Los qualia

Las experiencias conscientes de la mente

Mente
Mente. United States public domain

La palabra qualia deriva del latin “qualis” que etimológicamente significa “como es”. En filosofía se usa para definir un concepto de la experiencia mental: la vivencia personal y subjetiva de las cosas.

El principio desde el que se parte no es ni puede ser objetivista, es profundamente subjetivista, tanto que puede ser considerado puramente solipsista. El solipsimo significa que solo es real aquello que experimenta directamente un individuo, careciendo de toda demostración de realidad cualquier cosa ajena a su propia y directa experiencia, es decir, lo único de lo que hay constancia de existencia es del propio yo, de lo que éste experimenta.

Y eso son, precisamente, los qualia, el como la mente -el “yo”- registra las experiencias, las emociones y las sensaciones.

Los qualia son experiencias de la mente

Se parte del principio de que cualquier experiencia, aunque sea realizada en común, es vivida de manera personal e intransferible por cada uno de los sujetos que la comparten.

En realidad no puede saberse si una experiencia compartida es vivida o no de idéntica manera, solo puede saberse que es personal e intransferible lo experimentado. Es así por un sencillo motivo, por mucho que alguien intente describir lo que siente dificilmente podrá concluirse nada de la comparación con la descripción de cualquier otro, porque aunque fuesen idénticas lo que experimenta y siente cada persona, por definición, solo lo sabe ella, dado que es indudable que solo lo sabe su mente. Es decir, la subjetividad aquí es absoluta porque es algo que se quiera o no solo puede vivirlo el sujeto.

Esto nos lleva a la separación de dos conceptos, el de la mente en cuanto “yo” subjetivo y el del cerebro en cuanto su soporte físico y material -con independencia o no de que sea también el origen de la mente consciente-. A la filosofía lo que le interesa es la primera parte del fenómeno, el de la mente como “yo” consciente.

A la neurología le interesa, sin embargo, la conexión entre mente y cerebro. Así que en este campo existen puntos de coincidencia e interacción ente la filosofía y la ciencia -no solo la neurología, también otras ramas como la psicología se ocupan de la cuestión-.

Los qualia en la filosofía

Desde la filosofía un qualia es toda sensación, emoción o experiencia que se traduce en una vivencia consciente, es decir, en una concreta y personal interpretación subjetiva de eso que se ha vivido. De cualquier cosa, desde una emoción intensa como, por ejemplo, lo que se siente al enamorarse, hasta el esparcimiento más trivial como, por ejemplo, ver un concurso de televisión.

Da igual lo que sea, el hecho es que cualquier cosa experimentada conscientemente, absolutamente cualquier cosa, constituye en si misma un qualia, porque cualquier cosa la vive solo quién la vive y, además, la vive en ese momento. Es decir, la subjetividad es tal que está en cuestión que exactamente la repetición de la misma experiencia y en las mismas circunstancias por el mismo individuo produzca el mismo qualia, en otras palabras, que se experimente de la misma manera y produzca la misma emoción -podría parecerse mucho pero no está claro que sea la misma-.

Cada qualia es inefable -es decir, no puede decirse con palabras, puede intentarse pero no logrará conseguirse, a lo sumo será una descripción inexacta y voluntarista-, privada -cada cual tiene su propia experiencia particular a la que no podrá acceder nadie más-, única y directamente relacionada a lo que la provoca -se la lectura de una novela, sea un beso, sea una canción, sea el olor de un perfume cada una de esos cosas provoca un qualia diferente, y, como se ha dicho, ni siquiera comparable a otro qualia que la repetición de la experiencia pueda producir en la misma persona-, y es necesariamente consciente -es algo propio de la mente consciente, nos damos cuenta de que estamos teniendo esa experiencia-.

Qualia, zen y koan

Curiosamente tanto el fenómeno en sí como su descripción es altamente coincidente con formulaciones de la filosofía zen sobre la mente.

El zen considera que existen experiencias que son únicas, vivenciales e indescriptibles, que en cierto modo solo se pueden comprender por la asimilación de la pura experiencia y por la intuición o “iluminación”, dificilmente por la reflexión sobre las mismas. Los koan, que son paradojas o enigmas zen, son un instrumento que busca impactar en el individuo al que son dirigidos para provocar en él una “iluminación” de este tipo. Un koan es y no es reflexivo, es un asunto a resolver pero... por la comprensión de una experiencia -no por un aprendizaje cognitivo-.

Existen koan de diversos tipos, unos están “estandarizados” y son formulaciones recogidas de diferentes tradiciones o maestros zen, los podríamos considerar los koan más literarios pues no son formulaciones nuevas o particulares sino acertijos o historias conocidas -lo que no impide que interaccione de manera diferente en cada sujeto, pero eso pasa con un koan o con cualquier cosa, pues cualquier experiencia es un qualia-, que pueden tomar forma de narración paradójica o ser solo una frase o una expresión paradójica. Otros son formulaciones no tradicionales y “ex novo” que un maestro zen puede dirigir a un alumno y puede ser cualquier cosa, incluso la más aparentemente azarosa posible, por ejemplo, preguntar “¿como huele una rosa?”

Como se ve, entre el concepto de qualia y el del funcionamiento de la experiencia para el zen existe un alto grado de coincidencia. La diferencia básica consiste, probablemente, en la perspectiva desde la que se aborda la cuestión, la filosofía occidental se pregunta acerca de las relaciones subjetivas de esas experiencias y la mente, el zen, en realidad, no lo hace, digamos que es más pragmático: se limita a experimentarlas.

De hecho, para el zen, reflexionar cognitivamente sobre el asunto es la forma de no resolver el asunto, la forma de hacerlo es experimentarlo y comprenderlo por la revelación de la propia experiencia, no por la reflexión sobre la misma. Pero la base de toda la filosofía occidental es reflexiva por ello abordamos el problema, inevitablemente, desde esa perspectiva, a fin de cuentas...

está en nuestra naturaleza. Sin embargo una cosa no es mejor o peor que otra, el centrarse en la cosa en sí y no en la reflexión sobre la misma es concentrar la atención en ella de una manera determinada, en el centrarse en la reflexión sobre la misma es concentrar la atención en ella de otra manera determinada. Pero de ambas formas se hace lo mismo: concentrar la atención.