Los experimentos de Benjamin Franklin

Franklin descubrió el pararrayos y el ensayo clínico ciego

Benjamin Franklin
Benjamin Franklin. Joseph-Siffrein Duplessis

Benjamin Franklin, nacido en Boston en 1706 y fallecido en Filadelfia en 1790, es uno de los padres fundadores de los Estados Unidos. Desarrolló un importante trabajo político clave para el desarrollo del naciente país pero sin embargo fue también un destacado hombre de ciencia. Sus experimentos en diferentes campos del conocimiento le permitieron realizar numerosos descubrimientos, entre los que destaca la invención del pararrayos y la mejora del control científico de los ensayos clínicos médicos.

Inventor del pararrayos

A Franklin, como a la mayoría de los grandes científicos de la época, le apasionaba el estudio de la electricidad. Descubrió que la corriente eléctrica era un elemento único, para él como un fluido, que se polariza en forma negativa y positiva, lo que propicia el intercambio de la propia corriente. Desde entonces, y gracias a su definición, todas la baterías tienen el signo negativo o positivo en cada uno de sus polos.

Benjamin estaba convencido de que la diferencia de carga provocaba el desarrollo de los rayos. Así, ayudado por una cometa forzó la caída de un rayo durante una tormenta. Este cargó eléctricamente una llave anudada a la punta del hilo de la cometa, lo que confirmó la naturaleza de este fenómeno.

Gracias a este experimento Franklin descubrió que los edificios se podían proteger de los rayos, por entonces culpables de numerosos incendios de viviendas. Instaló encima de su propia casa una punta de hierro, anudada a un cable metálico que descendía hasta el suelo.

Comprobó que la descarga eléctrica atravesaba el invento sin producir ningún daño al edificio. Los primeros pararrayos de la historia fueron colocados, siguiendo sus instrucciones, en la Academia de Filadelfia y en la Casa Estatal de Pennsylvania en 1752.

El primer ensayo ciego de la historia

Uno de los más importantes logros científicos de este padre de la patria es, posiblemente, el más desconocido.

Franklin fue también responsable de uno de los principales avances en los ensayos clínicos, esos experimentos que se realizan para comprobar el nivel de eficacia de los medicamentos y las terapias.

En 1784, cuando Benjamin se encontraba como diplomático estadounidense en París fue llamado por el rey Luis XVI para formar parte de una comisión organizada por la Academia de Ciencias francesa para comprobar la eficacia de un tratamiento basado en la aplicación de la corrientes magnéticas. Los mesmeristas aseguraban que sus pacientes mejoraban cuando recibían una terapia basada en la aplicación de magnetismo.

Los responsables de la comisión, liderada por el inventor estadounidense junto al reconocido químico francés Antoine Lavoisier (1743-1794), decidieron vendar los ojos a los pacientes. Tras asegurarles que habían sido tratados, y pese a no aplicarles ninguna terapia, aseguraron encontrarse mejor. Este estudio está considerado como el primer ensayo a ciegas de la historia y también es el primer ejemplo documentado de efecto placebo: los pacientes sentían mejorar sólo porque creían que habían sido tratados médicamente.

Años antes, él mismo había intentado comprobar la posibilidad del efecto terapéutico de las corrientes eléctricas.

Había aplicado electricidad sobre los miembros paralizados de algunos pacientes, llegando a la aparente conclusión de que las corrientes podrían mejorar la recuperación de la movilidad. Franklin no quedó finalmente convencido con su trabajo y la falta de pruebas le llevó a abandonar la investigación.

La corriente del Golfo

La capacidad de observación de este experimentador le llevaron a realizar un importante avance en relación con la Corriente del Golfo, esa especie de río salado que gracias a su diferente temperatura, recorre el Océano Atlántico. Franklin no fue su descubridor, puesto que ya hablan de ellas los escritos del conquistador español Ponce de León (1474-1521), pero sí la primera persona que realizó un mapa con la localización de este flujo de agua marina.

La gafas bifocales y otros inventos

Benjamin Franklin era un hombre de pensamiento, que publicó numerosas obras, pero también de acción.

Un día, harto de tener que cambiarse de gafas para mirar de lejos y de cerca, decidió partir los cristales de cada una de ellas y unirlas en una sola montura. Había inventado las primeras gafas bifocales de la historia.

Además, los experimentos de Benjamin le permitieron ser el creador de numerosos otros aparatos, como una estufa mejor adaptada para calentar las viviendas o unos guantes de buceo similares a las actuales aletas que se colocan en los pies. Las numerosas aficiones y relaciones le permitieron inventar numerosos aparatos dentro de muy diferentes campos del conocimiento. Así, creó un catéter urinario flexible, influido por la enfermedad renal de su hermano, una armónica de cristal, gracias a su pasión por la música, y uno de los primeros odómetros conocidos, para medir las distancias recorridas por los carromatos.