Los milagros de San Martín de Porres

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Los milagros de San Martín de Porres

Retrato de San Martín de Porres en vidriera
Catedral de Iquitos, Perú. AgainErick [GFDL o CC BY-SA 3.0], Wikimedia Commons

San Martín de Porres llevó una vida de sacrificio inspirado por el Jesucristo crucificado. A través de la práctica de la humildad, buscó siempre servir al prójimo. Aunque como muchos otros santos sufrió de problemas de salud, posiblemente debido a sus frecuentes ayunos y total entrega a las necesidades de los demás, sus compañeros de convento y las personas que recibieron sus bendiciones fueron testigos de los múltiples milagros y habilidades espirituales de Fray Martín de Porres.

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La bilocación

San Martín de Porres se hizo famoso por las historias que le atribuían el don de la bilocación, la habilidad de estar en dos lugares geográficos a la misma vez.

Se reportaron apariciones suyas en México, África, China y Japón. Se le vio llegar a consolar o sanar enfermos moribundos a la vez que estaba encerrado en su celda. A San Martín también se le vio entrar y salir de lugares donde las puertas permanecían cerradas. Cuando le preguntaban cómo había entrado y salido sin llave y sin que nadie le abriera, él decía que tenía sus modos de entrar y salir.

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Control sobre la naturaleza

Algunas historias de los milagros de San Martín le atribuyen hacer que las plantas germinaran antes de tiempo. También se dice que sabía comunicarse con los animales y que estos obedecían sus mandatos. En las estampas religiosas se le muestra con un perro, un gato y un ratón que comen de un mismo plato para representar esta habilidad.

Uno de los milagros más populares de San Martín es el de los ratones. Cuando estas criaturas estaban echando a perder la comida almacenada en el convento, Fray Martín le habló a uno que había caído en una trampa, y le dijo que lo dejaría ir, pero que debía decirle a los otros que se fueran al huerto y esperaran por él. Los ratones le obedecieron y esperaron a que él les llevara comida al huerto.

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Don de la curación

San Martín también tuvo el don de la curación. Se le atribuyen la curación de muchos enfermos a punto de morir y una resurrección. Sanaba a los enfermos con la frase: "Yo te medico, Dios te cura". A veces la curación era instantánea y otras se iniciaba el proceso de curación con su presencia ante el enfermo.

Utilizaba en sus remedios una mezcla de tradiciones europeas, indígenas y africanas. Él mismo cultivaba en su huerto las plantas que utilizaba. Sin embargo, sus curaciones no siempre eran "convencionales" sino que también utilizaba métodos simbólicos, como cuando le aplicó un trozo de suela de zapato al brazo de un zapatero para sanarlo de una infección.

San Martín también sanaba mediante la imposición de manos. Cuando el Obispo de La Paz sufría de una grave enfermedad que lo estaba matando, pidió que viniera a verlo Fray Martín. El santo le puso la mano en el pecho y lo sanó.

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La levitación

Según los testimonios de los frailes que vivían con él, San Martín levitaba cuando rezaba con mucha devoción. Cuando estaba en este estado, no veía ni escuchaba. Se dice que el Virrey a veces iba a consultarlo y tenía que esperar a que San Martín saliera del trance.

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La videncia

A San Martín de Porres también se le atribuyeron dones de vidente. Adivinaba lo que los pobres y enfermos necesitaban y les llevaba alimentos, medicinas u objetos que no habían pedido, pero requerían.

Una vez, su hermana Juana tomó a escondidas una suma de dinero de su esposo. Cuando ella se encontró con San Martín, él lo supo inmediatamente y la regañó.

San Martín también podía predecir la vida propia y ajena, incluso el momento de la muerte.

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Milagros después de su muerte

Mientras todavía estaba vivo, se le conoció como un hombre santo. Cuando murió, su cuerpo se expuso para que la gente pudiera verlo. Se dice que su hábito se repartió en pedacitos como reliquia. Estas reliquias y la fe de la gente fueron vehículos de milagros después de la muerte de San Martín.

Debido a que hubo tantos testimonios de milagros, su cuerpo fue exhumado después de 25 años. Lo encontraron intacto y con el olor de perfume que se le atribuye a los santos. Más de un siglo después, San Martín fue canonizado por la Iglesia Católica.