canto del gallo.

¿Existieron en verdad los aquelarres o fueron parte de la febril imaginación de los inquisidores y perseguidores de hechiceros y brujas? Imposible saberlo. Las actas de acusación no mencionan haber sorprendido a una cofradía de brujos entregados al sabbat ni una sola vez, pese a que debieron de haber sido bastante ruidosas esas reuniones. Es probable, entonces, que el aquelarre no sea un fenómeno comprobable históricamente hablando, pero que su propia leyenda haya dado lugar a la realización de reuniones de brujos en la época moderna, ya liberados del temor de la persecución. Ignoramos si el verdadero Satanás se digna a asistir a tales reuniones.