Los hijos se van a la universidad...

Su vida cambia pero también la nuestra

Hay un verano muy especial en la vida de los adolescentes es aquel que precede a su marcha a la universidad. Los chicos y chicas viven esos meses de asueto como una especie de frontera entre la infancia y la edad adulta. Ellos necesitan preparar muchas cosas para su nueva andadura. Pero sus padres y madres también necesitan prepararse porque también para ellos es un momento muy importante para algunos de ellos incluso puede ser tan duro que les provoque problemas psicológicos.

Pero puede evitarse

 

Los niños han crecido

Si para los adolescentes es uno de los momentos más importantes de la vida el de la entrada en la universidad, para sus padres no lo es menos. Van a sentir muchas emociones y es bueno conocerlas para saber cómo convivir con ellas de la mejor manera posible.

 

Momento crucial para los padres

La mayoría de los padres de adolescentes sienten emociones encontradas cuando sus hijos se marchan a la universidad. Algunas comenzarán a sentirlas en los meses previos y otras llegarán cuando los hijos dejen la casa familiar o en las semanas o meses siguientes.

  1. Orgullo. La inmensa mayoría de los padres sienten un gran orgullo cuando los hijos entran en la universidad. Los que también fueron en su juventud porque piensan que sus hijos continúan la tradición y los que no pudieron ir ellos mismos se sienten conmovidos porque sus hijos sí lo han conseguido. Ese orgullo es legítimo y sano y hay que disfrutarlo y compartirlo. Y con los primeros que hay que compartirlo es con los hijos. Es bueno que ellos sepan lo orgullosos que estamos del paso que van a dar.
  1. Miedo. Ese es otro de los sentimientos frecuentes entre los padres de adolescentes que van a la universidad. El primer miedo que tienen es el que nace de la incertidumbre. No es posible saber cómo les va a ir a los chicos o chicas. No es posible saber si se adaptarán bien, si las cosas serán como ellos creen y quieren, si se enfrentarán a problemas… La forma de prepararse para vivir ese miedo es, primero, analizar con el adolescente todos los puntos de su marcha a la universidad, estar seguros de que todo está bien resuelto de antemano: la matrícula en el college o la universidad, el alojamiento, el seguro médico, las posibles becas, el dinero… Si repasamos con nuestro hijo todos estos asuntos, tanto él como nosotros estaremos más seguros y más tranquilos. Y, segundo, es importante que dejemos a nuestros hijos que crezcan. Seguro que se enfrentarán a algunos problemas en su nueva vida. Aunque en la mayoría de las veces serán problemas menores. Pero es muy importante para su crecimiento que sean capaces de resolverlos por sí mismos. Lo que debemos procurar siempre es que los chicos confíen en nosotros si aparecieran problemas más graves.
  1. Soledad. Muchos padres y madres van a sentir un gran sentimiento de soledad cuando los hijos dejen la casa para ir a la universidad. También ese es un sentimiento normal. Nuestro niño ha dejado definitivamente de ser un niño y ya es casi un adulto pero nosotros seguimos viéndolo chico. Él o ella se ha hecho mayor y nosotros hemos dejado de ser padres jóvenes. Por una parte hay que ser consciente de que nuestros hijos van a seguir siéndolo siempre y que siempre van a necesitar nuestro amor pero cada vez necesitarán menos de nuestro tiempo. Así que podemos convertir ese hecho en algo positivo. Una buena idea para los padres y madres de hijos que se van a la universidad es buscar algún hobbie, dedicar algo de tiempo semanal a una actividad nueva. Seguro que existen decenas de cosas que nos hubiera gustado hacer en los años anteriores para las que no hemos tenido tiempo: este es el momento de comenzar a hacerlas. Nuestra vida sigue adelante.
  2. Deseo de saberlo todo. Algunos padres sienten la necesidad de saber todo lo que les ocurre en todo momento a sus hijos cuando comienzan la universidad. Generalmente ocurre solo durante las primeras semanas pero es importante que controlemos el impulso de llamaros continuamente o acercarnos a visitarlos cada fin de semana. Es preferible que establezcamos un par de días para las llamadas cada semana, si todo va bien, y sobre las visitas que sea el adolescente el que nos invite a ir a visitarlo cuando a él o ella le convenga.