Los misterios de Júpiter desvelados

Datos y condiciones para su observación

Perspectiva de Júpitar desde una de sus lunas. Getty Images

Júpiter es un objeto celeste fácilmente observable a simple vista (se trata del cuarto más brillante tras el Sol, la Luna y Venus) y perfectamente definido con prismáticos (incluso unos buenos binoculares permiten ver a los satélites galileanos), pero la mejor observación para distinguir las bandas requiere el uso de telescopio.

Júpiter forma parte de los llamados planetas gaseosos (además de Urano, Saturno y Neptuno).

Se considera que no posee una superficie sólida, pero no se tiene gran certeza al respecto porque su núcleo es rocoso, y lo que se observa desde el exterior es la parte externa de una gruesa atmósfera.

Según los estudios, Júpiter se compone de un núcleo rodeado por una gruesa capa de hidrógeno metálico líquido y por encima otra capa atmosférica formada por hidrógeno (90%) y helio (10%).

Expediciones a Júpiter

El estudio in situ de Júpiter comenzó con el Pioneer 10 (1973), seguido por el Pioneer 11 (1974).

Luego vinieron los Voyager 1 y 2 (1979). La sonda Ulysses sobrevoló el planeta gigante en 1992 y utilizó su campo gravitatorio para impulsarse hacia el Sol.

La sonda Galileo, lanzada en 1989 llegó a Júpiter en 1995 y acabó su misión en 2003 con los datos más espectaculares sobre el planeta gigante y sus satélites. También la nave Cassini ha enviado impactantes imágenes del planeta gigante.

Datos de Júpiter

  • Radio: 71 492 km (11,2 veces el radio de la Tierra)
  • Masa: 1,90x1027 kg
  • Distancia del Sol: 778 000 000 km (5,20 unidades astronómicas)
  • Rotación: 0,41 días terrestres
  • Traslación: 4 332 días (11,8 años terrestres)
  • Temperatura media: –121ºC

La atmósfera de Júpiter

Con un telescopio normal se puede apreciar en la superficie de Júpiter unas extraordinarias bandas de color debidas a capas de nubes que ocupan una pesada atmósfera.

Lo cierto es que el planeta gigante se va compactando. Hoy es la mitad de grande que cuando se formó. La atmósfera de Júpiter es tan compleja como la terrestre, pero a lo bestia, dado que la rápida rotación de Júpiter provoca corrientes atmosféricas colosales.

Incluso a través del telescopio se pueden observar las franjas de color oscuro o zonas de color claro que dividen al planeta. El color es producido por los gases que forman las nubes. Si tienen más contenido de amonio serán blancas, si predomina el hidrosulfuro de amonio, serán de color marrón rojizo.

Los datos de la sonda Galileo indicaron que la atmósfera de Júpiter es más seca de lo esperado. Las mediciones mostraron pocas nubes y rayos sólo en la distancia. Sin embargo, los análisis posteriores señalaron que la sonda había entrado en una zona que los astrónomos denominaban como "punto caliente". Poco antes de alcanzar la superficie donde se vaporizó por el calor atmosférico, la sonda tuvo que soportar vientos de 450 kilómetros por hora.

La Gran Mancha Roja de Júpiter

Una de sus más llamativas características es la "Gran Mancha Roja", una región de altas presiones atmosféricas, con nubes más altas y frías que las de su alrededor y que abarca una superficie oval de unos 25 000 kilómetros de longitud y 12 000 kilómetros de ancho.

Se trata de una formación tormentosa que ya se observó hace 300 años, pero que con el transcurrir del tiempo va perdiendo intensidad.

De hecho, se está reduciendo según demuestran la imágenes tomadas por el telescopio espacial Hubble. Las observaciones históricas se remontan a finales de 1800, aunque los astrónomos consideran que referencias del siglo XVII, podrían señalar el mismo fenómeno como "lugar permanente". A comienzos del siglo XX se consideraba que la GMR abarcaba 41 000 kilómetros, tres veces la Tierra.

La Gran Mancha de Júpiter se reduce mil kilómetros al año

En 1979 y 1980 las naves Voyager de la NASA midieron Júpiter y sus satélites y el lugar se había encogido hasta los 23 335 kilómetros de ancho.

Las nuevas mediciones del Hubble han demostrado que la GMR resulta más pequeña que nunca: 16 500 kilómetros de diámetro, pero se desconocen las causas de la drástica disminución que se calcula avanza a razón de 1 000 kilómetros al año.

Júpiter permite la vida en el sistema solar

Júpiter es el planeta que rota más deprisa de los objetos que pueblan el sistema solar. Su día es de sólo 9 horas y 55 minutos. Esa rapidez ha provocado que adquiera una forma esferoide con una barriguita o protuberancia en el Ecuador. Pero no todo el planeta gira a la misma velocidad. Al no tratarse de un planeta sólido, provoca que los polos giren cinco minutos más despacio que en el Ecuador. Sin embargo, su año, la órbita alrededor del Sol, le cuesta casi 12 años terrestres.

Muchos astrónomos han señalado la importancia que supone para la existencia de vida en la Tierra que Júpiter se encuentre situado en el centro del sistema solar ya que organiza el baile de los cuerpos más pequeños dentro del sistema como asteroides y cometas, y que por su influencia gravitatoria modifica sus trayectorias evitando que se acerquen a la Tierra.

Los anillos de Júpiter

No tan espectaculares como los anillos de Saturno, úpiter también posee su propio sistema de anillos, aunque en lugar de trozos de hielo parecen formados por partículas de polvo.

La misión Voyager 1 localizó tres en 1979. Asociados a ellos tienen pequeñas lunas, en las que impactan meteoritos que acaban desprendiendo el polvo que forma los anillos